Petersburgo, A. Biely

La historia transcurre en la época de la revolu­ción de 1905 y de la guerra ruso-japonesa, con un telón de fondo de choques, asambleas populares y huelgas. En un San Petersburgo cuyos habitantes están trastornados pero que se yergue como un inmóvil producto racional, se mueven los protagonistas, el alto funcionario estatal Apolón Apolónovivh Ableújov y su hijo Nikolai. Éste se ve, casi sin saber cómo, obligado por seguir las órdenes del «partido» a cometer un atentado contra su padre. La bomba (en una caja de sardinas) le ha sido entregada por un misterioso emisario (Dudkin) que lo incita a mante­ner su promesa.

Nikolai no recuerda haber prometido el parricidio, pero muy pronto se ve rodeado por una serie de personas que le fuerzan a hacerlo y lo justifican. En una atmósfera onírica, que hace imposible distinguir la realidad de la alucinación, se asiste al regreso de la ma­dre de Nikolai, huida tiempo atrás; a la dimisión de Apo­lón Apolónovich; a los vagabundeos de Nikolai en do­minó rojo; al asesinato de uno de los conspiradores, Lippánchenko; y por último al estallido de la bomba, que no matará al padre, pero que marcará el fin de toda re­lación entre él y Nikolai.

Violín negro en orquesta Roja: el miedo es un tigre suelto

portadaviolin

Violín negro en orquesta roja

Las sociedades que se basan en el miedo no pueden funcionar. Cuando la población vive asustada, por el temor a que pasen a buscarlo por su casa o por el temor de quedarse mañana sin trabajo, deja de pensar con claridad y desaparecen los lazos que unen a los vecinos.

Mientras tanto, el poder, que desata ese miedo, se erosiona también aunque no lo crea, porque a medida que el terror aumenta se vuelve cada día más difícil conocer la realidad, porque todo el mundo le dice al poder sólo que quiere oír.

Desatar el miedo es, por tanto, como desatar un tigre: aterrorizas a tus vecinos, pero quien lo desata nunca puede estar seguro de que conseguirá atarlo de nuevo o de si mantiene o no su control sobre la fiera.

Esa es la idea que recorre permanentemente las páginas de Violín negro en Orquesta Roja, una novela de espías al viejo estilo en la que se trata de desentrañar qué sucedió durante la Gran Purga de Stalin y si de veras, en algún momento, alguien preparó un Golpe de Estado contra Stalin.

Pero eso no sólo es un asunto interno ruso, sino que tiene consecuencias para todo el mundo: para los checos, que deben descuidar de qué lado se ponen, para la izquierda francesa, que ha llegado al poder aupada por la gran ola obrera, para la Alemania nazi, que podría estar detrás del asunto, para los viejos zaristas derrotados, que buscan en París su redención o su regreso a la patria, y sobre todo para los españoles, que en medio de su guerra civil  esperan que Europa decida a quién apoya.

Pero Europa sólo decide que la guerra española debe ser larga, muy larga. Los alemanes quieren ganar tiempo, los rusos quieren ganar tiempo, y mientras los españoles se matan, todo el mundo está contento, o al menos, sigue con sus verdaderos problemas sin miedo a que todo salte repentinamente por los aires.

Aunque la novela aborde hecho políticos de primera magnitud, la trama de la novela es profundamente humana, un poco al estilo de Graham Greene.

Y ahí tenemos que volver al tigre: Cuando surgen las primeras sospechas de que algo raro se mueve en las filas del ejército ruso y del NKVD (el servicio secreto) , los dirigentes soviéticos involucrados dejan de confiar en loa órganos del partido y se buscan, cada cual, un modo de averiguar qué está sucediendo.

A uno de ellos, Molotov, se le ocurre sacar de Siberia a un viejo comisario del zar, un hombre cansado y roto, y devolverle sus poderes de comisario para que averigüe qué diablos está sucediendo.

Y ahí comienza la epopeya del viejo comisario, que por una parte no quiere regresar a Siberia y por otra conserva el rencor a quienes lo han tenido tanto años encerrado. Conserva a veces la agudeza, y otras se ve atrapado por el miedo que todo lo domina, pero a medida que profundiza en la nueva sociedad rusa se da cuenta de que ya nada es como él lo recordaba o que, quizás, todo sigue en el fondo igual que con los zares….

Es el momento de decidir si se trata de recuperar la vida perdida o de buscar algún tipo de revancha, el que sea…

Insisto: una grandiosa novela de espías llenas de datos de una época poco conocida. Me encantó.

 

Julia Manso.

Lo que el hielo atrapa, Bruno Nievas

Lo que el hielo atrapa, de Bruno Nievas

Lo que el hielo atrapa, de Bruno Nievas

Nos embarcamos en el “Endurance”. Ni los inconvenientes económicos, ni la amenaza, confirmada,  del estallido de la I Guerra Mundial, podrán detener el ímpetu con el que Ernest Shackelton acomete la gesta de alcanzar las inhóspitas tierras del Polo Sur.

Experimentado hombre de mar, aventurero impenitente, atenderá al más ínfimo detalle antes de la partida. Será él mismo quien seleccione a los hombres que le vayan a acompañar; cada decisión importa y,  por eso mismo, cada hombre aportará su experiencia en el mar pero aportará  también su carácter y sus cualidades humanas.

Todos los hombres…, y ella, Zara Foley. Una ratera flacucha de los bajos fondos londinenses, cuya motivación para embarcar no tiene mucho que ver con las ansias de gloria o aventura. Será quien conquiste la admiración de sus compañeros y la de su superior que la tratará como una igual, sin atender a sus diferentes procedencias sociales, ni siquiera cuando ella le confiese su oscuro secreto.

Y este será uno de los pocos  oscuros del libro, porque mientras se va leyendo, todo es blanco, níveo y azulado. Todo hielo e inmensidad, todo en blanco, como las hojas que habrá de  escribirse en los anales de la Historia con la gesta que este grupo llevará a cabo.

Shackelton será el personaje principal en esta trepidante historia. Rodeado de una tripulación a la que iremos conociendo, y apreciando, mediante saltos temporales que permiten un mayor entendimiento de cada uno de ellos.

Confieso haberme perdido un poco en estos saltos, demasiado irregulares en el tiempo, tal vez, para mí. Pero reconozco y aplaudo la importancia de este recurso para atender a las necesidades de la propia historia. Por un lado, la construcción de cada personaje  no se entendería sin esas retrospectivas sobre el pasado de cada uno de ellos. Las reacciones ante las situaciones en las que se verán envueltos, responden a un bagaje único y personal que no tendría sentido sin conocer, aún a grandes rasgos, su pasado y sus episodios vitales más destacados, aquellos que moldean el  carácter. Por otra parte, en mi opinión, esos paréntesis temporales aportan dos bondades más: la primera, relajar la tensión que se va generando con la historia principal, permitir que los ojos dejen de escocer por la blancura del paisaje; la segunda, permite la introducción de otras pequeñas historias que se cuelan en la principal de forma natural, así conocemos las anteriores y no menos increíbles expediciones de Scott y Amundsen, sus personalidades y sus rasgos más humanos.

A lo largo de la narración en tercera persona, los constantes diálogos ágiles y vibrantes hacen  que la primera se haga dinámica y no se estanque en las precisas y concienzudas descripciones técnicas acerca de navegación, ingeniería naval o fotografía. Descripciones que, por otra parte, desvelan, siquiera dejan atisbar, el tremendo trabajo de investigación llevado a cabo por el autor.

Por todo ello, y por más que no puedo desvelar sin dar al traste con el propio misterio de la novela, recomiendo su lectura. Aventurarse y acompañar como espectador silente y emocionado a este autor y a su obra…, engancha.

El Gran Gatsby, F.S. Fitzgerald

Nick Carraway, un joven agente de cambio, vive en las cercanías de Nueva York, junto a la suntuosa villa de Jay Gatsby, un enigmático personaje sobre cuya conducta corren comentarios fantasiosos y que en realidad se halla ligado al mundo del hampa. Años antes, Gatsby estuvo enamorado de Daisy, una bella prima de Nick, que en cambio se había casado con el rico y bruto Tom Buchanan. A través de Nick, Gatsby vuelve a ver a Daisy y con­sigue, mediante su extravagante devoción, conquistarla y hacerla su amante.

Buchanan, mientras tanto, inicia una relación con Myrtle Wilson, la mujer del propietario de un garaje. Un día Daisy, al volante del coche de Gatsby, arrolla a Myrtle en un desgraciado accidente y le provo­ca la muerte. Gatsby trata de protegerla. Buchanan, que se ha reconciliado con Daisy, le dice a Wilson que al vo­lante del coche que arrolló a su mujer iba Gatsby y no Daisy. Wilson mata a Gatsby y se quita la vida. Daisy y Tom, reconciliados, prosiguen su ménage conyugal, lu­joso e insulso.

Los caballeros de las sombras. Juan Tazón. Intriga histórica

Capa y espada revistiendo una gran investigación de escenario histórico.

Capa y espada revistiendo una gran investigación de escenario histórico.

A veces la inteligencia tiene que disfrazarse de cualquier cosa para no mostrarse desnuda. Esa es la desgracia de los tiempos y de semejante desatino ha conseguido hacer virtud Juan Tazón, con su magnífica, brillantísima investigación de hechos y escenarios históricos lejos de lo manido.

¿Es divertida la novela? Lo es. ¿Entretiene? Mucho. Pero es otra cosa. No es la opereta de capa y espada que puede esperarse el seguidor de los tópicos.

Arranca la historia con el asesinato de personajes sin nombre, aún. Poco a poco se irán desvelando las claves que permiten entender la razón de esas muertes. Pero va más allá, en una especie de juego cuyo tablero será una Europa convulsa y asolada por las guerras o, lo que es peor, por esos períodos de entreguerras que mantienen una tensa calma y una diplomacia hipócrita e interesada entre las potencias europeas. Eso es Europa al fin y al cabo: un compendio de violencia en un continente dominado por una religión que predica la paz. ¿Qué podíamos esperar?

La historia se desarrolla en varios escenarios; España, Inglaterra e Irlanda serán los bailarines principales de esta danza orquestada por manos oscuras, casi siniestras que se mueven en las sombras. Pero la acción se disemina y abarca Francia e, incluso, Italia. La dificultad de seguir el hilo de la historia, a pesar de la disparidad de escenarios, es superada por el autor con solvencia, sin fisuras. Las guerras mundiales, ya lo veis: no son cosa del siglo XX.

Cobos, Alonso Cobos es el personaje principal y el conductor de la trama. Un personaje bien plantado, y bien planteado. A él, desde la Corte española, o más bien, desde las profundidades de la Corte española, se le encargará descubrir la identidad de los muertos, la relación que une a los mismos, quién o quiénes fueron sus ejecutores y, lo que es más importa para los intereses de la Corte: la razón de sus muertes.

En esas profundidades habitan Idiáquez y Mendoza, personajes también oscuros aunque, a veces y sólo a veces, casi entrañables, van y vienen cabalgando sobre sus ideas y sus estrecheces.  El catálogo de personajes es amplio y variado, hay rufianes, hombres de honor y caballeros sin reino, al servicio del poder. Todos ellos, son personajes sólidos, bien estructurados.

Mientras se va leyendo, el lector se envuelve en un ambiente oscuro y húmedo, es el estado ideal para continuar. Y tal estado es provocado por los escenarios y el tiempo de la acción: en las profundidades de los palacios en España, en la lúgubre Torre inglesa a la que se llega en barca, o en los bosques irlandeses, empapado de sangre y nieblas. Siempre es de noche, aunque no lo sea, es la propia noche que vive la vieja Europa y los personajes se mueven al abrigo de la oscuridad o en tabernas poco iluminadas, donde llevan a cabo su labor: ser sombras en las sombras.

Es un libro de invierno, para leer al calor de una chimenea. Es un libro de verano, para refrescar los calurosos días de verano. Es, para leerlo.

 

Javier Pérez