Apolonio de Tiana, Filóstrato

Biografía novelesca de Apolonio de Tiana, en ocho libros, escrita por Filóstrato llamado de Tiana, el segun­do y más ilustre representante de una fa­milia de sofistas que vivieron en el si­glo III a. de C., autores de varias obras, cuya atribución segura no es siempre po­sible. Fue escrita por invitación de Julia Domna, la mujer del emperador Septimio Severo, que gustaba de rodearse de los hombres doctos de su época y se interesó en particular por los problemas filosófico- religiosos. Gran interés despertaba por aquel tiempo la personalidad de Apolonio de Tiana, filósofo neopitagórico del siglo I, ambigua figura de sabio o de mago con fa­ma de santidad por la vida que había lle­vado. Filóstrato narra su educación y pre­paración espiritual, sus largos viajes a la India, al Asia Menor, a Grecia, a Roma, hacia Occidente hasta las columnas de Hér­cules, interrumpidos por estancias en las diversas ciudades donde Apolonio se ocu­paba de la educación moral del pueblo y en la purificación del culto religioso de todo elemento material. Son frecuentes las descripciones de los milagros de Apolonio.

Los dos libros últimos están en gran parte ocupados por el relato de la disputa entre Apolonio y el emperador Domiciano; hecho prisionero y llevado a Roma, Apolonio consigue milagrosamente sustraerse al pro­ceso, vuelve a Grecia y reanuda su acti­vidad, y continúa haciendo milagros aun después de su muerte. Al escribir esta bio­grafía, Filóstrato no obedece a un íntimo impulso filosófico ni religioso sino sencilla­mente y a fuer de sofista, elabora según el deseo de la emperatriz, las fuentes litera­rias de que disponía entre otras, según él mismo afirma, los recuerdos de cierto Da- mis, asirio, discípulo de Apolonio, y de cuya existencia dudan un poco los críticos modernos. De todas maneras Filóstrato quiere presentar en Apolonio el tipo ideal del asceta neopitagórico, liberando su fi­gura de las acusaciones de magia que sus enemigos solían dirigirle. Tal vez Julia Domna deseaba que por medio de esta obra, la figura de Apolonio apareciese como la de un Cristo pagano que se pudiera oponer al venerado por los cristianos: lo cierto es que más tarde el escrito de Filós­trato fue utilizado y tuvo amplia difusión para ese fin. Hierocles, procónsul de Diocleciano en Bitinia, y perseguidor de los cristianos, se sirvió de ella especialmente para demostrar que no solamente los san­tos cristianos podían hacer milagros; y con esto suscitó una áspera polémica, en la cual tomaron parte contra él Eusebio de Cesa- rea y Lactancio.

C. Schick