[Kindermdrchen]. Cuentos de Clemens Brentano (1778-1842) llamados también «cuentos italianos» por ser refundición libre del Cuento de cuentos (v.) [Cunto de li cunti] de Basile.
Brentano diseñó su plan de trabajo en 1805, pero lo redujo al cuento que servía de marco a los otros, y a ocho más que en el volumen de Basile corresponden a Mortellá [Myrthenfrdulein], Cuorvo [Witzenspitzel], Schiavotella [Rosenbláttchen], Polece [Hüpfenstich], Huorco [Dilldapp], Dragone [Fanferslieschen], Cinco figlie [Schulmeister Klopfstock und seine fünf Sóhne], a los cuales se añade el más largo: Gockel und Hinkel (v.). Los primeros cinco fueron redactados antes de 1811; los últimos, donde se percibe al convertido, después de 1812. «Myrthenfráulen» fue publicado con ignorancia de su autor en la revista «Iris» en 1826; los demás en la edición póstuma de Gorres de 1847-49. Los temas, revestidos por Brentano con poético ropaje, se amplían con el misterio de los bosques nórdicos, entre el rumor de las hojas, el murmullo de las aguas y los cantos de los pájaros, y se revisten además de religiosa piedad. También estos cuentos se diferencian de los de Grimm y de Tieck por la selección de sus argumentos de carácter no alemán, por una concepción muy diferente de la «romántica» que parece identificarse con lo que genéricamente se suele llamar «poético», en la naturaleza y en el sentimiento humano, y por la esencia de lo grotesco y lo terrorífico.
La nota predominante que los caracteriza es la intencionada sencillez de tono en la narración: todos los personajes son candorosos, sencillos, ya con su bobería, como Dilldapp, ya con su astucia como Hüpfenstich, ya con su sublime santidad como la órsola de «Fanferslieschen» que es una refundición de la conocida figura de Santa Genoveva. La poesía y el canto envuelven en un velo de vagos sentimientos todo lo que en Basile está expresado con demasiada crudeza; y este sumergirse en la infancia, en la atmósfera de la fresca ingenuidad, representa el acceso del inquieto y atormentado ánimo de Brentano a los pocos momentos de felicidad, donde la culpa no tortura, el amor no hiere, y la duda no asalta, sino que vive la infancia su vida de ensueño y de presentimientos gozosos o dolorosos con la segura esperanza de un alegre final.
G. F. Ajroldi
