Paul Tannery

Nació en Nantes el día 20 de diciembre de 1843 y murió en París el 27 de noviembre de 1904. Realizados los estudios secundarios en la rama de la Filosofía, ma­triculóse a los diecisiete años en la École Polytéchnique, de la cual salió ingeniero de las manufacturas del Estado, empleo que ejerció durante toda su vida. Inmejorable conocedor de las lenguas antiguas (había estudiado también el hebreo), figuró entre los principales promotores de los estudios históricos de las Matemáticas, según los mé­todos filológicos modernos. Bajo la influen­cia de A. Comte, de quien fue siempre un fiel admirador, orientóse hacia la historia de las ciencias. En 1876 inició la publica­ción de una serie de artículos y trabajos diversos acerca de la ciencia griega que le valieron una reconocida autoridad, sobre todo entre los eruditos extranjeros; luego, sus estudios respecto de Diofanto inclina­ron su interés hacia uno de los más genia­les, siquiera lejanos, herederos de este gran cultivador de la aritmética, Pierre Fermât, y, con él, hacia los matemáticos franceses del siglo XVII.

Mantuvo amistosas relacio­nes con gran número de científicos, y reco­rrió las principales bibliotecas europeas, en las cuales descubrió y estudió valiosos ma­nuscritos. En 1900 consiguió ver dedicada en el Congreso Internacional de Historia Comparada, celebrado en París, una sección especial a la historia de las ciencias, de la cual fue luego nombrado presidente. Esta primera asamblea llevó a la creación de la Sociedad Internacional de Historia de las Ciencias, institución que publicó una re­vista general acerca de la materia en cues­tión. En 1884-85 dio un curso libre de His­toria de las matemáticas en la Sorbona, y en 1892 otro en el Collège de France, como suplente de Charles Levéque. Vacante en 1904, por la muerte de Pierre Lafitte, la cátedra de Historia general de la ciencia en esta última entidad, la asamblea de pro­fesores y la Academia de Ciencias desig­náronle por unanimidad como el candidato más idóneo para su desempeño; el minis­terio, empero, no admitió la propuesta y nombró catedrático al segundo en méritos, decisión que, además de amargar al poster­gado, provocó un verdadero escándalo en el mundo científico. Entre las obras de nues­tro autor cabe mencionar, singularmente, Pour l’histoire de la science hellène (1887),y la Géométrie grecque (1887).

Las nume­rosas y valiosas investigaciones de Tannery fue­ron reunidas, luego de su muerte, en una voluminosa edición integrada por doce to­mos y titulada Memorias científicas (v.). Además de notables textos matemáticos inéditos griegos, latinos y medievales, editó, para la «Bibliotheca scriptorum Graecorum et Romanorum Teubneriana», un conjunto crítico, perfecto desde todos los puntos de vista, de las obras de Diofanto (1893-95). Con Charles Henry dirigió la publicación de las obras completas de Fermat (1891-96). Lo mismo hizo con Charles Adam respecto de los textos cartesianos (1897-1904), pero falleció antes de haber llevado a cabo la importante edición.

L. Geymonat