Debe y Haber, Gustav Freytag

[Solí und Haben]. No­vela de Gustav Freytag (1816-1895), publi­cada en 1855. Novela burguesa escrita en una edad burguesa, expresando el senti­miento de la época, consiguió una enorme popularidad y fue, sin duda, el libro más leído del siglo XIX en alemania, difun­dido también en el extranjero en nume­rosas traducciones. El maestro ideal de Freytag fue Dickens, al que se parece en el dibujo de características figuras secun­darias y en los contrastes dramáticos, aun­que siempre queda inferior al modelo in­glés.

En alemania, recién salida de los entusiasmos liberales y patrióticos del se­gundo cuarto de siglo que, sin renunciar a tales ideales los expresaba en tono más sosegado adaptándose para conseguirlos a un gobierno monárquico, Freytag fue el pri­mero que tomó como tema de su obra la clase social que le parecía más viva, la burguesía, para mostrar «al pueblo alemán en todo su valor, es decir, en el valor del trabajo». Pero junto a Antonio Wohlfart, hijo de un empleadillo, y la empresa Schroeter, donde él trabajaba y hace for­tuna, Freytag introduce el ambiente aris­tocrático representado por el barón von Rothsattel y su familia, y los judíos Itzig y Ehrenthal como contraposición: los unos representantes de la riqueza improductiva, los otros representan a la avidez de la ga­nancia. Las peripecias financieras de Antonio, que se enriquece con el trabajo, y del barón, que, presa de los usureros judíos, se debate en las estrecheces y angustias de un patrimonio en ruina, careciendo de la fuerza necesaria para dominar los aconte­cimientos, y las sombrías maquinaciones de Itzig, que termina con el asesinato de su cómplice Hippus, llenan esta historia.

En una época en que la literatura gustaba de las discusiones políticas en pro y en con­tra del socialismo, Freytag escribió, con su obra Debe y haber, una genuina novela de ambiente. Pero si tras de haberse libe­rado de los temas románticos, logró Freytag superar también la forma romantizante sen­timental y enfática, no supo sin embargo evitar siempre el opuesto peligro y su esti­lo se hace a veces desaliñado y monótono

F. Federici