La Defensa (Vladimir Nabokov)

En este libro se nos cuenta la vida de Luzhin, un genio del ajedrez, que vive para ese juego tras encontrar en él un refugio contra la realidad, demasiado sórdida para su sensible gusto y su debilidad. Sus padres intentan que se relacione y salga al mundo, peor en un ambiente de brutalidad se obsesiona cada vez más con esa otra realidad hasta renunciar prácticamente al mundo. Con el tiempo, si pobsesión crefe, hasta que le prohíben jugar. Es entonces cuando tendrá que enfrentarse al mundo y al matrimonio.

Los personajes están muy bien descritos, en especial el protagonista, su esposa y la madre de ésta, que se muestra bastante hostil al yerno. La espodsa de Luzhin es un personaje muy complejo, al que es difícil encontrarlke las motivaciones. Se trata d euna filántropa compulsiva en busca de desgracias, yal conocer a Luzhin se siente irremediablemente atraída por él y por su incapacidad para vivir.

Encuentro un gran parecido a este libro, al menos en su prersonaje principal con la conjura d elos necios, de John Kennedy Toole. En ambios casos se trata de personajes físicamente repulsivos, mortalmente inseguros y socialmente destruidos.

Este libro puede interpretarse como una especie de metáfora de propia vida planteada como una partida de ajedrez. Nabokov continúa fiel a su estilo, aunque a mí me ha parecido una obra menor comparada con “Ada o el ardor” o “Pálido Fuego”, novelas “más ambiciosas” o “difíciles”. Creo que fue una de sus primeras obras. El fuerte de Nabokov son esos diálogos tan naturales y aparentemente banales que sin embargo transmiten sensación de vida, al igual que las descripciones, a veces en exceso detalladas. El humor fino y el drama se entremezclan de una forma muy natural. La prosa es clara y menos elaborada, y no hay elementos fantásticos, como por ejemplo en “Ada…”. En tono es tirando a dramático a pesar de algunos apuntes, breves, de humor. Hay alguna elipsis narrativa muy lograda, como la de la muerte de la madre.

Podemos observar que aparecen elementos típicos de otras novelas posteriores del autor, como el exilio ruso, el ajedrez, etc, aunque siendo una novela breve no lo desarrolla demasiado. Es una novela más bien de “personaje”, que se centra en la psicología inestable de Luzhin y en su incapacidad de afrontar la vida.

Por si os da pereza leer el libro y os interesa el tema hay una película reciente sobre el libro protagonizada por John Turturro. Se titula “La defensa de Luzhin”

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La tarde del dinosaurio (Cristina Peri Rossi)

Lo hemos detectado: en la actualidad, hay cierta decepción por la calidad literaria; los cientos de novedades semanales, además de aturdir al lector, en muchos casos le decepcionan. Y un lector decepcionado puede convertirse en un lector perdido. SEGUNDO ASALTO es una apuesta de Tropo Editores por recuperar aquellos títulos que pudieron morir sin conocernos, aquellos autores que serán clásicos mañana. Como botón de muestra, en noviembre de 2007 lanzamos el libro "Museo de la soledad" de Carlos Castán. Ahora, en abril de 2008, le toca el turno a “La tarde del dinosaurio”, de Cristina Peri Rossi.

 

Publicada inicialmente en 1976, "La tarde del dinosaurio", con uno de los escasos prólogos escritos por Julio Cortázar (salvo la Antología del Premio Cervantes 2007, Juan Gelman, publicada en Visor, el disco de tangos de Susana Rinaldi y un libro fotográfico sobre Buenos Aires), que la saluda como una de las voces más fascinantes de la narrativa breve. Citando a Julio Cortázar en su texto de presentación Invitación a entrar a una casa: “Se diría que escritores como Cristina Peri Rossi repiten sin saberlo el oscuro arquetipo del palacio de Barba Azul: habitaciones, corredores de espejos, puertas condenadas o prohibidas, siempre puertas para aquellos que prefieren el horror y la muerte a la renuncia de no abrirlas. Un cuento termina y otros empiezan en la habitación siguiente”. Dice, a continuación, citando a un cineasta aragonés: “Como en Cría cuervos, la película de Carlos Saura, la sola mirada de la infancia triza para siempre una sociedad obstinada en seguir negando lo que es”. Ocho historias de hermanas y playas, de fotografías y desamor, que sufrieron la censura española en 1976 (Editorial Planeta) y que fueron recuperadas en 1984 (Plaza y Janés).

 

“Pensó que si hubiera llevado su pequeña máquina fotográfica (regalo de su padre número dos el día de su último cumpleaños; su padre número uno le regalaba cosas más originales y menos ambiciosas: una caja de fósforos de Teruel, un sello de la guerra de España, o simplemente nada) hubiera podido tomar una magnífica fotografía, una fotografía de gran efecto” (“La tarde del dinosaurio”).

 

Cristina Peri Rossi es, indiscutiblemente, una de las grandes  escritoras hispanoamericanas, y aunque ha destacado en casi todos los géneros, quizá sea el cuento donde ha demostrado mayor originalidad, destreza y versatilidad. Nació en Uruguay, en 1941. En 1974, tras haber publicado dos libros de narrativa, se vio obligada a abandonar su país debido al golpe militar. Desde entonces reside en España, donde ha publicado varios libros que han gozado de una exitosa acogida por parte de la crítica y el público tanto en España y Latinoamérica como en los distintos países donde han sido traducidos. Compagina su trabajo de escritora con seminarios en universidades tanto en España como en el extranjero, y colabora con artículos en periódicos y revistas. En 1994 recibió la beca Guggenheim para la literatura de ficción. Su obra literaria se desarrolla en el campo de la poesía: Evohé (1971), Descripción de un naufragio (1974), Diáspora (1976), Lingüística general (1979), Europa después de la lluvia (1987), Babel Bárbara (1992), Otra vez Eros (1994) Aquella noche (1995) e Inmovilidad de los barcos (1997) y como narradora: Viviendo (1963), Los museos abandonados (1968), El libro de mis primos (1969), Indicios pánicos (1970), La tarde del dinosaurio (1976), La rebelión de los niños (1980; Seix Barral, 1988), El museo de los esfuerzos inútiles (1983), La nave de los locos (1984), Una pasión prohibida (1986), Solitario de amor (1988), Cosmoagonías (1989), Fantasías eróticas (1991), La última noche de Dostoievski (1993), Desastres íntimos (1997), El amor es una droga dura (1999), los ensayos Cortázar (2001) y Cuando fumar era un placer (Lumen, 2003), que será editado próximamente en alemania, Estado de Exilio, en Visor (2003), una recopilación de relatos titulada Por fin solos (Lumen, 2004), Estrategias del deseo, (Lumen, 2004) Poesía Reunida (Lumen, 2005),  y Habitación de hotel (XI Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja 2007).

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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En busca del barón Corvo. Un experimento biográfico (A.J.A. Symons

En busca del barón Corvo es uno de esos libros cuya existencia parece mediar entre la clandestinidad y el secreto de los iniciados. Sólo unos pocos conocen de la existencia del barón y su pequeño pero interesante papel dentro de la literatura universal. En Frederick Rolfe se conciertan todos los elementos del malditismo literario: la biografía azarosa, el desprecio de sus contemporáneos y una peculiar obra literaria, más sobresaliente por su rareza que por su brillantez artística.

Sin embargo, el mérito del libro descansa igualmente en la labor de su autor: A.J.A. Symons, quien no se limita a la mera biografía sino que describe (de ahí la adecuación del título, la busca, la quest) el proceso de reconstruir la vida de Rolfe, las pistas que cada nuevo descubrimiento abrían en su investigación, las conjeturas que quedaban confirmadas por posteriores revelaciones, o desmentidas para siempre, la correspondencia y entrevistas que concertó con personas que conocieron de primera o segunda mano al extraño escritor. Todo ello explica el subtítulo de esta obra “Un experimento biográfico” que bien merecería tener numerosas secuelas.

A través de las averiguaciones de Symons, accedemos a un segundo nivel, el de los hechos ciertos y probados en torno al barón Corvo así como sus palabras (vertidas, bien a través de sus libros, bien gracias a la abundante e intensa relación epistolar que mantuvo con sus conocidos, amigos o enemigos). De la unión de todos estos elementos surge ante nuestros ojos la figura completa de Rolfe y, como de entre la bruma de un amanecer en la laguna de Venecia, podemos adivinar su pensamiento, sus intenciones y sus frustraciones; podemos llegar a conocer cuánto le dolieron las traiciones que consideraba que le hacían sus amigos y cómo influyeron en su obra.

Este brillante resultado es consecuencia exclusiva del método empleado por Symons que no pasa por ofrecer una visión lineal y acabada del biografiado sino que nos muestra los elementos sobre los que basa su indagación, sus luces y sus sombras, de modo que el propio lector pueda contradecir imaginariamente al autor. Todos estos ingredientes hacen de En busca del barón Corvo una lectura que desafía los estilos convencionales por los que suelen discurrir obras similares y que convierte la experiencia de su lectura en un acontecimiento refrescante y novedoso.

Como ya se ha señalado, la historia de la Literatura tiene su propia rama maldita formada por autores que no lograron el reconocimiento de sus contemporáneos pero a los que el tiempo ha sabido poner en su lugar. Asimismo, abundan los ejemplos de escritores no muy reconocidos pero cuyas obras son delicados manjares en manos de bibliófilos. En esta segunda categoría, el aspecto biográfico del genio desconocido acostumbra a ser igual de interesante (o más) que sus escritos, de manera que vida y obra se dan la mano para conformar un todo inseparable, cuya importancia es recíproca.

En el caso del barón Corvo, su vida se cimienta sobre una serie de complejos entre los que se puede contar el trastorno bipolar, la esquizofrenia y la manía persecutoria, unidos a una gran sensibilidad y temperamento artístico. La extraña psique de Rolfe le llevó al convencimiento de que estaba llamado a metas más altas que las del resto de mortales con quienes convivía, de modo que trató de descubrir por sí mismo cuál era el camino por el que debían despuntar sus talentos.

Primeramente lo intentó como sacerdote católico, abandonando la fe anglicana en la que nació, dado el atractivo de la liturgia católica, la conexión de este credo con la historia del arte y su profundo simbolismo con los que su carácter parecía convenir. Sin embargo, y ésta fue la primera gran traición que sufrió (o creyó sufrir) en su vida, fue rechazado por la jerarquía impidiéndole la ordenación a la que consideraba que estaba llamado. La herida que este hecho le ocasionó queda reflejada en una de sus novelas (Alejandro VII), obra en la que el cónclave romano elige Papa a un desconocido al que le había sido negada la ordenación sacerdotal por inquinas y envidias de sus superiores. Esta “venganza literaria”, muchos años después de ocurridos estos hechos, no sólo refleja lo profundo del dolor que le supuso aquel rechazo, sino que da la pauta de la práctica totalidad de sus obras, concebidas como un modo de vengar afrentas y ajustar cuentas con quienes en la vida real zancadilleaban su camino a la gloria.

Tras este duro golpe, Rolfe trató de rehacer su vida de muy diversas maneras, como preceptor de una importante familia católica, secretario de un notable profesor de Oxford, protegido de una peculiar dama italiana (de esta etapa tomaría el apelativo de barón Corvo), pintor de escudos heráldicos para una parroquia católica, etc.

Prácticamente en todas estas etapas de su vida se reproduce la misma secuencia. Rolfe deslumbra con sus modales, sus conocimientos de arte o de la Florencia de los Medici, su talento como pintor o escritor y entabla nuevas amistades. Rolfe espera de estas amistades una devoción y apoyo incondicionales de modo que finalmente, por extraños quiebros del destino cualquier acontecimiento simple, el más simple malentendido, supone un estallido de violencia (normalmente sólo a nivel verbal, del que dejan constancia muchas de sus cartas), una nueva afrenta que vengar, un peldaño más en el descenso a su peculiar infierno y a la desconfianza en la humanidad en general.

Abandonada la pintura como forma de lograr la fortuna, el reconocimiento y la admiración que redimieran toda su vida, y la dotaran de un sentido, optó por la literatura. Su peculiar estilo se caracteriza por su vitriolismo, su barroco lenguaje y su ingenio en cuanto a estructuras gramaticales y a la invención de nuevas palabras o a la adaptación y modelación de otras ya caídas en desuso. La fuerza de su estilo hace olvidar lo poco atractivo de sus tramas argumentales, forzadas por la necesidad de vengar sus reales o ficticias ofensas.

La vida del barón Corvo, de quien se puede decir ciertamente que no ganó un chelín gracias a sus escritos, terminó en Venecia en una debacle en la que el vicio y la locura no bastaron para ahogar hasta el último segundo, la eterna queja lastimosa contra el mundo que el desgraciado Rolfe compartía con quien le quisiera escuchar o lanzaba al cielo cuando la soledad se convirtió en su única confidente.

Sus contradicciones fueron incontables. Su odio por los católicos no le impidió relacionarse en gran medida sólo con ellos, su ambición y excesos le hacían perder la confianza de aquellos que podían ayudarlo y, en última instancia, el odio de Rolfe siempre acababa por volverse contra quienes más podían o querían ayudarle. Este odio tampoco le impedía, una vez rotas las relaciones con antiguos colaboradores a quienes acusaba de las peores villanías, recurrir nuevamente a ellos mediante cartas lastimosas en las que se ofrecía a olvidar las heridas inflingidas mediante la entrega de dinero o favores similares.

Symons, hijo de su tiempo y de una sociedad excesivamente imbuida del ideal victoriano, considera la homosexualidad reprimida de Rolfe el motor de su errática y desgraciada vida. Quizá se trate simplemente de que sus problemas psicológicos encontraron la forma de aflorar de forma manifiesta a raíz de diversos episodios críticos que condicionaron su relación con el resto de seres humanos y la visión que de sí mismo tenía. Para salvar esta contradicción elaboró su propia teoría en función de la cuál, su desgraciada vida tomaba sentido por el alto fin al que estaba destinado. Todos cuantos se opusieran a él lo hacían con el fin de impedirle su culminación, en una especie de conspiración general contra su persona. Esta farsa le permitió salir adelante de las numerosas crisis que conoció en su vida y le ayudó a no perder nunca la fe en sí mismo.

La vida de Rolfe sólo puede inspirar lástima en nuestros días, pero la imagen de un ser que lucha por aquello en lo que cree, que es capaz de superar todas sus limitaciones convencido de su propia genialidad, es el arquetipo del artista romántico, un solitario enfrentado al mundo que se niega a reconocer su talento contra toda evidencia. El modo en el que Symons nos lo presenta, gradualmente, haciéndonos partícipes de sus propios avances en la investigación, nos aventuran en un largo proceso de interiorización de la peculiar mente del barón. Todo ello permite afirmar que la lectura de este libro es una “lectura experimental” parodiando a su autor de la que todo amante de la buena literatura debería tener noticia.

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El mundo (Juan José Millás)

El Mundo

Juan José Millás.

Premio Planeta 2007.

 

Cuando uno empieza aun libro de Juan José Millas cuenta al menos con la garantía de que la novela va a estar bien escrita. Y este último Premio Planeta no defrauda en ese sentido. El libro está bien planteado, bien llevado, y como la tipografía es de las que agradece la vista, las doscientas páginas se disfrutan con gusto.

Si me permiten el símil gastronómico, es una obra del tipo queso de Burgos, que difícilmente encontrará paladar que la rechace. Y alimentar, alimenta.

En cuanto a lo que nos relata Millás, supongo que el éxito del empeño dependerá mucho de la sensibilidad del lector, pero está claro que trataba de componer un libro empático, una de esas obras sentimentales, al borde del kitsch, donde las reacciones son obligatorias, las emociones forzosas, y la respuesta emocional del lector se impone casi por prescripción facultativa.

Y aún así, el libro está logrado. Tal vez demasiado cerca de las cenizas de Ángela, de Frank Mc Court, pero sin el tremendismo de la vida irlandesa. Posiblemente demasiado próxima a veces de algunos de los móviles, de los recursos de trama, e incluso de las anécdotas y los fetiches del irlandés, pero donde McCourt nos habla de profunda miseria, hambruna y patetismo, Millás lo suaviza para contarnos lo que fue el frío interior y exterior de ina infancia casi desafecta, surrealista, que justifica por retorcidos vericuetos los posteriores devenires creativos del autor.

Los personajes son vagorosos y afantasmados, como su existencia, un tanto gris, pero aún asís e mantienen perfectamente sobre las tablas, conduciendo un hilo narrativo que va y viene en el tiempo entre los estupores del pasado y las manías del presente.

Quizás la mejor virtud del texto sea su mesura, la calculada contención de sus críticas y la exquisita construcción de los personajes, todos al borde del colapso, pero supervivientes, hasta los muertos, en la gloria triunfante de un recuerdo entre lo afectuoso y lo ceñudo, sin llegar nunca al resentimiento a que tan acostumbrados nos tienen otros autores.

Millás critica pero no maldice. Millás describe desde su óptica personal, personalísima, una época, un ambiente humano y social, y un escenario casi kafkiano en ocasiones, pero tiene el buen tiento de dejar que sea el lector quien pronuncie el veredicto.

La novela, en suma, gustará a los lectores de Millás, y a los que no habiéndolo sido antes se consideren aficionados al intimismo.

Y el tendero, memorable. Por supuesto.

 

Javier Pérez

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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Puntas de lanza que iluminan de golpe (Alejandro Campos Oliver)

Leo Minicrónicas del listón y otros cuentos, (Colección Nuevas Crónicas, Editorial Nido de Cuervos, Lima, Perú, 2007) de la que conozco más como poeta errante: Lina Zerón. El libro, sobria y cuidadosamente editado, presume una segunda edición en menos de 3 meses. La primera sección, Minicrónicas del listón son una serie de estos cuentos vertiginosos, proteicos, heterogéneos que tanta afinidad tienen para la velocidad-lectura que delimita la vida cotidiana de las grandes ciudades.

Yo, comienzo a regocijarme con ojeadas de brincos a vuelo de pájaro en sus páginas y entre risas y pensamientos de digestión que ocasiona cada “ficción súbita”. Veo la lectura fragmentaria que la gente hace del periódico que regalan en el metro. Entiendo porque esta modalidad narrativa que tienen una hilera de nombres (minificción, ultracorto, brevísimos, textículo…) tiene tanto éxito y vitalidad hoy día.

Los “relámpagos” de Lina se inscriben demostrando porqué desde de la segunda mitad del siglo pasado son preferidos por los autores para abonar en los senderos de la crítica, la ironía, el humor y la sátira. Sus “retazos” no sólo evidencian una habilidad estilística depurada, sino esa intensidad expresiva y concisión de poeta oficiosa. Fronterizos con  la noticia periodística sigo leyendo.Trato de inquirir si Lina disfruta más mientras escribe o cuando los lee ante sus auditorios numerosos siempre atentos. Leo con espíritu de gozo dialogado. Y mientras el “relato vertiginoso” “Declaración absurda” me deja pensando, yo he pasado la estación donde tenía que hacer mi caída. Arriba, la lluvia me obliga a tomar taxi.

Llego a casa. Corroboro que en la página 17 comienzan los que remiten a este sabor sui generis de nuestra asqueante política mexicana. La inseguridad, la pobreza, y otros grandes hitos de nuestra “república democrática” son registrados en estos “híbridos literarios” donde “Sellos confusos” me hizo salivar con abundancia. Leo: “Por decreto de la Secretaría de Gobierno del Estado de Puebla queda prohibida la venta de los sellos postales que se emitieron con la fotografía del Gober Precioso, para evitar que los ciudadanos continúen confundiéndose al no saber de qué lado de la estampilla echar la saliva”.

El efecto súbito que producen algunas de sus “viñetas” es para reírse a boca tendida, verbigracia: “Cita a ciegas” o “Inquisitivo”. En la elucubración de un origen que le da vuelta de sombrilla por completo a nuestras creencias, sobresalen: “Jardinero inteligente” y “De suerte”.

“Entre almohadas” y “Maquillaje Perfecto” pueden decirnos porqué la actual creación literaria tiende a esfumar las fronteras entre género y género, por ejemplo: prosa y poesía. “Duda de color” podría ser incluso un microensayo. Otros de sus “microrelatos” nos muestran los mecanismos tradicionales que sustentan a los exitosos “cuentos cortos”: dualidad soñador-soñado, mundo real-mundo soñado, imagen real-imagen especular, la historia-el revés de la historia, el tiempo-la inversión del tiempo, etc.

Cuando leo emocionado algunos “minicuentos” a un amigo, veo triste que, cuando se trata de intertextos, de referentes literarios, brechas generacionales o tecnicismos  “los retazos” exigen cierta erudición literaria o al menos lectores refinados. Lo mismo debió suceder a los lectores Limeños frente a la falta de las referencias político-sociales de nuestro país. Llego a la conclusión entonces de que el estado de la literatura entre nuestra población puede ser el resultado más próximo a ser un indicador de nuestra “calidad educativa”. Desvarío un poco más, pero continúo leyendo.

Lo que sigue lo urdiría un día después en una sola sentada: La segunda sección del libro “Otros cuentos” la integran cuentos ya no tan cortos, digamos que ya hay cuentos superiores a las 400 palabras. Inician dos cuentos “El velorio” y “La luna en subasta”  estos no serán los únicos que exploran ese realismo mágico de códigos narrados de mundos que se convierten en ficciones que nos atrapan y uno no duda que ello suceda. Lina nos recuerda porqué los maestros del relato corto han sido y son los hispanoamericanos, superando, incluso a los autores en lengua inglesa. Lectora voraz de los autores del Boom Latinoamericano, la autora sabe la importancia de dejar ese agradable sabor agridulce del final inesperado.

“Boquita chiquita” nos enseña cuándo es considerable pensar en una cirugía plástica. “Hierba buena” nos muestra cómo es que una mujer puede volar como “mariposa en éxodo”, “El teléfono” consigue dejar una impresión persistente de interrogantes en el lector, antes y después de que la niña de aquella historia caiga como “flor sin tallo sobre el pavimento”. “En la telaraña de su pelo” evidencia la importancia de recordar los consejos del abuelo, sobre todo si de mujeres se trata. En “Tiro de gracia” se hilvana las palabras como en  una balsa de aceite y tiene un fin que hubieran deseado los amigos de Sócrates.

“Galería nocturna” es una bella historia de una musa -bidimensional de día y tridimensional de noche- y un pintor en que un día, harían sin saberlo “como nunca y como siempre” por última vez el amor. “La boutique del amor” ejemplifica la vacuidad en la que tenemos a un abismal concepto como lo es el amor. “Las primeras vacaciones” y “Mucho macho” me hace recordar porqué Cortázar apuntaba que un cuento es significativo “cuando quiebra sus propios límites con una explosión de energía que ilumina bruscamente algo que va mucho más allá de la pequeña y a veces miserable anécdota que cuenta”; Lina sabe que la ingenua  intención de escribir, esa conmoción que motiva el origen del cuento es insuficiente, su estilo subyuga al lector con alevosía.

“Palabras exactas” aguijonea en sus primeros renglones con sus analogías que atrapan de zarpazo. Es la historia fractal de un escritor que ha extraviado su inspiración, y busca por lo menos “crear una frase que mueva la montaña de la literatura”. Un joven prosista le enseña que la buena literatura, para hacerla hay que sentirla-vivirla, pero talvez lo importante sea que nos muestra como “La ficción es una reflexión sobre el mundo hecha a través de lo simbólico… La ficción es la primera sabiduría consciente de la humanidad, la primera manera de explicar la realidad” (José María Merino dixit). Y en este juego de realidades alternas que dejan asomar con frecuencia las atmósferas mágicas de Lina, logra condensar la verticalidad y horizontalidad del espacio en tensiones atmosféricas que cierran en cuentos efectivos y memorables.

En “Raíces de dolor” y “Crónica de una operación anunciada” expone su claridad entre el equilibrio de escribir y crear una prosa con motivos. Intuyo que en estos dos hay mucho de experiencia vital directa de la autora. “Enferma de mar” refiere los sueños de una cubana y sus andanzas por París, de una mujer que el mar poseía como a veces lo hace el viento a las flores del campo.

“Marido y mujer” sobresale y brilla por sí mismo. Merece mención aparte. Uno sencillamente termina aplaudiendo de pie este texto al finalizar su lectura. Todo su recorrido deja espacios de alta degustación estética, para el asombro e incluso para la meditación. Matizada de imágenes pasmosamente originales y donde los personajes tienen voz propia. El bulbo de la cuestión es que no sólo atrapa al lector desde el primero párrafo y no nos suelta hasta el final; o que parta y desarrolle el discurso en un punto interesante, álgido, sino que sus textos dejan heridas. Remueven el interior.

“Del color las piedras” también es espléndido ejemplo de su narrativa. Los psicoanalistas gozarán en sus intrincados símbolos. Deberían sencillamente, hacer un largometraje de él. Este cuento, el más extenso y el último del libro, también merece comentario aparte. Sólo destacaré que color verde debería leerse en todos los cuarteles militares del mundo y que color rojo es en verdad excitante…

La unidad de impresión que logra cada cuento de Lina Zerón nos deja efectos que iluminan de golpe. Uno sencillamente ríe, goza, sufre, teme, se excita, y habrá quien hasta se indigne. Pero ese es el éxito literario. Cada palabra, cada sustantivo, cada gesto están dibujados a su medida. Nos sumerge en un conflicto, en lugares inhóspitos, extraños, en situaciones tabú, religiosas, o donde uno sencillamente se siente incómodo, despistado. Sus cuentos son punta de lanza para derribar o cuestionar creencias, ideas, actitudes, funciones. Nos brindan a la sed de la experiencia, la riqueza de un basto contorno imaginativo. Su literatura es una caja de Pandora que despierta diversos latidos íntimos, donde encontramos cuentos vigorosos que cubren historias en poco tiempo, aportando novedad al lenguaje, originalidad, lograda verosimilitud. Donde lo nuevo y extraño se atreven a caminar por ciénagas, en el filo de lo posible e imposible, en la recreación y degustación literaria.

Lina Zerón hace al lector adicto a sus letras. Estoy seguro que más de cinco de sus cuentos sobrevivirán por la carrera del tiempo. Porque cuando uno se asombra con lecturas como estas siempre las tiene en la punta de la lengua para recomendarlas a un amigo. Eso sucede ahora en Perú. ¿Sucederá lo mismo aquí?

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