Lo que el hielo atrapa, Bruno Nievas

Lo que el hielo atrapa, de Bruno Nievas

Lo que el hielo atrapa, de Bruno Nievas

Nos embarcamos en el “Endurance”. Ni los inconvenientes económicos, ni la amenaza, confirmada,  del estallido de la I Guerra Mundial, podrán detener el ímpetu con el que Ernest Shackelton acomete la gesta de alcanzar las inhóspitas tierras del Polo Sur.

Experimentado hombre de mar, aventurero impenitente, atenderá al más ínfimo detalle antes de la partida. Será él mismo quien seleccione a los hombres que le vayan a acompañar; cada decisión importa y,  por eso mismo, cada hombre aportará su experiencia en el mar pero aportará  también su carácter y sus cualidades humanas.

Todos los hombres…, y ella, Zara Foley. Una ratera flacucha de los bajos fondos londinenses, cuya motivación para embarcar no tiene mucho que ver con las ansias de gloria o aventura. Será quien conquiste la admiración de sus compañeros y la de su superior que la tratará como una igual, sin atender a sus diferentes procedencias sociales, ni siquiera cuando ella le confiese su oscuro secreto.

Y este será uno de los pocos  oscuros del libro, porque mientras se va leyendo, todo es blanco, níveo y azulado. Todo hielo e inmensidad, todo en blanco, como las hojas que habrá de  escribirse en los anales de la Historia con la gesta que este grupo llevará a cabo.

Shackelton será el personaje principal en esta trepidante historia. Rodeado de una tripulación a la que iremos conociendo, y apreciando, mediante saltos temporales que permiten un mayor entendimiento de cada uno de ellos.

Confieso haberme perdido un poco en estos saltos, demasiado irregulares en el tiempo, tal vez, para mí. Pero reconozco y aplaudo la importancia de este recurso para atender a las necesidades de la propia historia. Por un lado, la construcción de cada personaje  no se entendería sin esas retrospectivas sobre el pasado de cada uno de ellos. Las reacciones ante las situaciones en las que se verán envueltos, responden a un bagaje único y personal que no tendría sentido sin conocer, aún a grandes rasgos, su pasado y sus episodios vitales más destacados, aquellos que moldean el  carácter. Por otra parte, en mi opinión, esos paréntesis temporales aportan dos bondades más: la primera, relajar la tensión que se va generando con la historia principal, permitir que los ojos dejen de escocer por la blancura del paisaje; la segunda, permite la introducción de otras pequeñas historias que se cuelan en la principal de forma natural, así conocemos las anteriores y no menos increíbles expediciones de Scott y Amundsen, sus personalidades y sus rasgos más humanos.

A lo largo de la narración en tercera persona, los constantes diálogos ágiles y vibrantes hacen  que la primera se haga dinámica y no se estanque en las precisas y concienzudas descripciones técnicas acerca de navegación, ingeniería naval o fotografía. Descripciones que, por otra parte, desvelan, siquiera dejan atisbar, el tremendo trabajo de investigación llevado a cabo por el autor.

Por todo ello, y por más que no puedo desvelar sin dar al traste con el propio misterio de la novela, recomiendo su lectura. Aventurarse y acompañar como espectador silente y emocionado a este autor y a su obra…, engancha.

El Gran Gatsby, F.S. Fitzgerald

Nick Carraway, un joven agente de cambio, vive en las cercanías de Nueva York, junto a la suntuosa villa de Jay Gatsby, un enigmático personaje sobre cuya conducta corren comentarios fantasiosos y que en realidad se halla ligado al mundo del hampa. Años antes, Gatsby estuvo enamorado de Daisy, una bella prima de Nick, que en cambio se había casado con el rico y bruto Tom Buchanan. A través de Nick, Gatsby vuelve a ver a Daisy y con­sigue, mediante su extravagante devoción, conquistarla y hacerla su amante.

Buchanan, mientras tanto, inicia una relación con Myrtle Wilson, la mujer del propietario de un garaje. Un día Daisy, al volante del coche de Gatsby, arrolla a Myrtle en un desgraciado accidente y le provo­ca la muerte. Gatsby trata de protegerla. Buchanan, que se ha reconciliado con Daisy, le dice a Wilson que al vo­lante del coche que arrolló a su mujer iba Gatsby y no Daisy. Wilson mata a Gatsby y se quita la vida. Daisy y Tom, reconciliados, prosiguen su ménage conyugal, lu­joso e insulso.

Los caballeros de las sombras. Juan Tazón. Intriga histórica

Capa y espada revistiendo una gran investigación de escenario histórico.

Capa y espada revistiendo una gran investigación de escenario histórico.

A veces la inteligencia tiene que disfrazarse de cualquier cosa para no mostrarse desnuda. Esa es la desgracia de los tiempos y de semejante desatino ha conseguido hacer virtud Juan Tazón, con su magnífica, brillantísima investigación de hechos y escenarios históricos lejos de lo manido.

¿Es divertida la novela? Lo es. ¿Entretiene? Mucho. Pero es otra cosa. No es la opereta de capa y espada que puede esperarse el seguidor de los tópicos.

Arranca la historia con el asesinato de personajes sin nombre, aún. Poco a poco se irán desvelando las claves que permiten entender la razón de esas muertes. Pero va más allá, en una especie de juego cuyo tablero será una Europa convulsa y asolada por las guerras o, lo que es peor, por esos períodos de entreguerras que mantienen una tensa calma y una diplomacia hipócrita e interesada entre las potencias europeas. Eso es Europa al fin y al cabo: un compendio de violencia en un continente dominado por una religión que predica la paz. ¿Qué podíamos esperar?

La historia se desarrolla en varios escenarios; España, Inglaterra e Irlanda serán los bailarines principales de esta danza orquestada por manos oscuras, casi siniestras que se mueven en las sombras. Pero la acción se disemina y abarca Francia e, incluso, Italia. La dificultad de seguir el hilo de la historia, a pesar de la disparidad de escenarios, es superada por el autor con solvencia, sin fisuras. Las guerras mundiales, ya lo veis: no son cosa del siglo XX.

Cobos, Alonso Cobos es el personaje principal y el conductor de la trama. Un personaje bien plantado, y bien planteado. A él, desde la Corte española, o más bien, desde las profundidades de la Corte española, se le encargará descubrir la identidad de los muertos, la relación que une a los mismos, quién o quiénes fueron sus ejecutores y, lo que es más importa para los intereses de la Corte: la razón de sus muertes.

En esas profundidades habitan Idiáquez y Mendoza, personajes también oscuros aunque, a veces y sólo a veces, casi entrañables, van y vienen cabalgando sobre sus ideas y sus estrecheces.  El catálogo de personajes es amplio y variado, hay rufianes, hombres de honor y caballeros sin reino, al servicio del poder. Todos ellos, son personajes sólidos, bien estructurados.

Mientras se va leyendo, el lector se envuelve en un ambiente oscuro y húmedo, es el estado ideal para continuar. Y tal estado es provocado por los escenarios y el tiempo de la acción: en las profundidades de los palacios en España, en la lúgubre Torre inglesa a la que se llega en barca, o en los bosques irlandeses, empapado de sangre y nieblas. Siempre es de noche, aunque no lo sea, es la propia noche que vive la vieja Europa y los personajes se mueven al abrigo de la oscuridad o en tabernas poco iluminadas, donde llevan a cabo su labor: ser sombras en las sombras.

Es un libro de invierno, para leer al calor de una chimenea. Es un libro de verano, para refrescar los calurosos días de verano. Es, para leerlo.

 

Javier Pérez

La verdad sobre el caso Harry Quebert_Joël Dicker

La verdad sobre el caso Harry Quebert_Joël DickerEsta vez una de suspense. Ha sido Premio Goncourt des Lycéens, un curioso premio dotado con 10 euros, pero de reconocido prestigio. Su autor, poco conocido, ya es uno de los que está dando que hablar y lo seguirá haciendo en el futuro.

La historia parece simple, a simple vista. Una joven de quince años, Nola Kellergan, es asesinada en 1975 en Aurora, New Hampshire. En 2008 Marcus Goldman, un afamado y joven escritor sufre el síndrome de la “hoja en blanco” y acude al que fue su mentor y amigo desde la Universidad, allá por 1998, Harry Quebert.

Ya tenemos la situación temporal. La vida de Nola, las preocupaciones de Marcus, su miedo a no volver a poder escribir, y la amistad que se va forjando entre Harry y Marcus en los años universitarios de este último. Tres planos que irán encajando de forma precisa y con gran acierto por parte del autor.

En la casa de la playa de Harry, Marcus descubrirá la relación que unía a Nola y a Harry, una inquietante relación entre una adolescente de 15 años y un profesor universitario de 34. Además, el cuerpo de Nola, se descubre enterrado en el jardín de Harry. Todo parece apuntar en una única dirección. Apremiado por su editor, Marcus comenzará a investigar la muerte de la muchacha con la idea de publicar un libro sobre el caso aunque, en ocasiones, primará la fidelidad al amigo y a sus secretos.

Pese a que la historia, a veces, da vueltas sobre sí misma, es una novela de lectura muy entretenida, con giros argumentales inesperados. Cada personaje es un posible sospechoso y será el autor el que vaya conduciendo las sospechas del lector sobre cada uno de ellos. No resulta fácil concluir hasta el final quien será el asesino, o quien ha participado en el crimen, lo cual es muy de agradecer. Una novela de gran complejidad, en la que nada queda al azar; cada hilo es perfectamente hilvanado por el autor y tiene su sentido dentro de la historia.

Como anécdota, los capítulos están numerados en orden decreciente, desde el 31 al 1. Lo dicho, recomendable y muy, muy entretenida.

Lágrimas sobre Gibraltar (Carlos Díaz Domínguez)

Lágrimas sobre Gibraltar, de Carlos Díaz Domínguez.

A veces cometemos el error de buscar un nombre anglosajón a la hora de elegir una novela de espionaje, y resulta que algunas de las mejores novelas que se pueden leer e este género corresponden a autores tan absolutamente hispánicos como el de Carlos Díaz. Este viejo prejuicio, sustituido en el los últimos tiempos por la atracción de lo nórdico, tiene que ser desterrado de inmediato para dejar sitio a una verdad indiscutible: que en todas partes hay autores buenos y autores malos, y que lso españoles escriben tan buenas o mejores novelas de espías como cualquiera.

Lágrimas sobre Gibraltar es una obra magníficamente documentada sobre el deseo español, en los últimos años del franquismo, de recuperar Gibraltar, justo después de que los británicos se pasaran por el arco de triunfo la resolución de la ONU que les obligaba a abandonar la colonia.

Tanto la resolución de la ONU como el deseo del régimen de recuperar Gibraltar son hechos rigurosamente históricos, aunque no así los planes de invasión que el autor detalla a lo largo del libro. Las intrigas políticas, la situación social, y el entramado de espionaje se construyen alrededor de la sensación de que España no tiene posibilidad alguna de resarcirse  de los incumplimientos británicos pero conserva, de todos modos, la voluntad de actuar dentro de sus medios.

Los británicos, con un servicio de inteligencia antiguo y experimentado, casi no pueden creerse que a los españoles se les haya ocurrido infiltrar espías propios en la roca, y a medida que se convencen de que esto no es sólo posible, sino casi indiscutible, deciden esperar el golpe para causar una matanza en la represalia. Carrero Blanco, Vicepresidente del Gobierno español, no quiere dudar de Franco, pero sus dudas se acrecientan cada día en un ambiente político abocado claramente al fin del régimen y a una sucesión que aún es incierta.

La mejor virtud de la novela, además de su documentación, es la casi inaudita honradez con que el autor trata la época, sin tópicos ni histrionismos, sin fascistas malísimos, ni opositores sindicales que acaben apareciendo con una acción política en cualquier momento (como siempre me temí). En esta novela, las personas son las personas y los hechos son los hechos, tanto los reales como los ficticios, tratando todos de desenvolverse en la verosimilitud, la realidad de una conciencia humana que es antes humana que política, y la desproporción de fuerzas entre dos países que, al fin, no pueden evitar que en sus filas se alineen simples seres humanos.

Muy recomendable. Por desintoxicarse de tantas tonterías como se han escrito ty dicho sobre la época, más que nada.