El módem de Gutenberg

"El módem de Gutenberg" es una colección de relatos en Internet, donde su autor, Jose Jesus García Rueda, va dejando sus creaciones con la intención de que no se queden cogiendo polvo en cualquier sitio, y de que, de vez en cuando, se conviertan en relatos de verdad al ser leídos por cualquier visitante de la página, en lugar de quedarse tan sólo en un montón de frases y letras con pretensiones literarias.

Son relatos de pelajes y temáticas diversas, que recogen toda la evolución literaria de su autor, desde sus primeros relatos ya en la edad adulta, hasta algunas de sus creaciones más recientes, con una madurez literaria mayor pero siempre buscando nuevos caminos.

El lector encontrará en estos relatos pequeñas aventuras, inquietudes, personajes que mueren sin estar muertos y otros que viven cuando ya su tiempo parece haberse acabado. Naves espaciales, alquilerdealquilerdecoches.com/»>coches.com/»>aeropuertos, sabanas, trenes, sotanos y comunidades de vecinos son los escenarios para que los personajes de estos relatos desarrollen sus miedos y sus valentías, crezcan y se deshagan, al ritmo que les marcan unas circunstancias a veces mera comparsa, a veces fuerzas imparables.

Unos relatos para leer al atardecer, frente a una ventana, con una taza de té entre los dedos.

Puedes encontrarlos aquí.

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Los Gatos negros (Alfredo Aguilar) Costa Rica

Cuando se dice que un libro está lleno de nostalgia, o de magia, lejos de provocar la curiosidad del lector, más bien despierta su desconfianza.  Con el abuso con que se endilgan estos conceptos a cuanto libro nuevo aparece, han acabado devaluándose al punto de que hoy son entendidos casi exclusivamente en su sentido peyorativo.  Nostalgia se ha llamado, y sigue llamándose a la ingenuidad bobalicona que no hace más que suspirar por los tiempos idos.  Y le dicen magia al artificio fraudulento de poner a circular la moneda falsa de lo asombroso.
Sin embargo, aun consciente de que ambos términos no tienen ahora el peso que una vez tuvieron, tras leer los cuentos de Alfredo Aguilar no encuentro calificativos más apropiados para presentarlos al público.
Como el escritor todavía es un hombre joven, su nostalgia se limita a los tiempos en que vivía su infancia o salía de ella.  En ese horizonte cercano, que ni siquiera ha empezado a volverse borroso, desfilan escenas y personajes marcados en su memoria con un hierro al rojo vivo.
Y dentro de ese pequeño mundo del pueblo chico y paraíso perdido, lo real maravilloso ocurre con la naturalidad de la magia verdadera.
Estos cuentos, hijos de lo memorable y lo inexplicable, ayudan a comprender mejor el alto significado de la magia y la nostalgia que los colma.
 
Carlos Porras,   Periodista especializado en Cultura

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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EL CAZADOR OCULTO

Lo que yo llamo: "Tribulaciones de un adolescente sociópata"

Acabo de terminar la lectura de “The catcher in the rye” o “El cazador oculto”, como lo traduce Pedro B. Rey, de Sudamericana Joven, edición de 1998, para la versión en español de esta novela que tanto revuelo ha causado, a través del tiempo en las gentes jóvenes de las Américas.
Si J.D. Salinger se propuso graficar la personalidad de un adolescente sociópata, la novela es excelente. Me gustaría pensar que su lectura ha de ser una delicia para cualquier sicoanalista.
Holden, el personaje del Cazador Oculto, no dice nada. Siempre empieza a decir algo, sugiere que va a emitir una opinión y repentinamente calla. Desprecia profundamente al posible oyente, como desprecia a todos los que lo rodean. Holden es incapaz de comunicarse con nadie. No lo logra ni con su “querida” hermanita Phoebe que un momento llega a decirle que él no ha hecho nada en su vida, y, más aún, lo reta insistentemente a que mencione una sola cosa hecha por él. Holden es incapaz de responder. En otro momento el cazador intenta comunicarse con una chica, antigua enamorada, llamada Sally y cuando logra obtener una cita con ella, destruye la relación en un dos por tres, siempre bajo la premisa-conclusión de que ella es snob, cursi, ignorante e incapaz de pensar. Todos los hombres que lo rodean son para el cazador, o maricones o ignorantes o cerdos incapaces de pensar como él. Su posición ante la vida real me hace recordar a los jóvenes que leían “El Hombre Mediocre” de J. Ingenieros, allá por los años sesenta, y a partir de ese momento calificaban a todas las personas que conocían, como águilas o ratones. Conocí a uno que habiendo calificado a un nuevo concurrente como águila, luego, al detectar alguna idea que no le gustó de este nuevo “ave rapaz”, le dijo: “Tú eres un ratón que se ha pegado las alas con cinta scotch.”
No me maravillo al enterarme de que el adolescente asesino de John Lenon y el joven que atentó y disparó contra Ronald Reagan tenían en el bolsillo un ejemplar de esta novela. Ambos eran sociópatas. Los dos parecidos a Holden y al personaje de Robert de Niro en la película “Taxi driver”.
Bueno, pero ¿se puede hacer una novela con un personaje central que es un sociópata, narrada en primera persona? Laura Restrepo cita, en su novela “Delirio”, a Gore Vidal haciendo mención de un consejo que Henry James da como advertencia a los escritores “que no pusieran a un loco como personaje central de una narración, sobre la base de que al no ser el loco moralmente responsable, no habría verdadera historia que contar.”
Henry Miller, en su Trópico de Cáncer, aparece como otro sociópata, pero uno que dice cosas que vale la pena escuchar, rumiar y por último, fantasear. El Cazador oculto no dice nada que merezca escrutinio.
Aún más, ¿qué clase de enfermo mental es el Artemio Cruz de Carlos Fuentes, que también cuenta en primera persona su biografía, desde su lecho de muerte? ¿Un narrador sociópata y por lo tanto moralmente no responsable, que se muere al final de lo narrado? Pero qué interesantes juicios, raciocinios, blasfemias y cuestionamientos que hacen los personajes de Miller y de Fuentes.
Al leer el final de la primera página o al comenzar la segunda página del “Trópico de Cáncer”, según sea la edición, cuando Miller dice que ese no es un libro sino un insulto prolongado y otras cosas terribles más, llegué a la conclusión de que yo debería, algún día, llegar a ser un escritor.
Cuando leí “La Muerte de Artemio Cruz”, comprendí que es posible narrar una historia desde el interior de la mente caótica de un moribundo que no conoce límites, desconoce la moral y que no tiene vergüenza de admitirlo.
Pero, volviendo al “Cazador Oculto” de Salinger, creo que encontré en el libro sólo un pensamiento digno de rescate, la cita del psicoanalista Wilhem Stekel, que Holden recibe del señor Antolini: “El rasgo distintivo del hombre inmaduro es que quiere morir noblemente por una causa, mientras que el del hombre maduro es que quiere vivir humildemente por una.” Holden oye y lee el consejo, pero de inmediato le da cansancio, dolor de estómago, dolor de cabeza y se niega a pensar. Todos estos son síntomas de serios problemas de adaptación social.
Aparentemente el libro es importante por el lenguaje que Salinger utilizó para narrarlo. No es importante por lo que dice o no dice, sino más bien por “cómo lo dice.” El lenguaje conversacional que los adolescentes norteamericanos usan en ausencia de los adultos. La traducción que menciono haber leído no captura esa sutileza. De repente la traducción es válida para el lector argentino. Voy a dar un ejemplo tan sólo: la versión en inglés dice: “I am the one that´s flunking out of the goddam place, and yu’re asking me to write you a goddam composition,” I said. Esta es la versión original que revela el lenguaje conversacional de los adolescentes en secundaria.
El libro que leí en español dice: “Me acaban de echar de este lugar de porquería y me estás pidiendo que te escriba una composición,” le dije.
La traducción que yo pienso sería más fiel al original podría decir: “Me acaban de botarCONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»\_ednref1\»>[i] de este malditoCONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»\_ednref2\»>[ii] lugar, y tú me estas pidiendo que te escriba una maldita composición,” le dije. En cualquier otro libro, me trago la diferencia y me conformo con entender en gruesos términos lo que el autor quiso decir. En el libro de que hablamos, no. Repito, en esta novela lo más importante es: el cómo dice el personaje, cada cosa. La traducción para “Goddam”, no es “porquería”, de ninguna manera.
El resto del libro, “El cazador oculto” no dice nada constructivo ni inquietante. Es un documento paralizado, como es Salinger. Un ermitaño hosco y mudo, un perfecto sociópata, un suicida frustrado (ver el cuento “A perfect day for bananafish”), para el que probablemente todos, especialmente yo, somos unos malditos estúpidos que no somos capaces de pensar de una manera, “fucking decent”, como piensa él.
Para los adolescentes es otra cosa. La novela del cazador es una posición de rebeldía. ¿Contra qué?, no importa. Es la violencia que resulta de la impotencia que un joven experimenta cuando desea ser independiente, pero sabe, positivamente, que es incapaz de lograrlo, no porque alguien se lo impida, sino porque no se siente capaz de vivir por su cuenta. Si se va de su casa, no tendrá donde dormir, no comerá, no podrá hacer muchas de las cosas que él aspira intensamente hacer. La mayoría de los jóvenes, menores de edad, optan por la conveniente convivencia con los adultos, sus padres, hasta que son capaces de vivir por sí. Otros, no. Se estrellan contra la realidad y se paralizan en la acción, como nuestro cazador.
En el caso de Holden, Mr. Salinger, sabiamente le resuelve el problema. Le crea una abuela rica que le engorda la cuenta en el banco y con este capital él puede hacer cosas que ningún otro adolescente sin dinero, a su derredor, podría hacer. Un recurso fácil de Salinger para darle credibilidad a su personaje, que algunos defienden como la perfecta imagen de un niño (?).
Pero al final, esta es sólo una lectura. Mi lectura.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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DE LA SOMBRA EL VERSO (Rafael Fauquié)

La historia de estos poemas es el decurso de una serie de recapitulaciones. Largos paréntesis de silencio distancian a unos de otros. De los poemas primeros (1978) arranca la permanencia de una expresión que paradójicamente contemplo como discontinua continuidad: durable persistencia de una labor solitaria que, por sobre todo, aspira a la búsqueda de un sentido auténticamente propio.

 

URL: http://rafaelfauquie.dsm.usb.ve/

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ESPIRAL DE TIEMPO (Rafael Fauquié)

Espiral: camino, ruta serpenteante -¿ascendente? ¿descendente? Experiencia y espiral; espiral de tiempo porque todo cuanto el ser humano vive, piensa y recuerda, tiene que ver con el tiempo. Nuestras experiencias y sus recuerdos son, siempre, traducibles a figuraciones temporales. La vida es acumulación de miradas, sonrisas, decepciones, sueños…

 

     Espiral: símbolo de la acción envolvente, forma del giro que, en constante movimiento circular, expande más y más el signo de algún determinado espacio. Tiempo, vida y experiencia van entretejiendo una espiral compuesta de acción y de memoria. Las palabras que acompañan esa acción y las palabras que nombran esa memoria describen el vínculo más exacto y personal de cada ser humano con el universo.

 

     Este es un libro fragmentario: imagen del pensamiento viajero, forma de la palabra errante que se posa sobre todas las figuras evocando y memorizando, describiendo e imaginando. Más allá de la fractura, más acá de la inconclusión, el fragmento expresa lo que interminablemente se repite, lo que no podemos dejar de argumentar. Más que a lo breve y lo múltiple, el fragmento alude a concisiones y a rupturas, a la inconclusa discontinuidad de lo interminable. El fragmento nunca termina: sólo se interrumpe; luego sigue escribiéndose: sin principios ni finales, prolongándose en nuevas y diferentes razones.

 

     El fragmento evoca, a un tiempo, la vacuidad y la plenitud. Comunica percepciones que son tientos, indicios, apuestas… El fragmento es expresión furtiva de una palabra que abre y cierra espacios a su antojo. El fragmento escribe la voz de la incertidumbre, la de lo siempre relativo y lo siempre particular; voz de desconcierto ante lo desconcertante, forma interminable de interminables asombros.  

 

     Por medio de fragmentos nombrar el mundo y nombrarnos en el mundo. En fragmentos conocernos y reconocernos. Trazar nuestros límites dentro de espacios sin límites. Reflejar en un caleidoscopio de páginas dispersas nuestro siempre cambiante rostro. Con fragmentos decir y decirnos, decir y conocernos.

 

     Fragmentariamente este libro me revela: lector y caminante, crítico y curioso, memorioso recordador de imágenes y laborioso hurgador de vocablos. La escritura prefigura el rostro de quien escribe. Profeso la fe de la palabra lenta dibujada en el esfuerzo del día a día; búsqueda del término preciso tallado en parsimonia que recrea la exactitud; palabra compañera de convicciones y respuesta de incertidumbres; escritura-réplica de esas pequeñas y parciales conclusiones que, poco a poco, conforman una escritura que interminablemente nombra la vida.

 

     Las distintas partes que componen este libro fueron agrupándose de acuerdo a muchas convicciones pero, sobre todo, en torno a una fe. Fe en el poder de las palabras para decirlo todo, para acercarnos a todo o para alejarnos de todo. Fe en la autenticidad de una palabra que, a la vez que nos representa, nos enmascara; que nos muestra y nos oculta a un mismo tiempo. Fe en que a la vida que vivimos, pueda acompañarla una escritura que logre reflejarnos: voz y rostro que nos defina.

 

      

 
                                      Rafael Fauquié.

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