Barrabas, Par Lagerkvist

Novela del gran escritor sue­co Par Lagerkvist (n. en 1891), publicada en 1950. Hasta el momento de la publica­ción de esta novela el autor era práctica­mente desconocido en la Europa occidental. Pero la novela que nos ocupa fue traducida inmediatamente al francés con una carta- prólogo de André Gide. A partir de este momento Lagerkvist ha pasado a ocupar uno de los primeros puestos del mundo li­terario.

El protagonista de esta obra es el personaje evangélico Barrabás. Ya en el primer párrafo de la novela, el autor desplaza la atención de lo que está ocurriendo en la cima del Gólgota y la fija en el hom­bre que, un poco apartado de la multitud, desde la pendiente de la montaña, estaba contemplando el drama de la Crucifixión. Este hombre, librado hacía poco de la muer­te por un raro azar que no comprendía, esta­ba contemplando a aquel otro que moría en su lugar. Éste era Barrabás. El proble­ma de la fe y de la duda se agrava en un hombre por el que otro, que dicen ser Dios, ha muerto por él, pero no en el sentido de extensión que para todos tiene la muer­te de Cristo, sino que ha muerto material­mente en su lugar. Éste es el drama del alma de Barrabás y el problema esencial de la novela. Lagerkvist ha convertido en tema novelesco las consecuencias que para este hombre que vivía al margen tiene el hecho de que le hagan intervenir por fuer­za, de que, aunque él no quiera, la con­ciencia social e histórica de los cristianos le convierta en un culpable. Muy pronto su alegría de ser libertado es ensombrecida por la conciencia de que han matado a un inocente. La figura de Cristo obsesiona ya desde un principio a Barrabás, que le sigue hasta el Gólgota, le oye pronunciar sus úl­timas palabras y ve cómo a su muerte la tierra se estremece. Inquiere sobre su vida, sus milagros y su doctrina.

Informado por uno de los discípulos de la anunciada Resu­rrección, está durante toda la noche al ace­cho, pero no consigue ver nada. La lucha interior está ya planteada desde un prin­cipio en el alma de Barrabás, la lucha tre­menda entre la incredulidad y el deseo de fe. Esta lucha es lo que le ha llevado a in­quirir sobre la vida de aquel hombre, a esperar durante horas la anunciada Resu­rrección, a preguntar a Lázaro, el resuci­tado, a colaborar, por fin, en el incendio de Roma, que cree obra de los cristianos, siempre en busca de algo sensible, de un hecho convincente en el que pueda apoyar su fe y vencer su incredulidad. El proble­ma de Barrabás, en el orden que lo ha planteado Lagerkvist, es el problema de todo cristiano. Sin la fe, es inútil todo, aunque se haya presenciado ocularmente el espectáculo de la Redención, aunque haya sido uno el librado de la muerte por el mismo Cristo. El misterio de la divinidad de aquel hombre sublime, puede ser proble­ma tanto para Barrabás, como para un cris­tiano del siglo XX. Barrabás se siente ya para siempre atado a Cristo, y a partir de entonces, su papel dentro del cristianismo naciente es el mismo que tuvo que desarro­llar durante los días de la Redención. Así, cuando más tarde, convertido en esclavo, cuenta a otro esclavo compañero suyo, a Sahak, el relato de la Pasión, el corazón de éste se inflama de fe y de amor hacia Cris­to. Iniciadas las persecuciones, Barrabás afirma no ser cristiano, y esto le libra de la muerte. Ya en Roma, es apresado y en­carcelado junto con los cristianos. Pero éstos le acusan no sólo de que Cristo murió en su lugar sino de que renegó del cristia­nismo para librarse de la muerte. Barrabás siente en su conciencia el peso de unas culpas gravísimas que jamás cometió. Siente la soledad, el desprecio, el tormento del pe­cado y un afán de tener fe y creer en aquel hombre que murió en su lugar.

En un último intento de ganar el amor de los cristianos, Barrabás se entrega como un loco a pegar fuego a la ciudad de Roma porque cree que son los cristianos los que han promovido el incendio y poderse ganar así su amor y también porque cree que es la hora de la verdad y del triunfo definitivo de aquél que murió en la cruz. Pero Barrabás es apresado, lo que constituye un argu­mento de culpabilidad tanto para César como para los cristianos. Así es condenado a la cruz junto con los cristianos encarce­lados y él acepta su muerte como única solución a su lucha, como única posibilidad de desentrañar la terrible duda y el miste­rio que le ha atormentado desde el día en que fue puesto en libertad. Así «cuando sintió llegar la muerte que tanto había te­mido siempre, dijo a las tinieblas, como si se dirigiera a la noche: —A ti enco­miendo mi espíritu—. Y entregó su espíritu». Barrabás es el cristiano a la fuerza, el que sin saberlo y sin fe se ve obligado a inter­venir en la Redención, y ya toda su vida se ve obligado a sufrir por ella. La Pasión de Cristo es vista de esta forma como algo que no se puede huir. Lo genial de esta novela es plantear el problema de la fe precisamente en el caso ejemplar del hom­bre sobre el que más esta Redención debía verterse y aplicarse de forma más direc­ta, pues fue comprado cuerpo a cuer­po por el propio Cristo. La crítica ha in­sistido mucho en ver en la obra el proble­ma del hombre que no se redime, del hom­bre que conoce a Dios y no cree en Él. In­mediatamente ante esta obra se plantea la pregunta: ¿es que la Redención no es uni­versal? La respuesta a este problema está, creemos, en que el problema está enfocado desde el punto de vista de la predestinación protestante. Ahora bien, ¿está resuelto? La solución que propone Lagerkvist perjudica tanto a la concepción de la predestinación como a la de la salvación por la libertad individual. En el fondo quizás Barrabás se salve, por el mérito de su lucha y de la gran tragedia que gravita sobre su per­sona.

A. Comas