Los trovadores provenzales, de los cuales han llegado hasta nosotros las obras, o cuando menos sus hombres, son aproximadamente unos 470. De ellos diecisiete son mujeres, y entre ellas ocupa lugar preeminente Beatriz, condesa de Dia, la que fue amada por Raimbaut, conde de Orange y notable trovador del siglo XII (v. Versos). De ella han llegado hasta nosotros cinco poesías (cuatro canciones y un debate con Raimbaut), de tono y forma bien distintos a los que presenta la obra del señor de Orange. Partidario del «trovar clus». Raimbaut, poeta hermético y exasperado buscador de expresiones sabias y depuradísimas, y, a menudo del virtuosismo técnico, hasta casi no ser más que eso; sincera y conmovedora, Beatriz, que traduce generalmente su mundo con simplicidad y sin preocupaciones formalísticas. Cierto que también Beatriz emplea alguna que otra vez los depurados medios expresivos de la tradición trovadoresca, pero en general su obra se encuentra animada por un intenso fervor sentimental.
En las canciones de Beatriz se encuentran las formas y los temas propios del amor cortés: el amor, principio de virtud, y el amante y el objeto amado que consiguen un ideal supremo de perfección; la alegría del amor turbado por «meditants laurengiers», y la embriaguez del amor correspondido y la amargura de la felicidad perdida, cuando se consume el corazón del amante y se extingue y se agota, están expuestos con acentos de vez en cuando dulces y voluptuosos, amargos y conmovedores: «mi gentil amigo, mi dulce amor, ¿por qué tan duro y cruel sois para mí? ¿Por qué tan dulce sois con los demás y para mí tan duro os mostráis? ¿Olvidasteis ya el comienzo de nuestro amor?…» En la obra de Beatriz se percibe la realidad de una pasión vivida, y en ella oímos la voz — aunque sea débil y suave— de un poeta.
A. Viscardi

