Saint-Pol-Roux

Llamado el Magní­fico  Seudónimo de Paul Roux. Poeta francés. Nació en Saint-Henri (Bouches-du-Rhône) el 15 de enero de 1861 y murió en Brest el 18 de octubre de 1940. Ingresó en el grupo de la Pléyade en 1886, en cuya fecha publicó un opúsculo de poesías, Le Bouc emissaire. Acogido por Rémy de Gourmont en el movi­miento simbolista, colabora en todas las revistas de la escuela, especialmente en L’Ermitage y en el Mercure de France. La espléndida ornamentación y la sonoridad de su estilo le valen entonces, según testi­monio de Francis de Miomandre, el sobrenombre de Saint-Pol-Roux el Magnífico. En 1893 aparece el primer volumen de su obra principal, Las estaciones de la procesión (v.), completada en 1901 por La Rose et les épines du chemin, y en 1907 por Les Féeries intérieurs, obras en las cuales aparece evi­dente la ruptura del poeta con los cánones del simbolismo y la conquista de una personalidad original.

Durante los años 1895-97 el poeta pasó una temporada en el bosque de las Ardenas, en Luxemburgo; entonces nació su fresco dramático La dama de la guadaña (v.), que apareció en 1899. Su mayor y único éxito económico lo obtendrá Saint-Pol-Roux con el libreto de la célebre ópera de Gustave Charpentier, Luisa (v.), en 1900. A partir de entonces se separa de los ce­náculos parisienses y va a buscar en Bre­taña un contacto con la naturaleza salvaje. En Roscaven, donde pasa algunos años, es­cribe dos dramas, La Dame en or y Les Pêcheurs de sardines; luego se establece en Camaret y allí manda edificar una casa. De 1903 datan las Antiguallas (v.). Al terminar la primera Guerra Mundial, Saint-Pol-Roux, que había pasado por el dolor de perder a uno de sus hijos, parecía completamente olvi­dado cuando fue objeto de un homenaje por los jóvenes surrealistas que lo procla­maron uno de sus maestros. Con todo no abandonó su soledad bretona; allí le sor­prendieron, en la noche del 23 al 24 de junio de 1940, los efectos de la segunda Guerra Mundial: un soldado alemán borracho forzó la puerta de su casa, mató a la criada del poeta e hirió gravemente a una de sus hijas.

Algunos meses más tarde la casa fue pasto de las llamas y en el incendio se perdieron muchos manuscritos inéditos. A los pocos meses Saint-Pol-Roux moría en el hospital de Brest. Durante largo tiempo nuestro autor no ha sido más que un personaje pintoresco y casi legendario de los medios literarios, y su re­habilitación como uno de los mejores poetas simbolistas es muy reciente. Se trata de un prestigioso imaginista. Pero la imagen, para Saint-Pol-Roux, posee una especie de valor místico. Afiliado a los rosacruces, nuestro poeta bus­ca la llave mágica del mundo, cree que «un corazón late en todo, aun en las piedras del camino». Su doctrina, el «ideorrealismo», formulada en la nota preliminar de las Es­taciones, constituye un hito de la historia de la poesía contemporánea: rebusca de la Idea a través de la Naturaleza, pero sin gran acompañamiento de reminiscencias li­brescas como sucede en tantos poetas de la escuela, y tampoco por intercesión de una metafísica y de una teología, como en el caso de Claudel. La imaginación por sí sola puede restituirnos, según Saint-Pol-Roux, la ver­dadera realidad reformada por el uso diario que ha reducido el mundo de las cosas a «una muestra del mundo de las ideas»; la imaginación desenfrenada y exaltada hace del poeta un descubridor del mundo, un «continuador» de Dios.

J. Patry