Francisco Manuel de Melo

Nació en Lis­boa el 23 de noviembre de 1611, murió en la misma capital el 13 de octubre de 1667. De familia de la mejor nobleza portuguesa, recibió una cuidada educación humanística y a los diecisiete años emprendió la carrera de las armas bajo las banderas españolas. Esta carrera hizo de él un escritor bilingüe. En 1627 naufragó junto a S. Juan de Luz; en 1637 tomó parte en la represión de la revuelta de Évora y se encontró en 1639 en la batalla naval junto a Dover entre in­gleses y holandeses. Al año siguiente hizo la campaña contra la sublevación de Cata­luña, que describió después en la Historia de los movimientos, separación y guerra de Cataluña (v. Guerra de Cataluña), publi­cada en 1645 con el seudónimo de Clemente Libertino y considerada como obra clásica de la historiografía española. Durante la campaña catalana fue arrestado por sospe­charse de él que era partidario de la inde­pendencia portuguesa. Pero el mismo conde- duque de Olivares, que había ordenado su prisión, le dio la libertad cuatro meses después y le propuso como gobernador de Ostende. Melo optó por Portugal.

Libre y vuel­to a su patria se puso al servicio del nuevo rey Juan VI de Braganza, el cual le hizo arrestar en 1644 bajo la acusación de un delito (asesinato de un siervo) que algunos interpretaron románticamente como culpa de haber amado a la misma dama del rey. Liberado después de once años de dura cár­cel, durante los cuales escribió Melo muchas obras, entre las cuales un Tratado da Cien­cia cabala, fue desterrado al Brasil, de donde volvió tres años después por indulto de Alfonso VI, quien le confió diversas mi­siones diplomáticas en Roma, Inglaterra y París. Pasó los últimos años de su vida poniendo en orden y publicando sus obras. Amigo de Quevedo y admirador de Góngora, fue «conceptista» y defensor de los «mo­dernos», aunque sin romper con la tradi­ción del XVI: su obra enlaza con la poesía de Sá de Miranda y con el teatro de Gil Vicente. En su Carta de guía de casados, su primera obra en portugués, inspirada en la Perfecta casada (v.) de fray Luis de León, se muestra cauto, experto y agudo mora­lista. En la Epanaphoras de varia historia portugueza (1660), además de proporcionar­nos relaciones de gran interés histórico so­bre la revuelta de Évora, sobre el naufragio de la flota portuguesa en las costas de Francia y sobre la batalla del canal de la Man­cha, recoge también hechos curiosos de di­verso género, como la leyenda sobre el descubrimiento de la isla de Madera por obra de dos amantes ingleses: bosquejo idílico expresado con una sensibilidad que se diría prerromántica.

Las Cartas familiares (1664) confirman la elegancia de su estilo senten­cioso, agudo, pintoresco. Existen puntos de contacto entre el Auto do fidalgo aprendiz (Lyon, 1665), terminado de componer en 1646, y El burgués gentilhombre (v.) de Molière. En especial, las tres sabrosas es­cenas de esgrima, danza y poesía permiten suponer que Molière, cuya predilección por las obras ibéricas es bien conocida, hubiera conocido el «auto» de Melo, el cual se encon­traba en París en 1663 para tratar del ma­trimonio de una princesa francesa con el rey de Portugal. Sus poesías Las tres Musas del Melo dino (1649) y en especial las Obras métricas (v.) (1665) en español y portu­gués, además de incluir ejercicios poéticos conceptistas, comprenden poesías de gran elevación, como el Canto de Babilonia. En fin, los Apologos dialogaes (1721) consti­tuyen la obra de un agudo observador que, al reflejar las costumbres contemporáneas, deja entrever su amarga filosofía. En el Hospital das lettras, por último, intervie­nen Giusto Lipsio, Boccalini, Quevedo y el mismo Melo discutiendo y juzgando obras literarias de toda clase.

J. Prado Coelho