A la Fortuna, Alessandro Guidi

[Alia Fortuna]. Canción famosa del poeta italiano Alessandro Guidi (1650-1712). Gobernador general de Arcadia, autor del Endimión (v.) publicó en 1618 su primera colección de versos y aquel mismo año dio también a la imprenta su tragedia Amalasunta en Italia. En esta canción el poeta explica que tuvo, en su cabaña, la visión de «una mujer soberbia, semejante a Juno», espléndidamente vestida. Es la For­tuna, hija de Júpiter y hermana del Desti­no, que lo gobierna todo en el mundo. Ella enumera al poeta sus poderes, alaba’ las victorias de las águilas romanas que prote­gió: «…cuando — tuve, bajo mis pies, — toda la tierra domada — del mundo venci­do hice — gran regalo a Roma», [«…quando — Ebbi sotto ai miei piedi — Tutta la tér­ra doma — Del vinto mondo fei — gran dono a Roma»]. El poeta responde que aca­ta a otra diosa inmortal, la Gloria. La Fortuna, desdeñada entonces, exalta nueva­mente su poder ante el cual se han incli­nado reyes y pueblos. ¿Cómo se atreve un humilde pastor árcade a no inclinarse ante ella, que venció a Jerjes, a Cleopatra, a Cartago, a Pompeyo, a César, abatió reinos e imperios? La Fortuna furiosa se aleja volando, y sobre la pobre cabaña del pastor se precipitan chubascos destructores.

Guidi tendía, con largas referencias históricas y la amplitud de las metáforas, a captar la imaginación del lector; pero la fantasía no le ayudó y, aparte alguna nota de auténtica poesía, su composición cae en la retórica. Como Chiabrera, quiso aligerar la estructura de la canción petrarquesca. Este intento suyo, recogido y llevado a la perfección por Leonardi, y algunos versos hermosos, con­siguieron que Guidi fuera considerado co­mo uno de los mejores literatos italianos durante el siglo XVIII y en los primeros años del siguiente. A su muerte quiso ser sepultado en Sant’Onofrio de Roma «prope magni Torquati cineres»; pero Leopardi, que en 1823, visitando la tumba de Tasso, lloró sobre sus desgracias, dice que no lanzó «ni un suspiro siquiera» a la memoria de Guidi.

E. Allodoli

Emulo impotente de Pindaro, Guidi buscó la grandeza y para dar con ella acudió también a los orientales y sacó varias for­mas e imágenes de la escritura; pero le faltó la suficiente fuerza de imaginación, y no hallo en él ninguna novedad si no es en relación con su siglo, habiéndose libra­do, aunque no por completo, de los tópicos del siglo XVII. (Leopardi)

Guidi busca algo heroico que no hay en su alma, y da con lo gigantesco y lo ampu­loso, más de expresiones que de conceptos. (De Sanctis)