Michael Faraday

Nació en Newington, cerca de Londres, el 22 de septiembre de 1791 y murió en Hampton Court el 25 de agos­to de 1867.

Humilde encuadernador, sintióse atraído por las cuestiones científicas con ocasión de la lectura de un libro de Quí­mica y pudo asistir a las lecciones de Humphrey Davy, de quien luego fue auxiliar. Entre sus primeros experimentos resultan interesantes los de la licuefacción del protóxido de nitrógeno, del anhídrido carbó­nico, del cloro y de otros gases.

Faraday es uno de los fundadores de la Electroquímica; des­cubrió, en efecto las leyes cuantitativas de la electrólisis y, siguiendo el camino se­ñalado por las observaciones de Oersted, demostró la acción mecánica de los imanes sobre los conductores recorridos por la co­rriente. Estas experiencias que son el prin­cipal título de gloria de Faraday, le valieron en 1834 el ingreso en la Royal Society de Lon­dres.

En 1832 descubrió la existencia de las corrientes eléctricas inducidas y las cau­sas de tal fenómeno; este descubrimiento fue el origen de los generadores mecánicos de electricidad. Las investigaciones de Faraday acerca de la electrización y la magnetiza­ción por influencia y del poder de los die­léctricos le llevaron a concepciones genia­les; describió los espacios situados entre conductores e imanes como campos eléctri­cos y magnéticos, llenos de líneas y tubos de fuerza, y consideró lo que ocurre en ta­les campos como causa principal de todas las manifestaciones eléctricas.

Entre sus res­tantes descubrimientos cabe mencionar el de la acción rotatoria ejercida por los ima­nes sobre la luz polarizada, el del diamagnetismo, que comprobó en el bismuto, y el del primer fenómeno de magneto óptica, denominado precisamente «efecto de Faraday». El conjunto de sus geniales ideas cons­tituye la base de la ciencia eléctrica mo­derna.

Faraday perteneció a la Academia de Fran­cia y a las principales entidades académicas de Europa y América, y conoció honores y una gran popularidad en todo el mundo; además, su nombre es recordado continua­mente, por cuanto la unidad internacional de capacidad electrostática se denomina, en homenaje al sabio, faradio, y «faradización» la aplicación de la corriente inducida a fines terapéuticos.

La mayoría de sus tex­tos publicados como memorias en Philosophical Transactions de Londres fue reunida luego en los tres tomos de Investigaciones experimentales sobre la electricidad (v.). Faraday anotaba diariamente sus expe­riencias, de las que iba describiendo los métodos y los resultados; nació así un Dia­rio (v.), aparecido en siete volúmenes entre 1932 y 1936.

En 1845, Faraday rehusó la presi­dencia de la Royal Society, pero, gracias a la protección del príncipe consorte, terminó sus días sin penalidades en una casa de Hampton Court. Faraday es, en realidad, el fun­dador de la industria eléctrica, que, con la invención del transformador y de la dina­mo, abrió el campo a las aplicaciones más variadas de la inducción, desde el teléfono a la radiotelefonía, y que, con su teoría de la luz, debía llevar a Einstein a pensar de nuevo en el Universo.

A. Fadini