Nacido el 28 de enero de 1828 en Casteldidone (Cremona), m. el 16 de septiembre de 1920 en Mantua. Asumió la dirección de la filosofía y la cultura italianas en el último cuarto del siglo pasado, desarrollando de un modo original la tesis del positivismo.
Un profundo drama se escondía bajo la aparente serenidad y regularidad de su vida de estudioso: drama que se hace aparente en los episodios de su apostasía y de su tentativa de suicidio. De familia modesta, pudo realizar sus estudios en el seminario de Mantua y ordenarse sacerdote en 1851.
Después de haber profesado varias disciplinas en el seminario y de ser elevado al canonicato, se dedicó a la filosofía en un centro de enseñanza público. El problema de la relación entre la ciencia y la fe, enconado por el positivismo, le llevó a dar el gran paso.
La exaltación de Pomponazzi como librepensador ,en el famoso discurso de marzo de 1869, selló la ruptura doctrinal: protesta contra la definición de la infalibilidad pontificia (1870), ruptura disciplinaria.
Mientras tanto, había aparecido La psicología como ciencia positiva (v.), que contiene una formulación inequívoca de los puntos esenciales de su positivismo; junto con La formación natural en el hecho del sistema solar (v.), constituye la obra maestra de Ardigò Designado para la cátedra de Historia de la filosofía en la Universidad de Padua (1881), en esta ciudad vivió hasta 1909, siempre esquivo y modesto, dedicado a la enseñanza y al estudio.
Pero el clima filosófico había cambiado: idealismo e intuicionismo desplegaban una despiadada crítica contra las pretensiones de la ciencia y de la filosofía positivistas. Cada vez le parecía más imposible a Ardigò encontrar una justificación teórica a aquellos principios naturalistas en nombre de los cuales había combatido toda su vida.
La guerra de 1914 venía a extinguir las últimas ilusiones del optimismo cientifista. El viejo no lo soportó y atentó dos veces contra su propia vida. Moría a los 92 años : se había sobrevivido a sí mismo.
F. Amerio

