Nuevos Lunes, Charles- Augustin de Sainte-Beuve

[Nouveaux lundis]. Co­lección de artículos críticos de Charles- Augustin de Sainte-Beuve (1804-1869), pu­blicados en trece volúmenes desde 1863 a 1870, póstumos los dos últimos, con pró­logos de otros escritores.

Comprenden los artículos publicados en el «Constitutionnel» desde el 16 de septiembre de 1861 al 28 de enero de 1867, en el «Moniteur» desde el 16 de septiembre de 1867 al 21 de noviem­bre de 1868, y en el «Temps» durante 1869, y es la continuación de las Conversaciones del lunes (v.), formando con éstas y con los artículos de juventud de los Prémiers lundis (1874-1875, en tres volúmenes) un todo compacto y ejemplar (v. Los lunes).

Entre los más importantes, hay que recor­dar los escritos sobre Lamennais, Veuillot, Guizot, La Bruyère, Prévost-Paradol, Béranger, Madame de Sévigné, Constant (vol. I); Montaigne, Catalina II, Madame de Staël, Bossuet, Renan, Apuleyo (II); Chateau­briand, Racine, Maurice y Eugénie de Guérin, André Chénier (III); los Goncourt, Flaubert, Louise Labé, Lacordaire (IV); Littré, Terencio, La Rochefoucauld, la con­desa d’Albany (V); otra vez Renan, Sismondi, Montaigne, Gautier, Vaugelas, De Vigny (VI); los líricos griegos, Fromentin, Corneille, Pirón (VII); Cervantes, Taine, Ma­dame Roland, Maria Leckzinska, Maria Antonieta, Catinat (VIII); La Play, María Te­resa y María Antonieta (IX); el duque de Saint-Simon, Tocqueville, Racine (X); Vir­gilio, Lamennais (XI); Talleyrand, Desbordes-Valmore, Mme. Staël (XII), y, final­mente, Du Bellay, Malherbe, Saint-Évremond (XIII).

Este último volumen, prepa­rado por los editores, contiene una confesión del escritor acerca de su propia actividad literaria, «Mi biografía» [«Ma biographie»], seguida de dos cartas. Después del período agitado y combativo en que se compuso la primera serie, y tanto en lo referente a los escritores contemporáneos como a los acon­tecimientos políticos, los Nuevos lunes muestran una madurez cada vez más segu­ra y acorde, tanto por sus predilecciones por los clásicos como por sus discordancias con los innovadores que no saben hacer pro­pia la lección de los grandes.

Muchos de es­tos escritos deben, pues, contarse entre los más precisos y completos que Sainte-Beuve nos dejó, por entregarse, menos que antes, a las cualidades del estilo y a un mundo de imágenes y problemas que enriquecía su innata tendencia a los «retratos» y a las pinturas ele ambiente.

Antiguos y modernos son tratados casi como compañeros, y aquel epicúreo lector, desengañado de los hom­bres y de la política de su tiempo, los reci­be con acogida fraternal. Aun cuando la polémica serpentea sutil y no persuasiva, el crítico extiende con mayor abandono sus análisis y sus perfiles; hacia sus últimos años los estudios y la crítica literaria son ya su último refugio de hombre y de lite­rato. Alcanza ahora cuanto en vano había soñado con febril actividad de poeta y no­velista. Su palabra deberá, pues, tener el sello de un testamento moral.

Particular­mente, estos Nuevos lunes recogerán su postrer testimonio de hombre; su «litera­tura» no habrá existido en vano para la cultura de la nueva Francia. [Puede verse una traducción parcial en los tomos siguien­tes; El teatro clásico francés; Corneille, Ra­cine, Molière, Voltaire (Madrid, 1919); Los cantores de la Naturaleza; Teócrito, Virgi­lio, La Fontaine, Mathurin Requier, André Chénier, Delille, Milleroye (Madrid, 1919); La mujer y el amor en la literatura fran­cesa del siglo XVII; Mme. de Sévigné, Mme. de La Fayette, M. de La Rochefoucauld, Mme. de Longuevïlle, Mme. de Pontivy (Madrid, 1919) y Los grandes testigos de la Revolución francesa; Mirabeau, Mme. Roland, André Chénier, etc. (Madrid, 1920)].

C. Cordié

Una sensibilidad jamás adormecida, un gusto perfecto, y no se sabe qué antenas que le permiten captar la sensibilidad del mundo espiritual. (Bremond)