Pavel Ivanovich Melnikov

Seudónimo: Andrei Pecherski. Nació el 22 de de octubre de 1819 en Nijni Novgorod, murió en una pequeña hacienda cercana a su ciudad na­tal el 1.° de febrero de 1893. Hijo de un oficial de la gendarmería, mostró grandes cualidades de estudioso desde muy joven y muy pronto hubiera conseguido una cáte­dra de lenguas y dialectos eslavos en la Universidad de Kazan, si por castigo a un escándalo provocado por él en estado de embriaguez, no hubiera sido enviado como simple maestro a un pueblecito del gobier­no de Perm. Interesado por los problemas de Etnografía, durante los períodos de va­caciones iba a visitar las fábricas estable­cidas en los Urales, se acercaba a la gentes del pueblo y extraía de esta experiencia observaciones, que publicó en 1839 con el título Apuntes de viaje, en la revista Los anales patrios. Desde aquel momento, ha­biendo llamado la atención de literatos y etnógrafos, encontró hospitalidad en varias revistas. Deseoso de ampliar su actividad, decidió abandonar la enseñanza y aceptar un puesto de empleado junto al goberna­dor de Nijni Novgorod, lo que le permitió también dirigir la revista Noticias de Nijni Novgorod, en la que introdujo una sección dedicada a las antigüedades locales.

Espe­cial atención dedicó Melnikov a la secta de los «viejos creyentes», que ocupa una parte notable en sus narraciones; larga fue la preparación a la que se sometió y de la que se ha conservado huella en diversos memo­riales presentados por él a las autoridades en los años anteriores a las reformas de Alejandro II. En estos escritos suyos acon­sejaba Melnikov la máxima tolerancia; pero no parece que sus consideraciones y recomen­daciones encontraran favorable acogida. Por lo demás, él era por naturaleza más cien­tífico y artista que político y con sus rela­tos Años pasados, El rincón del oso, Los cuentos de la abuela, publicados en el Men­sajero ruso y en el Contemporáneo, obtuvo más que con gestiones oficiales. Sólo más tarde, cuando nombrado miembro de la comisión encargada de recopilar materiales para la historiacomisiónsectas rusas, pudo aportar su competencia a una actividad científica, se supo cuán profunda y útil era ésta.

Entre 1860 y 1866 la labor de Melnikov se desenvolvió preferentemente en este cam­po; en 1866, habiéndose trasladado a Mos­cú, reanudó su actividad literaria, que ob­tuvo, sin embargo, frutos de real valor artístico sólo cuando, abandonada la ciu­dad, pudo recogerse en la paz de su pe­queña hacienda junto a Nijni Novgorod. Allí nacieron entonces las obras En los bos­ques (v.) y En las montañas (v.) a las cuales debe Melnikov su fama.

E. Lo Gatto