Sir Henry Morton Stanley

Nació en Denbigh (Gales) el 10 de junio de 1841 y murió en Londres el 10 de mayo de 1904. Hasta 1859 fue conocido con el nombre de John Rowlands. Tuvo una infancia difícil. Tra­tado con dureza por sus padres e incluso encerrado en una casa de corrección, logró huir a los quince años. En 1859 llegó a América, donde fue adoptado por un comerciante al cual conoció en Nueva Orleáns y que le dio su nombre. Estallada la gue­rra civil, participó en ella, y combatió pri­meramente en las filas de los confederados, y luego, hecho prisionero por el enemigo, ingresó en las de la Unión. Terminado el conflicto bélico, inclinóse al periodismo y fue enviado especial del New York Herald. Aficionado a los viajes y atraído por las aventuras, dirigió en 1869 una expedición que partió hacia el África en busca del misionero escocés David Livingstone, a quien halló en 1871 en Ujiji; con él exploró el lago Tanganika. De tal empresa dio una amplia información en el libro Cómo encon­tré a Livingstone (1872, v.).

Tras la muer­te del escocés (1873), cuyo valioso material, contenido en los diarios y las cartas, reu­nió y llevó a Londres, prosiguió su obra luchando contra la esclavitud y realizando otras exploraciones. En 1874 volvió al Áfri­ca, donde permaneció hasta 1877; gracias al apoyo económico de Bennett y lord Burnham, director del Daily Telegraph, llevó a cabo las expediciones más importantes de cuantas se hayan efectuado por el Conti­nente Negro, trascendentales no sólo en cuanto al punto de vista geográfico, sino también por su relación con la política y la economía del ámbito africano del impe­rialismo. Se deben a Stanley el conocimiento de las fuentes del Nilo y de los lagos Victoria Nyanza y Tanganika, y la navegación por el río Congo hasta el mar. La historia de tales empresas, llevadas a cabo entre graves difi­cultades, aparece narrada en el volumen A través del Continente Negro [Through the Dark Continent, 1878], Enviado por el go­bierno belga, regresó al África en 1879 y permaneció durante cinco años en el Con­go, donde hizo construir caminos y bases y estableció líneas de navegación fluvial; fruto de su obra fue el Estado Libre del Congo.

Refiere la historia de este aconte­cimiento el libro titulado precisamente El Congo y la fundación de su Estado Libre (1885, v.). En el volumen En el África más tenebrosa (1890, v.) narró Stanley, en cam­bio, las aventuras de sus viajes a las re­giones ecuatoriales, realizados para el esta­blecimiento en ellas de un protectorado in­glés. Recibido con grandes honores a su regreso a Inglaterra, y tras dar un ciclo de conferencias en Australia y América, reco­bró la ciudadanía británica y fue elegido miembro del Parlamento en 1895. A partir de 1897, tras su última expedición al África, no se alejó ya de Inglaterra. Puso fin a su actividad de escritor con la publicación de otros dos libros: Mis primeros viajes y mis aventuras en América y Asia [My Early Travels and Adventures in America and Asia, 1895] y A través del África meridio­nal [Through South Africa, 1898]. Más bien que a la producción literaria, la fama de Stanley queda vinculada a las empresas que llevó a cabo, que le convierten en el más impor­tante de los exploradores africanos. Posee­dor de una voluntad tenaz y apoyado en sólidos principios morales, realizó a con­ciencia en África una misión propia de sen­tido cultural y cristiano.

L. R. Lind