Dante Vivo, Giovanni Papini

Libro del escritor italiano Giovanni Papini (1881-1956), publicado en 1933. El título es ya expresivo. Papini ha venerado siempre a Dante como a un pa­dre y como a un maestro genial, pero su­jeto a las debilidades humanas. Convertido al Cristianismo, Papini nos da un retrato moral y espiritual del gran poeta, con todo el amor de un artista, de un católico y de un florentino sin alardes de erudito. Dante vive y Papini quiere mostrárnoslo así a todos. El Dante poeta, filósofo, teólogo y profeta es un hombre completo, o lo que es lo mismo un hijo de la tierra, con todas las concupiscencias anejas a la condición humana. No es sólo la encarnación del héroe y del poeta. Estamos acostumbrados a imaginarnos siempre a los genios en «po­se», en actitud estatuaria, y ocurre que los esquemas no resisten la presencia del hombre. Lo corriente es una imagen sobre­humana del autor de la Divina Comedia (v.). Papini nos enseña que los hombres son grandes porque pese a sus debilidades crean algo que sobrepasa el tiempo y todo lo que de relativo encierra éste. El análi­sis profundo de la vida y la obra de Dante nos darán la medida de su alma. Éste es el método que sigue Papini.

Dante fue tra­tado en su vida como un hombre cualquie­ra y fue perseguido por los mediocres. Fra­casó como hombre político y como hombre religioso. No llegó a desempeñar ningún cargo importante, y su Divina Comedia fue admirada sobre todo como poesía y docu­mento histórico. La soledad le acompañó siempre. Perdió pronto a la madre y su padre no podía comprenderlo. Su adorada Beatriz no le hizo ningún caso y se casó con otro. Al morir Beatriz tenía Dante veintiséis años. Después sufrió el destierro. Sus amigos tampoco le comprendían. El amor platónico por Beatriz, del que nació la Vita Nuova (v.), deforma la historia de Dante. Él mismo nos confiesa tener «el ca­mino obstaculizado por la lujuria». En la obra dantesca se encuentran antinomias que no debemos llamar contradicciones. Los dualismos aparentes se resuelven en sín­tesis por obra de su genio. El orgullo del juez de pontífices, guía de emperadores, maestro de los hombres y anunciador de los designios de Dios contrasta fuertemente con su vida sacrificada. A una sensibilidad casi femenina corresponde la gran temeri­dad de sus propósitos, la audacia de sus palabras, la grandiosidad de la concepción, a su sensualidad, su deificación espiritual de la amada. Dante es un genio que re­sume y representa la Edad Media. Pero se puede también hablar de la modernidad de Dante, de su actualidad. Dante, en efecto, entiende que la misión de la Iglesia es mo­ral y espiritual, no política. Espera el ad­venimiento del Espíritu Santo.

Desea la unidad política del mundo. Se le acusa, además, de un excesivo empleo de símbo­los y oscuras alusiones (procedimiento que predomina en la poesía moderna desde Verlaine y Mallarmé a nosotros). Dante ex­presa las verdades teológicas en forma de poema. (Claudel encuentra en el símbolo el medio de expresión ideal para afirmar con vigor su fe católica, y Valéry ha re­marcado al derecho que tiene la poesía de transmitir y traducir los pensamientos com­plicados). Dante es un pueblo heterogéneo. Es a la vez un profeta hebreo, un sacerdote etrusco — por la obsesión de ultratumba -— y un imperialista romano. Reúne, además, la sabiduría oriental, el logos griego, la ca­ritas cristiana y la civilitas romana. Se nu­tre de Antiguo y Nuevo Testamento, y se sirve de tradiciones musulmanas. Venera a Aristóteles y sigue a Santo Tomás. Tiene el corazón platónico agustiniano y la cabe­za aristotelicotomista. Es un cristiano cató­lico enemigo de las herejías, pero conserva un afecto profundo por las filosofías paga­nas. La obra de Dante adquiere una di­mensión universal. Su magia consiste en la necromancia. Los personajes de la Commedia son espectros de muertos evocados con tal fuerza expresiva que aun hoy parecen vivos. Es ante la Trinidad cuando el poeta confiesa su impotencia. La Commedia es el suplemento de la Biblia. Quiere ser el anuncio de una nueva era. Poema en su esencia religioso y moral, difícilmente podrá hacerse cargo de su belleza quien no viva de veras la fe cristiana. Es un poema difícil pero no oscuro. Las dificultades pueden superarse. La oscuridad se debe a la igno­rancia del lector. El poema dantesco es un instrumento de reforma del mundo, un poema demiúrgico que no sólo produce ad­miración. Y este poeta de tan alto vuelo se nos muestra en su Vita Nuova un sensitivo y un sentimental, se enternece.

Beatriz que­da convertida en símbolo en la Divina Co­media — símbolo de la eterna sabiduría con caracteres sobrenaturales — pero, con todo, no ha perdido su concreta personalidad hu­mana. Y este profesor — uno de los pri­meros laicos que dio a comunicar su cul­tura — fue un hombre dominado por la lujuria, la ira y la soberbia. Dante fue un hombre de carne y hueso, no un ángel, y supo dejarnos una gran obra de arte. De la mano de Papini, hemos admirado la com­plejidad de un hombre genial que no por eso dejó de ser hijo de la tierra, «anhelan­te de besos y de sonrisas». El libro termina con la pregunta: ¿Dónde está ahora Dante? Papini no cree que el gran poeta sea me­recedor del «eterno dolore». Y Dante es ya, nuestro hermano. No fue un santo ni un cristiano perfecto, pecó como nosotros y vive todavía a nuestro lado gracias a su arte y también a su compatriota Giovanni Papini. [Trad. cast. de M. V. (Barna., 1941)1.

J. M.a Pandolfi