Anacreónticas

Bajo este título se han reunido 62 poesías breves en metro y en aliento en que se refleja la inspiración de Anacreonte (v. Odas). Pero no son de Anacreonte, ni pueden serlo, además de otras muchas razones, por evidentes desdoblamientos de la personalidad del poeta tomado como modelo y del imitador. En efecto, Anacreonte se aparece en sueños al autor, inspirándole para componer estos cantos con los que el poeta de Teos superó a los más sublimes de Grecia, como Safo y Píndaro. No todas las poesías son de la mis­ma época. Coleccionadas en época bizanti­na y añadidas a manera de apéndice a la Antología Palatina (v.) de Constantino Cefala, se refleja en ellas una dirección hedonista-epicúrea, que había madurado entre fines del siglo I (a. de C.) y el I (d. de C.). Al primer núcleo de Anacreónticas se unie­ron otros en tiempos posteriores y se au­mentaron con elementos tomados de no­velas griegas y de cuentos eróticos. Los elementos preferidos son los que antaño prefería Anacreonte: vino y amor. Pero en lugar del amor de las hetairas, se presenta en éstos más frecuentemente el de los efebos, y el primer lugar lo ocupa cierto Batilo, a quien el verdadero Anacreonte tal vez no cantó nunca. Como repetición de un modelo poético afirmado ya, las Anacreón­ticas saben a escuela, pero no tanto a la tradicional y clásica como a la libre, de los alegres banquetes, de la vida fácil y de los grupos sociales que viven irregularmente, entre la desaprobación del mundo mediocre de los bien pensantes. La anacreóntica muestra desprecio hacia la mentalidad que podríamos llamar burguesa; y aplicada a cantar los goces de la vida, no funda nin­gún ideal sino en el bienestar físico, pro­curado por los medios más fáciles e inme­diatos. Las Anacreónticas gozaron de gran fama especialmente en los siglos XVI y XVII, y ejercieron notable influjo en la poesía ligera de la época.

F. Della Corte