Arcadia, Jacopo Sannazaro

Novela pastoril del humanista napolitano Jacopo Sannazaro (1456 – 1530 aproximadamente), escrita con seguridad en su mayor parte entre 1480 y 1485, publi­cada en numerosas ediciones durante todo el siglo XVI, empezando por la «príncipe» de 1504. El texto definitivo consta de doce prosas y doce églogas de metro variado. La educación literaria hecha sobre los clásicos, que deja imaginar la escena en Arcadia, monstruosa y solitaria región de Grecia, como refugio del mundo y vuelta a la na­turaleza (recuérdese el episodio del arcadio Evandro, v., en la Eneida de Virgilio), transforma el lenguaje vulgar en finísimo y modulado, y lleno de blandas cadencias. Esto explica el éxito de la obra, tanto por las bellezas formales como por el anhelo de un mundo de paz que respondía a las exi­gencias ideales del Renacimiento; pero tam­bién indica la escasa vitalidad del conjunto.

A la Arcadia (llamada así originariamente por Arcadio, hijo de Júpiter y de la ninfa Calixto) llega Sincero (el propio autor), buscando consuelo a su amor juvenil por la muchacha Carmosina Bonifacio, que era pariente de su familia. Aquí toma parte en la vida bella y serena de los pastores arcadios entre juegos, justas poéticas y lan­ces de amor; y cuenta a toda la naturaleza su tristeza. Luego por grutas y antros, don­de ve brotar los ríos y las lavas del Etna (con evidente inspiración en un episodio de las Geórgicas, v., virgilianas), llega a orillas del patrio Sebeto y en Nápoles se entera de la muerte de la amada. La obra es, más que otra cosa, una sucesión de des­cripciones y escenas: el influjo de los clási­cos latinos e italianos se advierte casi en cada página, pero, sobre todo en el conjun­to, genera originalmente una atmósfera idí­lica y suspirante por un hermoso mundo que ya no existe. En el sueño de un clasi­cismo restaurado, la misma lengua, ya no «vulgar» ni «toscana», vive una vida es­pléndida y rica y actualiza en ella, aunque sea en forma ficticia, la fusión entre la lengua vulgar y la lengua culta que será proclamada en las Prosas sobre la lengua vulgar (v.) de Pietro Bembo.

En la Arcadia el mundo del humanismo reacciona incons­cientemente contra sus premisas heroicas para buscar refugio en una esfera de paz, lejos de la historia, bajo la única ley de una belleza natural que no es más que sen­sualidad refinada. Y en este preciosismo decorativo, el libro, que debía dar en toda Europa comienzo oficial a la literatura pas­toril, preludia ya el Barroco. Su vida está en la melancolía nostálgica, y en su sentido de cuidada evasión que impulsa al protago­nista fuera de la lucha y que encontrará en la Jerusalén de Tasso su expresión dramá­tica. [La primera traducción castellana de la Arcadia de Sannazaro en prosa y verso, fue obra del canónigo Diego López de To­ledo, del capitán Diego de Salazar que tra­dujo fragmentos en verso, y del racionero de la Catedral toledana Blasco de Garay, el cual revisó el texto y retocó los versos, Se publicó en Toledo (1547) y fue reimpre­sa en 1549 y 1578. Además de la citada se conservan dos traducciones inéditas de Juan Sedeño y de Jerónimo de Urrea.]

C. Cordié

Pese a que Sannazaro nos ha dado otro Virgilio, todos se contentan con el Virgilio que ya había antes. (Leopardi)

*    El gusto y el estilo de Sannazaro influ­yeron también en La Arcadia [The Arca­dia], novela pastoril en prosa con versos intercalados (sonetos y una égloga pasto­ril al final de cada libro) de Sir Philip Sidney (1554-1586), empezada a escribir, evi­dentemente, en 1578 y acabada en 1580 du­rante el período en el cual Sidney, en des­gracia con la reina, se había retirado a Wilton, junto a su hermana, la condesa de Pembroke. Luego Sidney revisó la obra y refundió la historia, demasiado lineal, de la primera versión, sobre una trama com­plicada sacada de Heliodoro, interrumpien­do el argumento central con relatos acce­sorios al estilo español (v. Diana, de Monte- mayor). Esta segunda versión fue publica­da en 1590; en 1593 la hermana de Sidney reeditó la obra reproduciendo en parte el texto de la primera versión (por lo que existen tres versiones distintas de la obra). Sus prototipos han de buscarse en Boccac­cio y en Sannazaro, pero es muy fuerte la influencia de la novela alejandrina. El asunto se desarrolla en la Arcadia ideal, cuyo rey Basilio, debido a la respuesta de un oráculo, se ha retirado a la vida cam­pestre y educa como pastorcillas a sus hi­jas Pamela y Filoclea. Dos príncipes náu­fragos, Pirocles y Musidoro, llegan a la re­gión, y tras extrañas aventuras y terribles luchas, se casan con las dos hermanas.

La intriga se complica con el disfraz de Piro­cles bajo tocas femeninas en el papel de Zelmana; se encapricha de la presunta don­cella Basilio, mientras Filoclea y la mujer de Basilio, Ginecia, sin dejarse engañar por el disfraz, se enamoran del hombre. En la obra abundan pensamientos morales y políticos, observaciones personales. El estilo está recargado de incisos y paréntesis, con la intención de hacer más sutil el análisis psicológico, que tiene rasgos verdaderamen­te notables. Sutilezas alejandrinas y petrarquescas perjudican, sin embargo, la econo­mía de la narración; a menudo Sidney, en lugar de resultar complejo, resulta hincha­do, abusando de los conceptos de tipo ya seiscentesco. Uno de los sonetos, que con­tiene el elogio burlesco de Mopsa, imita el famoso de Berni: «Chiome d’argento fine, irte, ed attorte» [«Cabelleras de plata fina, hirsutas y enredadas»]. También se cita el primer verso del soneto: «My true love hath my heart and I have his» [«Mi fiel amor tiene mi corazón y yo tengo el suyo»].

M. Praz

*    Lope de Vega (1562-1635) escribió una novela pastoril titulada Arcadia. La obra apareció en 1598, pero fue escrita desde 1590 hasta 1596, durante la estancia del poeta en la corte del duque de Alba; a la vida agradable y ligera que se desarrollaba a su alrededor está dirigida la evidente ale­goría de la Arcadia. La novela, escrita en prosa, intercala admirables poesías. Basada en ella, está la comedia del propio Lope del mismo título y asunto, cuyo protagonis­ta, Anfriso, es también el duque de Alba, y los demás personajes se refieren a seres y hechos reales. Es notable en la comedia un pasaje imitado de Dafnis y Cloe (v.) de Longo, el que narra como un pastor toma el disfraz de lobo para sorprender a una pastora, y es víctima de los perros del ga­nado. El argumento, repleto de intrigas, es el siguiente: los pastores Anfriso y Belisarda se aman apasionadamente, y el padre de la moza, Ergasto, sin consultarla a ella, decide casarla con Salicio. Padre y prome­tido se encaminan hacia el templo de Ve­nus, para hacer las ofrendas del compro­miso, mientras los enamorados, ciegos de desesperación, se hacen mutuas protestas de muerte si se lleva a efecto semejante boda.

El rústico Cardenio, compadecido de tanta desdicha, toma la resolución de esconderse detrás de la diosa Venus y hablar como si fuera ella cuando se encuentran todos de­lante del altar de los sacrificios. Anuncia, nada menos, que el que se case con Belisarda morirá a los tres días justos de la boda. Salicio, prudente, se retira de su intento matrimonial; Belisarda, que estaba dispuesta a envenenarse por no ser suya, suspende su tremenda decisión, y Anfriso se las promete felices a pesar de la amena­za. Mas, he aquí que la pastora Anarda, enamorada de Anfriso, se las está arreglan­do para intrigar de manera que los enamo­rados nunca lleguen a su felicidad. Ahora, un apuesto mozo llamado Olimpo que vino a las bodas de Salicio, se enamora de Be­lisarda y sin temor a la amenaza de Venus quiere casarse con ella. Los celos hacen su dramática aparición, y, por cierto, hay un hermoso soneto donde se ponen de ma­nifiesto con gran belleza. Olimpo y Anarda pretenden, cada cual a su manera, conquis­tar a Anfriso y a Belisarda; pero, por fin, luego de muchos enredos, en cuya variedad Lope tenía maestría, los amantes vencen todos los obstáculos que se oponen a su unión y acaban casándose.

C. Conde