Cantos de Botev

[Pésni]. Comprenden toda la obra poética de Cristo Botev (1848- 1876), el poeta-héroe del Renacimiento búl­garo, caído en vísperas de la liberación na­cional del yugo turco, a los veintiocho años. La producción poética de Botev es bastante limitada y se agota en estos veinte Cantos, que bastan sin embargo para revelar en él al primer gran representante de la poesía nacional búlgara. Aparecidos esporádica­mente, fueron escritos entre 1868 y 1875. En los Cantos se reflejan la vida vivida y los estremecimientos del héroe. Natura­leza impulsiva, romántica y soñadora, re­cuerda, en la entonación lírica de sus poe­sías, a los románticos rusos, que había leído, Pushkin y Lermontov y sobre todo Byron, que vivió y murió, cual Botev, por un ideal de libertad. «Libertad y muerte he­roica» son las «dos palabras sagradas» que se convierten en su divisa de combate, la bandera por la que sacrificará la vida, contento con sólo este premio: que «…un día al menos la gente pueda decir: / El pobrecito murió por la justicia, / ¡por la justicia y por la libertad!» («Despedida»). Libertad en toda la acepción del término: libertad de la persona, libertad de la na­ción, libertad del pueblo, libertad de todo el género humano. Botev — afirma uno de los mejores críticos búlgaros, Bójan Penev — es «el poeta de la libertad». Partidario de la libertad búlgara contra los turcos («hajdüt»), exalta las empresas atrevidas de sus compañeros que inspiran uno de sus can­tos, que ha quedado incompleto: el canto orgulloso del voivoda cavdár: «Hajduts, padre e hijo». Nuevo Prometeo, como el Conrado de Mickiewicz (v. Konrad Wallenrod), lanza también su grito de protesta y de rebelión al cielo, a Dios que deja al hombre «esclavo sobre la tierra» que protege a «patriarcas, papas y zares» y abandona en la servidumbre a «sus humildes hermanos», invocando desde el fondo de su alma exa­cerbada al «…Dios de razón / de esclavos y sufrientes / defensor, que muy pronto / festejarán las gentes…».

Así pues, una fe anima a Botev en su grito de insurrección, en su desdén contra el propio clero inicuo y corrompido, niega el «Dios de los tiranos» pero cree en un Dios de bondad e in­voca a ese Dios para que inspire a todos «de la libertad el amor, / para que cada uno combata / como pueda al opresor…» («Mi plegaria»). La muerte aparece en más de uno de sus cantos: «Sé que puedo mo­rir joven», canta en la «Despedida», y exhorta virilmente a su madre a que no llore, si cae por la gran causa. Su presenti­miento precisa en algún momento las cir­cunstancias de su muerte, casi en visión profética: «…puedo morir joven, el blanco y quieto / Danubio atravesando…». Pero el héroe, aun dispuesto a morir, no renuncia”a priori“a la vida. No excluye que, de la lucha, pueda salir sano y vencedor: «… ¡oh, entonces, madre heroica! / ¡oh, amor que­rido y hermoso! / Salid al aire libre / y coged las más bellas flores del jardín» («Despedida»). Por otra parte son frecuen­tes los momentos de desconsuelo y deses­peración, que le dictan incluso acentos de amargo sarcasmo y de furor contra los tris­tes que oprimen y contra los mismos opri­midos que no saben rebelarse («A mi her­mano», «En la taberna», «A mi madre»). El poeta rehúye incluso el amor porque siente que no hay lugar para él en su alma hasta haber conseguido la gran meta («A mi primer amor»). La única excepción en toda su obra poética es el canto «A ella», en el que evoca un trivial episodio de amor sen­sual por una mujer casada, pasado eviden­temente sin dejar huellas en su breve exis­tencia. En cuanto a la forma poética, la gran variedad de versos, de metros y de rimas a los que recurre el poeta son indicio de la exuberante fuerza de su natural ingenio poético. En su mayoría los cantos de Botev están rimados y la misma disposición de las rimas es variada y de tarde en tarde caprichosa. Algunas poesías y quizás las me­jores («Despedida», «Hajduts») recogen, en el verso y el estilo, las características de los cantos populares: es decir, que son octo­sílabos carentes de rima, con frecuentes repeticiones, al principio del verso, del úl­timo término, expresado en el verso ante­rior. Los versos de Botev presentan tam­bién de tarde en tarde inevitables defectos, imperfecciones, arbitrariedades de formas métricas o de rima, uso y abuso de rimas imperfectas; pero si todo ello puede algu­na vez perjudicar la limpieza técnica del verso, no queda por ello disminuida, sino quizás resulta aumentada, la fuerza de ex­presión, la lozanía y la espontaneidad del sentimiento.

E. Damiani