Nació en Mantua el 8 de noviembre de 1491 y murió en Campese (Bassano del Grappa) el 9 de diciembre de 1544. Su nombre de pila era Jerónimo; adoptó el de Teófilo al ingresar en el monasterio benedictino de S. Benedetto Po, a los veintitrés años.
En general, toda la vida de Folengo aparece un tanto oscura. Parece haber estudiado en Padua, cuya tradición goliardesca debió de inspirarle Baldo (v.). En 1518, por divergencias con sus compañeros de religión, abandonó el cenobio donde se hallaba y pasó a otro cercano a Brescia. Sin embargo, seis años después dejó la vida conventual y se ganó el sustento como preceptor de familias nobles.
En 1534, empero, abrazó nuevamente el estado religioso y, llegado al cargo de prior, estuvo en diversos monasterios de Italia. La obra de Folengo, que ha dado celebridad al seudónimo «Merlin Cocaio», pertenece en conjunto a la «poesía macarrónica»; no obstante, nuestro autor no es el creador de este género, sino su mayor representante.
Oscuros y remotos son sus orígenes; humorística deformación del lenguaje para expresar imágenes comunes con formas sólo aparentemente solemnes, o sea, en resumen, alegre profanación cultural, pudo haber nacido en los ocios de cualquier ambiente estudiantil, puesto que, por otra parte, ya en la Edad Media se encuentran ejemplos del género en algunos medios universitarios de la Europa Central.
Con sus textos — Baldo, la obra maestra; La mosqueida (v.), Zanitonélla (v.), El caos del Tresporuno (v.), Orlandino (v.), Epigramas (v.), etc.—, Folengo le confirió una alta dignidad y convirtió en lenguaje poético una jerga burlesca. Otro aspecto de su inspiración es la poesía religiosa, anunciada ya en El caos del Tresporuno, pero no exenta de motivos satíricos hasta Acto de la Pinta (v.), La palermitana (v.), Hagiomaquia (v.) y, singularmente, La Humanidad del Hijo de Dios (v.), en la que su piadoso afán presenta los matices más sinceros y reales.
F. Giannessi

