Nikolai Ivanovich Novikov

Nació el 26 de abril de 1744 en la aldea de Advotin, en el gobierno de Moscú; murió en la misma localidad el 31 de julio de 1818. Pertene­ciente a una familia de propietarios acomo­dados, no terminó sus estudios comenzados en Moscú y prestó servicio en uno de los regimientos que más tarde elevaron al tro­no a Catalina II. Pronto comenzó a publi­car traducciones, narraciones y poesías (1768). Formó parte, a continuación, como uno de los compiladores de los protocolos, en la comisión creadacomisiónemperatriz para la redacción del nuevo Código; ello le hizo alejarse del servicio militar, que abandonó en 1768 para dedicarse a la acti­vidad periodística. Al año siguiente inicia­ba la publicación de la revista El Moscar­dón (v.), que sólo vivió dos años (1769-70); la vivacidad de los cuadros y la dureza de los juicios (especialmente contra la alta sociedad y la nobleza de la corte, afrance­sada) hacen de esta obra un documento cos­tumbrista de primer orden, tanto más im­portante cuanto que la revista mantuvo una polémica con la inspirada por la misma Catalina II: Vsjakaja vsjacina [Un poco de todo].

Consecuencia de la polémica fue la necesidad en que se vio Novikov de moderar su tono y después resignarse al silencio. En 1772 nacía una nueva revista, El pintor (v.), que tuvo un éxito clamoroso, pero que, por las mismas razones que habían redu­cido al silencio a El moscardón, hubo de convertirse en una publicación de artículos serios de carácter abstracto, sin notas satí­ricas y, sobre todo, sin aquellas alusiones al punto más doloroso de la vida social rusa, la servidumbre de la gleba, que había animado hasta entonces sus páginas. Con una tercera revista, Kcselek [El Portamo­nedas], publicada en 1744, volvía Novikov a la carga contra la galomanía; pero en este campo resultaron más eficaces las comedias de la época. Mientras tanto, emprendía con finalidades educativas ediciones diversas de carácter científico e histórico, volviendo a publicar antiguos textos con el título colec­tivo de «Antigua Biblioteca Rusa» (con la plena aprobación de la emperatriz, la cual permitió que los textos fueran extraídos de los archivos) y editando también un Ensayo de un vocabulario histórico de los escrito­res rusos, fuente todavía hoy preciosa para los historiadores del siglo XVIII.

Con éstas y otras muchas publicaciones, creó Novikov, por decirlo así, el público de lectores rusos. Organizador de escuelas, creador de una mísera tipografía de la que saldrá el arte tipográfico y editorial ruso, con seguridad hubiera creado toda una nueva atmósfera cultural si al sobrevenir la Revolución fran­cesa, que lanzó a Catalina II en el campo de la reacción, no hubiera sido interrum­pida su actividad por motivos imprevistos: se empezó, en efecto, a considerarlo peli­groso por su adhesión a la masonería, cosa que antes no le había estorbado en modo alguno. En 1791 fue clausurada su impren­ta y él mismo arrestado y encarcelado en la fortaleza de Schlüsselburg, donde permaneció hasta el advenimiento al trono de Pablo I, quien lo puso en libertad, como es sabido, no por su liberalismo, sino por aver­sión a todo lo que había hecho Catalina. Con la salud arruinada por cuatro años de cárcel, y entregado a meditaciones místi­cas, todavía vivió hasta 1818, pero ya se había sobrevivido a sí mismo.

E. Lo Gatto