Breviario de Amor, Matfré Ermengaut, de Béziers

[Breviari d’amor]. Amplia recopilación provenzal en 34.000 versos, que trata del amor; compuesta por Matfré Ermengaut, de Béziers (m. aproxi­madamente en 1322), franciscano. En la In­troducción, se hace la exposición mística de lo que el autor llama «Arbol de amor», en la parte superior del cual está colocado «Dios», fuente de todo bien; debajo de Él, la «naturaleza» establecida por Dios para regir a todas las criaturas. De la naturale­za descienden el «derecho natural» y el «derecho de gentes»; el primero inspira tanto a los hombres como a las bestias el «amor físico» y el «amor a la prole»; el se­gundo es propio solamente del hombre y de él nacen el «amor de Dios y del pró­jimo» y el «amor a los bienes temporales». En correspondencia con estas distinciones, están los «tratados» de los que resulta el Breviario. El primero es el «Tratado de Dios y de la creación»; segundo, el «Tra­tado de la naturaleza» (en el que se habla de las distintas criaturas: ángeles, demo­nios, cielo, tierra, tiempo, hombre); ter­cero, el «Tratado del derecho de naturale­za»; cuarto, el «Tratado del derecho de gentes» (en el que se discurre sobre las dos especies de amor que de él derivan); quin­to, el «Tratado del amor físico».

Y es éste — titulado «Perilhos tractat d’amor de donas» — el más interesante: porque en él Matfré Ermengaut expone la «doctrina tro­vadoresca del amor» (v. Versos de Guiller­mo IX), citando extensamente piezas de trovadores, en confirmación de las distintas proposiciones formuladas una tras otra. Las citas son 277. El tratado es la exaltación del «amor sutil y veraz», de las nociones cor­teses, y una refutación de los argumentos de los trovadores que del amor «han ha­blado mal», como Marcabrú (v. Versos de Marcabrú). En el amor está la fuente de toda veracidad y las penas del amor están siempre largamente compensadas por los placeres que procura. Matfré, en fin, da sus consejos a las mujeres y a los aman­tes. Sugiere a las mujeres que tengan bue­nos modales, vayan bien adornadas, sean alegres y corteses, dulces, complacientes y reservadas: pero francas con los amantes groseros y descorteses. Deben, las muje­res, escoger un amante que sea sabio, va­leroso, cortés, complaciente, discreto, leal y que sepa guardar un secreto; sin preocuparse de que sea rico o pobre, con tal de que no sea villano. A los amantes aconse­ja que pongan su amor en una mujer buena, hermosa, de prendas y digna de él; y amarla con todo el corazón, lealmente, sin espe­rar de ella nada que pueda perjudicar su fama; y custodiar, más aún que su propia honra, la de la amiga.

A. Viscardi