San Policarpo de Esmima

Nació lo más tarde en 70 d. de C., dado que según Tertuliano y Eusebio fue discípulo de San Juan Evangelista (quien lo consagró obispo de Esmima), y murió hacia 156. Venerado por todas las comunidades de Asia Menor, fue a su vez maestro de San Ireneo y estuvo en relación con San Ignacio de Antioquía, a quien confortó y del que recibió una carta que ha llegado hasta nosotros. Hacia el año 155 marchó a Roma para defender, ante el papa Aniceto, la costumbre de las iglesias de Asia de celebrar la Pascua el día 14 del mes de Nisan, según el calenda­rio hebreo (costumbre «quattuordecimana»), aunque sin éxito. Probablemente en tal ocasión tuvo lugar su entrevista con Marción, al que se dirige Policarpo claramente llamán­dolo «primogénito de Satanás». Vuelto a su patria y habiendo estallado la persecución, según refiere el llamado Martyrium Polycarpi (en forma de carta de la Iglesia de Esmirna a la de Filomelio, redactada por un tal Marción, y sustancialmente auténtica, pese a algunos añadidos tardíos), se dejó convencer para que se refugiara en una casa de campo cerca de la ciudad.

Pero la traición de un criado hizo que cayera en manos del procónsul romano Estacio Quadrato. Invitado a renegar de Cristo, el an­ciano respondió que lo había servido con lealtad durante 86 años y que no tenía motivo para renegar de Él precisamente en aquel momento. El relato dice que fue colocado sobre la hoguera y que pronunció entonces una bellísima plegaria; como las llamas lo respetaran, fue muerto con una espada. Ireneo habla de varias obras suyas dirigidas a la Comunidad de Asia Menor; una de ellas ha llegado hasta nosotros (v. Epístola de Policarpo a los filipenses). La Vita Polycarpi de un tal Pionio (no el már­tir del año 250) es totalmente legendaria y redactada a finales del siglo IV.

C. Falconi