Alcira o Los Americanos, François-Marie Arouet de Voltaire

[Alzire ou les Américains]. Tragedia en cinco actos de François-Marie Arouet de Voltaire (1694- 1778), representada en 1736. La acción se desarrolla en Lima, en el Perú, en tiempo de la primera dominación española, mal tolerada por el pueblo peruano que varias veces trata de recuperar la antigua libertad. Zamora, cabecilla de los rebeldes, es dado por muerto en un combate y Alcira, su prometida, se ve obligada a convertirse a la religión cristiana y a casarse con Guzmán, tiránico gobernador del país, que ha sucedido a su padre Álvarez, hombre pru­dente y noble. Pero Zamora vuelve ines­peradamente y, al conocer las bodas de Alcira, urde una nueva conjura y hiere de muerte a Guzmán. Álvarez, salvado en otro tiempo por Zamora, que no sabía que fuese el padre de Guzmán, duda en castigarlo, combatido entre el dolor de padre y la gratitud hacia su salvador. Pero el mismo Guzmán moribundo reconoce sus culpas, perdona a su matador y le entrega a Alcira, así como el gobierno del país. Zamora comprende entonces la grandeza de una fe que enseña el perdón y se con­vierte al cristianismo, Alcira, destrozada por contrastes tan trágicos, podrá, esposa de Zamora, a quien su corazón continuó sien­do fiel, auxiliar la suerte del pueblo. En esta obra Voltaire quiso, a través de las pasiones y contrastes de los personajes, mostrar en Álvarez la suprema sabiduría de un espíritu religioso libre de fanatismo. La tragedia, construida objetivamente sobre el análisis de las pasiones, tiene valor en cuanto a la afirmación de principios. Y son notables los caracteres, ligados aún casi cornelianamente a una concepción que sólo la muerte puede resolver.

C. Cordié

*      La tragedia de Voltaire fue puesta en música varias veces. La primera Alcira [Alzira] es de Giuseppe Nicolini (1762- 1842), fecundo autor de óperas de Piacenza, representada en Génova en 1797. Sigue la Alcira [Alzira] de Nicola Antonio Manfroce (1791-1813), escrita a los 19 años y re­presentada con gran éxito en Roma en 1810, primera de las dos óperas compuestas por este genial y precoz músico que lleva la huella de un talento superior al promedio de los autores de ópera italianos de la épo­ca, y la Alcira [Alzira] de aquel Nicola Antonio Zingarelli (1752-1837) que contó entre sus discípulos a Vincenzo Bellini y a Saverio Mercadante, representada en Ná­poles en 1815, ópera de escaso valor en la que sólo el aria «Nel silenzio i mesti passi» merece ser recordada por cierto dramatismo de acentos. Alcira se llama también la octava ópera compuesta por Giuseppe Ver- di (1813-1901) sobre libreto de Salvatore Cammarano, inspirada como las otras en la tragedia de Voltaire y representada en Ná­poles en 1845. Entre las óperas verdianas del primer período es la única que puede decirse completamente fallida, por lo ele­mental de su concepción y la inspiración que aparece flaca y escasa, y ni siquiera sostenida por el espontáneo ímpetu dra­mático que salva muchas páginas de otras obras compuestas por Verdi en este período. La obra tuvo poco éxito y no se volvió a representar. Por otra parte el mismo Verdi, interrogado en los años de su gloriosa ma­durez, confesaba riendo que Alcira era ver­daderamente «fea». [Trad. española en Obras completas (Valencia, 1892-94).]