Corinna o Italia, Madame de Staél

[Corinne ou VItalie]. Novela de Madame de Staél (baronesa Germaine de Staél-Holstein, nacida Necker, 1766-1817), publicada en 1807. Lord Osvald Nervil, enfermo moral y físicamente, em­prende un viaje a Italia durante el invier­no de 1794-1795 para distraerse. En Roma conoce a Corinna (v.), célebre poetisa, du­rante su coronación en el Capitolio y se siente atraído por sus brillantes dotes y su encanto personal. El desarrollo de la si­tuación psicológica está íntimamente ligado a la descripción de Italia. El idilio se per­fila y se intensifica a través de las incur­siones en el reino del arte y del espíritu: los vestigios del pasado, las iglesias, los mo­numentos, los palacios, un baile, una vela­da, son pretexto para disertaciones de Co­rinna sobre los caracteres y las costumbres de los italianos, en literatura, arte, filosofía y en la vida. Mientras tanto, la simpatía se transforma en otro sentimiento más dulce. Osvald querría casarse con Corinna, pero ésta duda; teme los escrúpulos morales de él y las intransigencias del rígido confor­mismo inglés. En el marco encantado de Nápoles y en Venecia, Osvald confiesa su remordimiento por el dolor causado a su padre por un idilio con una mujer indigna de él.

Corinna le revela su origen inglés y cómo, en continua oposición con su madras­tra y con las rígidas conveniencias sociales, fue a Italia para desarrollar sus inclina­ciones artísticas. Desde aquí se inicia, una vez acabada la parte descriptiva, el verda­dero análisis psicológico de las dos almas atormentadas. Osvald, reclamado por su re­gimiento, vuelve a Inglaterra con el deseo de reconciliar a Corinna con su familia y, en cierto modo, de rehabilitarla a los ojos del mundo. Pero, dominado por el clima moral de su país y lejos del encanto de la amada, se deja vencer de nuevo por los sentimientos habituales, por el respeto a las conveniencias, por los prejuicios sociales y cede a las necesidades prácticas de la vida casándose con Lucila, hermanastra de Corinna. Ésta, ignorante de todo, va a reunirse con Osvald en Escocia, pero al enterarse de la próxima boda sacrifica a los novios su pasión. Vuelve a Italia, a Florencia, y aún para Osvald recita su último canto an­tes de extinguirse entre los brazos de Lu­cila y de Osvald, que acude a su lado. La novela Corinna, originada por un viaje a Italia y por una amistad amorosa de la Staél con el joven/ diplomático Pedro de Souza Holstein, fue para toda una genera­ción romántica el libro del ideal y del amor.

Es la resultante de dos partes totalmente distintas. Una, si bien exuberante de ra­zonamientos y de descripciones, tuvo el mérito de revelar Italia a los franceses en el momento en que las conquistas napoleó­nicas favorecían su afluencia a Italia. A pe­sar de que la opinión de Corinna fuese muy a menudo superficial y equivocada, hasta el punto de provocar la indignación de Fóscolo, no obstante dio de Italia una imagen que no era tan sólo la melancolía de las ruinas y la grandeza del pasado, sino tam­bién la poesía de un pueblo, cuyas fuerzas latentes intuyó con admirable sagacidad. La otra parte insiste, en una atmósfera de elevación casi religiosa, en el concepto ya expuesto en Delphine (v.): el sacrificio de la mujer enamorada, víctima hasta la muerte de las leyes de la sociedad, a pesar de ser muy superior a ellas por su generosidad y por su genio; la eterna oposición entre la pasión y el deber que, perdido el justo ca­mino, queda prisionero de los escrúpulos convencionales.

A. M. Speckel

Madame de Staél no tiene ni el más mí­nimo sentido de lo que nosotros llamamos poesía; de las obras de poesía hace suyo solamente lo que en ellas hay de pasional, de oratorio, de ideas generales. (Schiller)

No tiene temperamento de artista. Su imaginación es sentimental, no estética. De ahí deriva su incapacidad para transformar sus emociones propias en materia artística, para realizarlas directamente en una for­ma expresiva. (Lanson)