Billy Budd, Gaviero, Hermán Melville

[Billy Budd, Foretopman]. Relato del norteamericano Herman Melville (1819-1891), publicado póstumo en 1891 y escrito pocos meses antes de su muerte. Es una historia marinera en la que los personajes adquieren el valor de símbolos; pero no son sólo símbolos, como dice algún crítico (Lewis Mumford), y por lo tanto al atractivo moral se une el de una narración dramática. Incluso las digresiones, tan corrientes en la obra de Melville, son poquísimas y breves. El asunto corre direc­tamente hacia su trágico final. Se sirve de la pureza de Billy Budd, alma sencilla de marinero de veintiún años, y hace de él el símbolo de la bondad natural. Se dieron varias y atrevidas interpretaciones de esta obra, buscando, como en otras de Melville, valores alegóricos hasta el absurdo. Pero es suficiente interpretar el relato como una de las flores más bellas nacidas del rigorismo puritano de América, y la más retrasada; y disfrutarlo sobre todo como un asunto humano. Billy Budd es llevado a la fuerza a bordo del barco mercante «Los Derechos del Hombre» con destino a la marina de guerra inglesa.

Estamos en 1797, el año de los motines, durante el cual el mayor ri­gor era necesario para evitar las revueltas que se incubaban en las tripulaciones. Her­moso, casi personificación de la inocencia, Budd es odiado por el maestro de armas Claggart, maniático de la disciplina y que representa el mal como Budd representa el bien a bordo del «Indómito». Claggart hace todo lo posible para agriar la vida de Budd, se sirve de planes diabólicos y, en su odio sin razón, trata de inducirle a amotinarse. Budd, ingenuo, no se da cuenta de la per­versidad de Claggart, que acaba acusando al joven ante el capitán Vere, excelente co­mandante, símbolo de la rectitud y de la honradez. Al final del interrogatorio, al que contesta balbuceando, como le sucede siem­pre que se encuentra en situación embara­zosa, el capitán Vere trata paternalmente a Budd; pero el interrogatorio termina trá­gicamente: Budd, de un puñetazo, mata a Claggart. No es verdaderamente culpable, pero hay que condenarle a muerte, incluso para dar ejemplo y mantener la disciplina. Y muere ahorcado, gritando: «Dios ben­diga al capitán Vere». En la densa narra­ción, todo se explica con el más exacto razonamiento. Y esta última obra de Melvi­lle es un verdadero ejemplo de las posibili­dades del gran escritor americano.

A. Camerino