Cantos de Burns

[Songs]. Son breves poesías que el gran poeta aldeano escocés Robert Burns (1759-1796) solía componer so­bre música de viejas canciones y que luego enviaba a diversas festividades poético musicales o a recopiladores de cantos escoce­ses. Encontramos baladas, coplillas con coro, cantos fúnebres y odas que no pasaban de los diez versos. Muchos llevan la indica­ción de la canción antigua con cuya melo­día han de cantarse, muchísimas se han hecho populares. En conjunto representan la obra más perfecta de Burns desde el punto de vista del puro lirismo. Los argumentos son dispares entre sí: desde los cantos de guerra como la famosa arenga de Robert Bruce a su ejército antes del encuentro con los ingleses [«Robert Bruce’s March to Bannockburn»], hasta las más tiernas efu­siones amorosas; desde algunos desenfre­nados cantos báquicos hasta poesías de una delicadeza extrema, como la balada «A Ma­ría en el cielo» [«To Mary in Heaven»], compuesta por Burns durante una velada de septiembre de 1789, en el aniversario de la muerte de Mary Campbell, su pri­mer amor: cuando se ha amado verdade­ramente, el tiempo sólo sirve para hacer la cicatriz más profunda, como el río ex­cava cada vez más profundamente su lecho. No falta tampoco la nota trágica del amor rechazado; pero es muy rara. En estos Cantos las muchachas son todas ellas be­llas, traviesas o sentimentales, pero incapa­ces de torturar el corazón de los jovencitos. A lo más son todavía demasiado jóvenes para el amor, como en la graciosa poe­sía: «Mi amor es sólo una niña» [«My Love she’s but a Lassie yet»].

A menudo el tema es sugerido por un río, en cuyas ori­llas amó Burns, como en el canto a las orillas escocesas del bello Doon («Ye banks and braes o’bonie Doon»), o por una fiesta, por la vuelta de la primavera, o la visión de la luna que platea los prados. Ahora es la separación de la mujer amada lo que le hace lamentarse (« ¡Qué larga y triste es la noche! / Alejado de mi amada / Yazgo insomne de la noche a la mañana, / Y con todo nunca he estado tan cansado»), o la lejanía de un amigo con quien ha pasado tantas horas felices de la infancia, como en la poesía de los días del tiempo pasado («Auld Lang Syne»), la cual, con «John Anderson, my jo, John», es la más conocida canción escocesa. Ahora en cambio es el momento mismo de la separación el que hiere al poeta, como en el patético «Un cá­lido beso y luego nos separamos» [«Ae fond kiss, and then we sever»]. Toda el alma de Escocia, a través del alma de su mayor poeta, parece vibrar en cada una de estas breves composiciones. Pocas veces el arte; se ha aproximado tanto a la sencilla alma del pueblo, tratando los temas más vulgares de la vida diaria, sin perder por ello nada de su belleza. Y pocas veces la poesía ha estado tan próxima de la música, aun lle­vando consigo tal abundancia de imágenes visuales y tanto relieve de cosas concretas. [Trad. parcial en el volumen Robert Burns. Selección, traducción y prólogo de Isabel Abelló y Tomás Lamarca (Barcelona, 1940)].

L. Spaventa Filippi

El pathos de su poesía está dado por una maravillosa claridad representativa, com­binada con un sentido de conmovido domi­nio, en una especie de lúcida compasión la­cónica. (E. Cecchi)