Novela de Charles Dickens (1812-1870), publicada en 1849-50. Preferido por Dickens a sus demás libros, mezcla circunstancias autobiográficas a la odisea del protagonista, narrada en primera persona. Los primeros capítulos, que son de los mejores del novelista, nos presentan al niño David en compañía de su joven y adorada madre, una criatura dulce, pero débil y vanidosa, y de la extravagante Peggotty, de maneras bruscas, pero llena de tierno afecto. El idilio se rompe con el matrimonio de la joven viuda con míster Murdstone, hombre cruel, encubierto por una máscara de firmeza viril; éste, ayudado por su indigna hermana, es causa del fin prematuro de la ingenua esposa. Las impresiones del niño, que no sabe adaptarse al nuevo ambiente, mudo de terror y sediento de ternura, son tratadas magistralmente por Dickens. El padrastro envía a David a la escuela, donde sufre los malos tratos del tiránico maestro Creakle; concibe desmesurada admiración por el compañero Steerforth, un joven fascinador que más tarde le desilusionará, y la amistad del buen Traddles, el optimista cuyo pasatiempo favorito es dibujar esqueletos.
El padrastro condena después a David a un trabajo servil en el almacén de «Murdstone & Grinby» en Londres, y vive una vida de miseria material y moral — reflejo de la de Dickens muchacho, en la fábrica de crema para zapatos — confortado por la amistad de Mr. Micawber y de su familia. Una de las creaciones inmortales de Dickens es Mr. Micawber, viajante de comercio sin blanca que dramatiza de modo pintoresco las incidencias de su vida. David huye de Londres a Dover, a pie, y llega extenuado a la quinta de su tía Betsy Trotwood (v.), una excéntrica que se había desinteresado de él desde que nació, porque quería una niña en lugar de un muchacho. Huésped de su tía es también un dulce maniaco, el pobre Mr. Dick, que nunca consigue llevar a término un memorándum sobre sus negocios, porque está obsesionado con la cabeza de Carlos I. David continúa su educación en Canterbury, en casa del abogado de miss Trotwood, Mr. Wickfield, cuya sensata y dulce hija Agnes (v.) ejercerá más tarde gran influjo sobre su vida; luego hace prácticas en casa de Mr. Spenlow, del estudio legal Spenlow y Jorkins (pareja que se ha hecho proverbial gracias al sistema de Spenlow de atribuir sus duras acciones al socio, un hombre de paja). David encuentra a Steerforth y lo presenta a la familia de su antigua ama Clara Peggotty; y la serie de desgracias causadas a la pobre familia de pescadores por el desaprensivo compañero de David es, dentro de la novela, otra novela llena de incidentes dramáticos y espectaculares, hasta el naufragio en el que perece el seductor Steerforth junto con el novio de Emiliuca (Little Emily), seducida por él, mientras éste arriesga su vida por salvarle.
David, ciego ante el afecto de Agnes Wickfield, se casa con Dora Spenlow (v.), una bonita cabeza loca, y poco a poco se eleva hasta la fama literaria; el idilio de David con Dora está descrito poéticamente, pero no carece de rasgos de humorismo delicado; después de algunos años, Dora muere, y David, al principio desconsolado, descubre por fin su error en olvidarse de Agnes. El padre de ésta ha caído en las manos de un bribón hipócrita, el factótum Uriah Heep (v.), de rostro cadavérico y manos pegajosas, que administra su patrimonio y aspira a la mano de Agnes. Las malas pasadas de este holgazán melodramático son puestas en claro por Micawber, convertido en su escribiente, y por Traddles, que reaparece como abogado. Todo termina de la mejor manera; Heep es condenado por falsificador y por apropiaciones indebidas; Copperfield se casa con Agnes; Mr. Micawber, liquidadas finalmente sus deudas, se adapta a una vida honorable de magistrado colonial, etc. La novela, considerada justamente como la obra maestra de Dickens, muestra sus méritos (vivacidad de personajes y situaciones) y sus defectos (enredos melodramáticos, sentimentalismo) que se funden en un admirable y complejo cuadro, iluminado por el calor autobiográfico. [Trad. de Carmen Abreu de Peña (Madrid, 1924) y de Rosa Cabrera (Barcelona, 1929)].
M. Praz
Desde el primero hasta el último capítulo es indiscutiblemente una de las obras maestras a las que el tiempo puede sólo añadir un nuevo atractivo y un valor inconcebible. (Swinburne)
Trata de cosas actuales completamente banales, pero con parcialidad agresiva y calurosa. No es que sea realista y novelesca al mismo tiempo, sino que es realista por ser novelesca. La naturaleza humana está descrita en ella con exageración humana. Es la gran respuesta.a los realistas dada por un gran novelista. (Chesterton)

