El Zafarrancho aquel de vía Merulana, C.E. Gadda

En los años del fascismo, en Roma, el comisario de policía Ciccio Ingravallo recibe el encargo de llevar a cabo una investigación sobre un robo de joyas ocurrido en un abarrotado edificio de via Me­rulana.

En dicho edificio vive una pareja de amigos de Ingravallo, los Balducci: una mañana el comisario recibe la noticia de que Liliana Balducci ha sido brutalmente asesinada. Ingravallo, que admiraba de modo especial la dulzura y la pureza de la mujer, se ve profundamente afectado por lo ocurrido y desarrolla sus investigaciones en la dirección de una posible conexión entre el hurto y el homicidio.

Las sospechas apuntan gradualmente hacia varios personajes: surge la figura del apuesto sobrino de Liliana, sobre quien la pobre mujer volcaba su frustrado deseo de maternidad; se descubren ambiguas relaciones entre Liliana y una serie de criadas que se veían colma­das de favores y luego bruscamente alejadas. Se llega a interrogar a Zamira Pácori, una ex prostituta curandera y rufiana.

En la casa de un guardabarreras, en el campo romano, es hallado un orinal que contiene las joyas ro­badas. Las pesquisas parecen identificar como culpable a Assunta, una de las ex protegidas de Liliana. Con el gri­to desesperado de la mujer, que se declara inocente, la narración concluye sin que la «investigación» haya llega­do a una conclusión definitiva.

Santuario, W. Faulkner

Durante la ley seca, una joven estudiante, Temple Drake, va a parar con un amigo borracho a una casa de campo donde una banda destila y expende whisky. Popeye, el impotente y perverso cabecilla de los delincuentes, la viola con una panocha después de haber dado muerte a uno de los su­yos; a continuación la lleva a un burdel de Memphis, don­de lu obliga a prostituirse ante sus ojos.

Del asesinato co­metido por Popeye es acusado uno de los bandidos, Goodwin. Su abogado defensor, Horace Benbow, descu­bre la verdad y convence a Temple para que declare a fa­vor de su cliente: pero la muchacha, psíquicamente per­turbada, con su declaración condena a Goodwin. Mientras que el inocente muere linchado por la multitud, Popeye que ha huido a Florida, terminará paradójicamente ahorcado por un crimen no cometido.

El Proceso, F. Kafka

El empleado de banca Josef K., de treinta años, recibe una declaración de arresto por parte de dos personas. Ha sido instruido un proceso con él como encausado. Seguro primero de sí mismo y luego aplastado de forma paulatina por una máquina procesal de la que no alcanza a comprender los mecanismos, Jo­sef K. termina desatendiendo su trabajo hasta dejarse ab­sorber completamente por las exigencias del proceso.

Tras haber sido abandonado por todos, se resigna por fin a aceptar una condena que él mismo, sin conocer la razón, considera irrevocable. Al amanecer del día de su trigésimo primer cumpleaños, otros dos señores vestidos de negro se presentan ante su casa, lo prenden y lo con­ducen a las afueras de la ciudad, donde es ajusticiado.

Petersburgo, A. Biely

La historia transcurre en la época de la revolu­ción de 1905 y de la guerra ruso-japonesa, con un telón de fondo de choques, asambleas populares y huelgas. En un San Petersburgo cuyos habitantes están trastornados pero que se yergue como un inmóvil producto racional, se mueven los protagonistas, el alto funcionario estatal Apolón Apolónovivh Ableújov y su hijo Nikolai. Éste se ve, casi sin saber cómo, obligado por seguir las órdenes del «partido» a cometer un atentado contra su padre. La bomba (en una caja de sardinas) le ha sido entregada por un misterioso emisario (Dudkin) que lo incita a mante­ner su promesa.

Nikolai no recuerda haber prometido el parricidio, pero muy pronto se ve rodeado por una serie de personas que le fuerzan a hacerlo y lo justifican. En una atmósfera onírica, que hace imposible distinguir la realidad de la alucinación, se asiste al regreso de la ma­dre de Nikolai, huida tiempo atrás; a la dimisión de Apo­lón Apolónovich; a los vagabundeos de Nikolai en do­minó rojo; al asesinato de uno de los conspiradores, Lippánchenko; y por último al estallido de la bomba, que no matará al padre, pero que marcará el fin de toda re­lación entre él y Nikolai.

Violín negro en orquesta Roja: el miedo es un tigre suelto

portadaviolin

Violín negro en orquesta roja

Las sociedades que se basan en el miedo no pueden funcionar. Cuando la población vive asustada, por el temor a que pasen a buscarlo por su casa o por el temor de quedarse mañana sin trabajo, deja de pensar con claridad y desaparecen los lazos que unen a los vecinos.

Mientras tanto, el poder, que desata ese miedo, se erosiona también aunque no lo crea, porque a medida que el terror aumenta se vuelve cada día más difícil conocer la realidad, porque todo el mundo le dice al poder sólo que quiere oír.

Desatar el miedo es, por tanto, como desatar un tigre: aterrorizas a tus vecinos, pero quien lo desata nunca puede estar seguro de que conseguirá atarlo de nuevo o de si mantiene o no su control sobre la fiera.

Esa es la idea que recorre permanentemente las páginas de Violín negro en Orquesta Roja, una novela de espías al viejo estilo en la que se trata de desentrañar qué sucedió durante la Gran Purga de Stalin y si de veras, en algún momento, alguien preparó un Golpe de Estado contra Stalin.

Pero eso no sólo es un asunto interno ruso, sino que tiene consecuencias para todo el mundo: para los checos, que deben descuidar de qué lado se ponen, para la izquierda francesa, que ha llegado al poder aupada por la gran ola obrera, para la alemania nazi, que podría estar detrás del asunto, para los viejos zaristas derrotados, que buscan en París su redención o su regreso a la patria, y sobre todo para los españoles, que en medio de su guerra civil  esperan que Europa decida a quién apoya.

Pero Europa sólo decide que la guerra española debe ser larga, muy larga. Los alemanes quieren ganar tiempo, los rusos quieren ganar tiempo, y mientras los españoles se matan, todo el mundo está contento, o al menos, sigue con sus verdaderos problemas sin miedo a que todo salte repentinamente por los aires.

Aunque la novela aborde hecho políticos de primera magnitud, la trama de la novela es profundamente humana, un poco al estilo de Graham Greene.

Y ahí tenemos que volver al tigre: Cuando surgen las primeras sospechas de que algo raro se mueve en las filas del ejército ruso y del NKVD (el servicio secreto) , los dirigentes soviéticos involucrados dejan de confiar en loa órganos del partido y se buscan, cada cual, un modo de averiguar qué está sucediendo.

A uno de ellos, Molotov, se le ocurre sacar de Siberia a un viejo comisario del zar, un hombre cansado y roto, y devolverle sus poderes de comisario para que averigüe qué diablos está sucediendo.

Y ahí comienza la epopeya del viejo comisario, que por una parte no quiere regresar a Siberia y por otra conserva el rencor a quienes lo han tenido tanto años encerrado. Conserva a veces la agudeza, y otras se ve atrapado por el miedo que todo lo domina, pero a medida que profundiza en la nueva sociedad rusa se da cuenta de que ya nada es como él lo recordaba o que, quizás, todo sigue en el fondo igual que con los zares….

Es el momento de decidir si se trata de recuperar la vida perdida o de buscar algún tipo de revancha, el que sea…

Insisto: una grandiosa novela de espías llenas de datos de una época poco conocida. Me encantó.

 

Julia Manso.