Mimnermo de Colofón

Vivió a fines del siglo VII y comienzos del VI a. de C. y fue contemporáneo de Solón, unos años más joven que éste, como se deduce de la rec­tificación del poeta ateniense, en respuesta a un poema de Mimnermo en el que se pronosticaba a sí mismo que moriría a los sesenta años: «Cambia tu expresión y canta: Mi destino es morir a los ochenta años»; lo cual quiere decir que cuando Mimnermo no tenía todavía se­senta años, Solón debía haberlos cumplido con creces. Un eclipse de sol del que habla el poeta en un fragmento suyo fue induda­blemente el del año 585, predicho por Tales. Mimnermo fue un flautista de Colofón o, más pro­bablemente, de Esmirna; amó a una tocadora de flauta, llamada Nanno. Escribió Elegías (v.) y yambos; pero fue famoso sobre todo como poeta elegiaco. Con el título Nanno debían indicar los antiguos un grupo de elegías, o un libro de ellas o acaso un largo poema elegiaco; más tarde fueron coleccionadas aparte las elegías más breves que no tenían relación entre sí.

Se puede presumir que Nanno fuera un poema ele­giaco continuado, de tema histórico-mitoló­gico, en el que no escasearían las ocasiones para que el poeta expresara sus más íntimos sentimientos; tampoco se puede excluir que el nombre de Nanno fuera sólo un punto de referencia para servir de nexo de unión de materias muy variadas, como ya había hecho Hesiodo con el nombre de Perse y como hará Teógnidas con el de Cirno. Otra elegía titulada Smirneida habla entre otras cosas de la batalla librada entre los natura­les de Esmirna y los de Lidia en tiempos del rey Giges, hacia 680, es decir, tres gene­raciones antes de la vida del poeta. En uno de los fragmentos se elogia el valor de un guerrero que puso en fuga, a orillas del Hermos, a las falanges de caballeros lidios arrojándose rápidamente sobre ellos «como los rayos del sol»>: el tono es heroico y las expresiones son vigorosas, como las de Tirteo. Pero Mimnermo es sobre todo un poeta amo­roso. Y cuando pronostica su propia muerte quiere indicar que no podrá gozar ya de las dulzuras del amor. Hombres y mujeres aman la fugaz juventud, «breve como un sueño»; la vejez es un mal terrible, porque el viejo no se alegra siquiera de la luz del sol.

En los fragmentos, vuelve muchas veces sobre este tema y este lamento: dos males agobian al hombre, la vejez y la muerte; pero es preferible morir: tan llena de males está la vejez que hace al hombre deforme, despreciado, irrecognoscible. El amor sig­nifica para Mimnermo el placer sensual. Pero igual que en todo gran poeta del placer, la idea del goce se encuentra inexorablemente unida a la de su fugacidad: la alegría se convierte inmediatamente en melancolía y en dolor. Como Arquíloco, Mimnermo sacrifica la buena fama al placer: «Haz que tu ánimo goce; de los ciudadanos crueles unos hablarán bien de ti, otros mal». No es un pesimista absoluto, seco y escéptico, como Simónides, que con­denaba también la juventud; ama ardiente­mente la vida que para él es solamente goce. Mimnermo es un sensual cansado: también le pa­rece «cansancio» la cotidiana marcha del sol; pero no es cierto que compadezca al sol por su cansancio, como han interpretado a menudo los modernos: Mimnermo no es un pre­cursor del «dolor del mundo». Ni siquiera es un decadentista, como también se ha dicho. Es un gran, auténtico poeta, que ha expresado en dulcísimos e impecables ver­sos los sencillos y sinceros sentimientos de su corazón.

G. Perrotta