Pierre-Carlet de Chamblain de Marivaux

Nació el 4 de febrero de 1688 en París, donde murió el 12 de febrero de 1763. Su padre desempeñaba un modesto empleo en la ad­ministración de la Hacienda pública, me­diante el cual, sin embargo, aseguraba cierto desahogo económico a la familia. En Li­moges, a donde el progenitor fue trasladado desde Riom, el joven Marivaux relacionóse con los buenos ingenios de la ciudad. Atraído por la literatura, y con la inconciencia de los dieciocho años, compuso en pocos días, con motivo de una apuesta, una pieza en un acto y en verso, Le père prudent et équita­ble, en la que figuran ya en potencia sus principales ideas. En 1710 frecuentó asidua­mente, en París, la tertulia de la marquesa de Lambert y los teatros. Junto a Fontenelle y La Motte-Houdar participó en la «querelle des anciens et des modernes».

Además de criticar a los «antiguos» ridiculizó las elu­cubraciones amorosas de las preciosas en las tres novelas paródicas Pharsamon ou les Folies romanesques (1712), Les Aventures de XXX ou les Effets surprenants de la sym­pathie (1713) y La voiture embourbée (1714). Antes de encontrar su verdadero camino se permitió todavía un par de extravagancias literarias. A pesar de su desconocimiento del griego, escribió Iliade travestie (1717) e, inmediatamente después, Télémaque tra­vesti. Sus dotes de psicólogo y moralista aparecen singularmente en los artículos compuestos para Le Nouveau Mercure. El 7 de julio de 1717 contrajo matrimonio con Colombe Bologne de Sens, cuya dote se perdió tres años después en la bancarrota de Law. De ella tuvo hacia 1720 una hija, Colombe-Prospère.

Mientras tanto, escribió, en colaboración con el caballero de Saint- Jorry, una comedia representada sin éxito y hoy perdida. Mejor fortuna conoció Ar­lequin poli par l’amour, puesta en escena el 17 de octubre de 1720 por los cómicos ita­lianos. Dos meses después, Annibal, su única tragedia, no pasó de la tercera representa­ción. Por aquel entonces el autor atravesó dificultades económicas. Su obra maestra, La sorpresa del amor (v.), no apareció hasta dieciocho meses después; fue representada triunfalmente por los cómicos italianos el 3 de mayo de 1722. Al éxito dramático si­guió la publicación de varios ensayos reuni­dos bajo el título Le spectateur français, obra mucho más apreciada en Inglaterra que en Francia. La comedia en tres actos La doble inconstancia (v.), elegante y profunda al mismo tiempo, valió, el 6 de abril de 1723, un nuevo éxito a su autor y a los citados cómicos. Entre sus intérpretes figuraba Sil­via, graciosa actriz que Marivaux conoció con motivo de las representaciones de La sor­presa del amor; para ella escribió las comedias destinadas al Teatro Italiano. De creer el testimonio de Casanova, los senti­mientos del escritor respecto a ella fueron de mera amistad.

Sin embargo, en Le spec­tateur français Marivaux pone en labios de un interlocutor algunas reflexiones sobre la duración del amor conyugal que, escritas al cabo de cinco años de matrimonio, parecen una verdadera confesión: «Ante el altar se jura amor. ¿Qué significa, empero, este jura­mento? Nada más que la mera obligación de proceder como si el amor existiera, in­cluso cuando ha desaparecido ya; en las cosas del corazón no pueden hacerse prome­sas para siempre». Marivaux era de aspecto agra­dable; Silvia, graciosa, veíase maltratada por el marido, Mario Baletti. Probablemente, cuando los cómicos italianos representaban La double inconstance el autor y la actriz debieron de vivir el preludio de una doble infidelidad. Pocos detalles conocemos acer­ca de la vida íntima de Marivaux; ello nos obliga a buscarlos en las obras. Viudo en 1723, D’Alembert le presenta inconsolable; sin embargo, en 1725 escribió La seconde sur­prise de l’amour, en la que una viuda des­consolada empieza a amar a un hombre que lo está igualmente y se consuela con ella. M-, quien no había cumplido aún los cuarenta años, era demasiado joven para permanecer rigurosamente fiel a un recuer­do. En un primer tiempo, lo mismo que después de su viudez, estudia en todas sus comedias amorosas las sorpresas de los sen­timientos. Con posterioridad al luto, empe­ro, afloran en algunas de sus obras preo­cupaciones políticas, sociales y morales.

En L’île des esclaves el antagonismo entre las clases de la sociedad desaparece apenas los hombres introducen en sus relaciones el amor al prójimo. Acerca del mismo tema había escrito ya en Le spectateur français páginas que anuncian casi El contrato so­cial (v.); en realidad, Rousseau tomó con­sejo en Marivaux en 1742. La emancipación de las mujeres y la unión libre son los argumen­tos de L’île de la Raison, apología que ten­drá su continuación en La colonie. Con todo, el segundo de estos dos temas no debe hacernos creer que Marivaux despreciara los pre­ceptos de la Iglesia. Nuestro autor era bueno y caritativo, respetaba las normas cristia­nas y combatía brillantemente el espíritu de los futuros enciclopedistas. Su tempe­ramento indolente incitábale a abandonar¿ en apariencia, la defensa de las ideas auda­ces. Con todo, también sus comedias amo­rosas llevaban a la escena a muchachas o viudas inclinadas a disponer de sí mismas y de los respectivos corazones según su an­tojo (v. El juego del amor y del azar y Las falsas confidencias).

En el ámbito de la educación Marivaux aconsejaba enseñar a los ni­ños que la verdadera nobleza procede no de la cuna, sino de la elevación del alma; exhortó a los padres a ser amigos indul­gentes de su prole y no jueces severos en la corrección o tiranos en el ejercicio de su autoridad. De acuerdo con estos princi­pios educó a su propia hija, que hacia 1740 se mostró inclinada al ingreso en un con­vento. Probablemente, el padre debió de luchar contra esta idea con los mismos ar­gumentos de La vida de Mariana (v.), a pesar de lo cual no pudo disuadirla de su propósito. Según parece, Colombe-Prospère dejó a su padre porque sus sentimientos piadosos y su conciencia le aconsejaban se­pararse de él. Desde 1744, en efecto, Marivaux vivía en el Hôtel d’Auvergne, alquilado por Angélique-Gabrielle de la Chapelle Saint- Jean. A los cincuenta y seis años esta co­habitación puede juzgarse más bien unión libre que amistad casta.

Por otra parte, el escritor organizó así su propia vida sólo algunos meses después de su ingreso en la Academia (4 de febrero de 1743); ¿temía acaso que esta conducta irregular le resul­tara perjudicial ante los académicos de quienes aguardaba los votos, o a los ojos del arzobispo de Sens, el cual preparaba su recepción oficial? En 1753 hizo donación de sus bienes a Angélique-Gabrielle. Algunos años antes, en El campesino enriquecido (v.), había puesto en boca de su héroe Ja­cob, apuesto joven que aceptaba dinero de las mujeres, las siguientes palabras: «Complacíanme los ofrecimientos, pero me aver­gonzaba aceptarlos». En 1757 ambos fueron a vivir tras el Palais-Royal; en la nueva casa falleció Marivaux seis años después. Por la elegancia de su estilo y el conocimiento de la naturaleza humana, singularmente de las emociones femeninas, de que hizo gala en toda su producción, Marivaux merece ser llamado el Racine del siglo XVIII.

P. Gazagne