Nacido en Montepulciano in Val di Chiana el 4 de octubre de 1542 y m. en Roma el 7 de septiembre de 1621. Fue sobrino del papa Marcelo II, y figuró entre los primeros discípulos del colegio establecido en Montepulciano por el padre Laínez, sucesor de San Ignacio de Loyola en el generalato de la Compañía de Jesús. Posteriormente ingresó en ésta (1560), y cursó filosofía en el Colegio Romano.
Inició luego en la Universidad de Padua los estudios de teología, que al cabo de un año prosiguió en la de Lovaina, baluarte avanzado contra el protestantismo. Todavía estudiante sostuvo polémicas con Bayo (v.), profesor de esta universidad, que simpatizaba con algunas doctrinas condenadas por la Santa Sede.
Enseñó después durante once años en Roma; aquí desempeñó magistralmente una cátedra especial del Colegio Romano destinada a exponer y criticar las corrientes doctrinales de allende los Alpes. Fruto de esta labor fue la obra maestra de Belarmino Controversias del Cristianismo contra los herejes de este tiempo (v.).
Formó parte de la legación enviada por Sixto V a Francia con motivo de las luchas entre la Liga Católica y Enrique de Navarra; luego ocupó diversos cargos en la Compañía, y, finalmente, Clemente VIII le otorgó la púrpura cardenalicia.
Consejero íntimo del Papa, hizo a éste algunas observaciones acerca del nepotismo que no agradaron a ciertos prelados de la corte pontificia, por lo que, muy a su gusto, fue alejado de Roma con el nombramiento de arzobispo de Capua.
Vuelto a la Ciudad Eterna, conoció a Galileo, de cuyas teorías mostróse partidario. Más tarde, empero, se produjo la infausta polémica sobre la cuestión heliocéntrica y la interpretación de la Sagrada Escritura. Acerca de ello Belarmino dijo que las discrepancias no debían resolverse negando lo demostrable, sino más bien confesando posibles deficiencias en la interpretación de la Sagrada Escritura.
Sea como fuere, el Santo Oficio pronunció en 1616 la condena de la doctrina de Copérnico, y el cardenal recibió el encargo de comunicarla a Galileo. En los últimos años de su vida Belarmino compuso algunos tratados de ascética. Andando el tiempo, fue declarado santo y doctor de la Iglesia.
C. Giacon

