En mi lectura, el narrador inicia la historia como un individuo que va a contar su vida y de pronto la desdobla y hace que su yo se bifurque en dos posibilidades de sí mismo, su yo y su alter ego. Es decir, la del novelista-idealista, pero extremamente tímido, Portillo, un “Soñador que no domina el absurdo arte de la felicidad”, al que trata con deferencia a pesar de su vida miserable de inacción, y la del poeta, Montero, aparentemente triunfante, dueño del mundo y de las mujeres, pero fatuo, falso, violento, infiel y excesivamente orgulloso, que se contrapone, en todas las facetas posibles, al primero. En el fondo ambos son la misma persona que se desdobla en dos para permitirle al escritor el análisis de lo qué hubiera pasado si este hombre tímido hubiera decidido hacer lo que hizo su alter ego. Sin embargo, es importante recalcar que el narrador se ensaña con Montero. Al narrador no le gusta el personaje Montero. Montero no piensa, Portillo, sí.
Con esta novela, Carlos Calderón demuestra la madurez que corresponde a su edad como narrador. Es decir, es una novela que corresponde a hombre ya cuajado, un hombre que ha experimentado una vida completa y ha sacado conclusiones que son le son importantes.
De todas maneras, Montero es un personaje totalmente creíble, conozco varios Monteros en la vida real, con los cuales alterné en el Perú de los 70 y los 80, período de tiempo en que viví allí. Pero Montero representa el otro tipo de inacción frente al arte. En el libro, Montero prefiere la inacción en el arte, en la literatura o en todo caso en la poesía que era su territorio, y se dedica a la búsqueda del dinero y el poder, con el único objeto de usufructuarlos y disfrutar de sus beneficios o consecuencias, en lugar de continuar la lucha y hacer realidad las premoniciones que tenía de ser un gran poeta. Los dos, Portillo y Montero abandonan su amor por la literatura (desde diferentes perspectivas), y se niegan a vivirlo plenamente, con todas sus consecuencias positivas y negativas. Sin embargo, es bueno aclarar que Montero tiene, al final de la novela, un chispazo de redención, cuando después de una inmensa borrachera y sintiéndose al borde de la muerte, busca una hoja de papel para escribir un poema.
Publicada en Lima, por la Editorial de la Universidad Mayor de San Marcos
Carlos Calderón Fajardo: Juliaca 1946; Sociólogo (PUCP); Maestría en Francia.
Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia
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TÍTULO=»LA SEGUNDA VISITA DE WILLIAM BOURROGHS (Carlos Calderón Fajardo) Lima, Pe»
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