Como, John Milton

[Comus]. Drama pastoril de John Milton (1608-1674), del género en boga en el teatro inglés del Renacimiento llamado «masque», entretenimiento escénico con dan­zas, músicas y disfraces, para las clases al­tas o de corte y que desde la época de En­rique VIII se introdujo en Inglaterra, sobre modelos italianos, y llegó a su máximo des­arrollo con Ben Jonson durante el reinado de Jacobo I. Fue representado en la noche de San Miguel (29 de septiembre de 1634) en Ludlow Castle en ocasión de la toma de posesión del conde de Bridgewater, protec­tor de Milton, como Lord Presidente de Ga­les. Los tres hijos del conde, una hembra y dos varones, tomaron parte como actores; la partitura fue compuesta por el célebre mú­sico Harry Lawes. El Comus fue publicado luego en 1637 y fue ésta la primera obra impresa dé Milton, exceptuando los pocos versos editados antes por Shakespeare. Como es una divinidad mitológica que presidía los banquetes, pero aquí Milton le hace ser un mago hijo de Circe y de Baco, habitante de una selva de Gales, junto con una turba de gente viciosa y criminal; por medio de unos filtros encantados y de una vara, trans­forma en animales a los viandantes que se pierden. Una muchacha (Milton pudo muy bien inspirarse en el hecho real de que la hija del conde Bridgewater se perdiese en el bosque) acompañada por sus dos herma­nos, es dejada sola bajo un árbol mientras éstos van a buscar fruta. Pero se hace de noche y la joven se pierde. Los dos herma­nos se ponen a buscarla preocupados; y mientras tanto, discuten entre ellos: el ma­yor ensalza la virtud y la castidad, el menor se muestra algo escéptico.

El Espíritu vi­gilante, que se ha dado cuenta de que la muchacha se ha extraviado, advierte a los jóvenes del peligro que la amenazaría en caso de encontrar a Como, y les da una hierba con la cual podrán vencer al mago y a sus monstruos. Mientras tanto, Como ha sorprendido a la joven, y con la promesa de conducirla al buen camino, la invita a aceptar la hospitalidad de su pobre cabaña. Pero la lleva a su palacio encantado, sede de la orgía y de la impudicia, donde sus compañeros celebran un banquete. La joven está a punto de beber la fatal poción que Como le ofrece, pero llegan los hermanes y la diabólica corte queda destruida; éstos, sin embargo, se han olvidado de apresar al mago y quitarle la varita mágica: la pobre muchacha permanece como petrificada en la silla donde la ha inmovilizado Como. El Espíritu vigilante recurre a la ayuda de la buena maga Sabrina, que se presenta con un gentil acompañamiento de ninfas, y el encanto queda deshecho. El drama termina con la exaltación de las puras alegrías de la castidad que tendrá en el cielo su recom­pensa. Como es una obra de juventud y pre­senta marcadas huellas, además de Sha­kespeare, de Spenser y de Jonson, de la profunda influencia que sobre Milton ejer­cieron las ideas y los autores del Renacimiento italiano y las doctrinas neoplatónicas dé los florentinos: esto explica la unión de un notable efecto espectacular con un gran sentido filosófico y religioso. Spenser y su platonismo informan gran parte del espíritu de este drama que, por lo demás, tiene conexión con una obra latina del hu­manista Ericio Puteano titulada también Comus. Por otra parte nos hace pensar en las Bacantes (v.) de Eurípides, el prólogo, la esticomitia y el uso de la ironía. El Co­mo ha sido considerada una obra viva, apta incluso para la escena moderna; durante el siglo XIX fue representada numerosas veces y por actores célebres. Una de las últimas representaciones tuvo lugar en 1936, en el Regent’s Park de Londres.

E. Allodoli

Es posible encontrar momentos de pesadez, y rarezas, expresiones forzadas, heredadas de la poesía precedente, y una disputa filo­sófica que se resiente de un razonamiento demasiado tenso. Pero estos errores se bo­rran para el que consigue captar el espec­táculo de conjunto, el espectáculo de un Renacimiento alegre, lleno de una austera filosofía, de una idea sublime, adorada sobre un altar de flores. (Taine)