William Robertson

Nació el 19 de sep­tiembre de 1721 en Borthwick (Midlothian) y murió en Grange House (Edimburgo) el 11 de junio de 1793. Estudió en la universi­dad de Edimburgo y llegó a ministro de la Iglesia escocesa. Como miembro de la asam­blea general presbiteriana estuvo al frente del partido moderado. En el año 1743 obtuvo el beneficio de Gladsmuir, y en 1745 luchó como voluntario contra la invasión de Car­los Stuart. En 1753 contrajo matrimonio con su prima Mary Nisbet, de la que tuvo cin­co hijos. Ingresado en 1754 en la «Select Society», recibió numerosos cargos y hono­res, entre ellos los nombramientos de doctor de la Universidad de Edimburgo.

(1758), capellán del castillo de Stirling (1759) y de S. M. en Escocia (1761), jefe de la «Ge­neral Assembly», e historiador real, a par­tir de 1763, con un estipendio anual de dos­cientas libras esterlinas. Entre sus numerosos textos históricos destaca su obra maes­tra, la Historia de Escocia (1759, v.), ba­sada en una cuidadosa recopilación de los hechos y escrita con una amplitud de cri­terio que mereció los elogios de Edmund Burke y David Hume; el libro, empero, sus­citó vivas polémicas en cuanto a la presen­tación de María Estuardo. Parecida impor­tancia ofrece la Historia del reinado del emperador Carlos V (1769, v.), singular­mente notable por su brillante introducción, en la que el autor lleva a cabo una sínte­sis audaz sobre la evolución de la sociedad europea desde el final del Imperio romano hasta el siglo XVI, y traza la primera des­cripción orgánica de la Edad Media, con sus complejos contrastes políticos y religio­sos.

Robertson escribió, además, la History of the Discovery and Settlement of America (1777), primera exposición inglesa favorable a la colonización española del Nuevo Mundo, y una Historical Disquisition concerning the Knowledge which the Ancients had of In­dia (1791), ensayo acerca de la civilización india. Admirado por la escrupulosidad de sus investigaciones y la equidad de los jui­cios, y ampliamente leído, nuestro autor se aproxima a Hume en cuanto a método y estilo, siquiera el tono de sus obras resulte animado y también más asequible a la mentalidad media.

F. Mei