Anacreónticas a Irene, Jacopo Vittorelli

[Anacreontiche a Irene]. Extremado galanteo de Arcadia son estas poesías de Jacopo Vittorelli (1749-1835), recogidas en la edición de sus rimas, de 1784, dedicadas en su ma­yoría a una criatura cantada bajo el nom­bre de Irene (exceptuando unas pocas para cierta Doris). Amante de la naturaleza y de la belleza, el poeta anhela amores y susurros, besos y languideces; y con una música lenta y olvidadiza hace diáfana la línea popular de la cancioncilla y la trans­forma en un último homenaje a la pasión y al amor de sociedad que tanto intervino en la vida erótica y galante del XVIII. El mundo veneciano, típicamente representa­tivo para el gusto del siglo y la aspira­ción a una nueva armonía de elegancia y de vida, tiene en él un cantor que profeti­za en ciertos aspectos los temblores y el sentimentalismo del Romanticismo (v.); también los poetas de la nueva escuela podían sentir sinceramente la famosa poe­sía: Mira qué blanca luna (v.) que, con otras pocas — como «Se vedi che germoglia» («si ves que brota»), también dedica­da a Irene —, es una de las composiciones más recordadas del autor, traducido por Byron y seguido por los músicos y por el favor del pueblo.

C. Cordié