Margaret Munnerlyn Mitchell

Novelis­ta norteamericana. Nació en Atlanta (Georgia) en 1900, murió en la misma ciudad en 1949. Su padre era un notable abogado, presidente de la Sociedad de Historia de Atlanta; su madre y su hermano se interesaban tam­bién por los estudios históricos. En esta atmósfera la jovencita se apasionaba por los relatos de la guerra de Secesión. Mar­garet se educó primero en la escuela de su ciudad y luego en el Smith College, donde comenzó la carrera de Medicina. Pero la muerte de su madre cambió el rumbo de su vida al llevarla de nuevo al hogar junto a su padre y su hermano. Tras un período de ociosidad, se dedicó al periodismo y colabo­ró, en 1922, en el Atlanta Journal y en el Sunday Magazine; firmaba Peggy Mitchell y tuvo cierto éxito. En 1925 se casó con John R. March, director de publicidad de la Georgia Power C.°. En 1926 sufrió un acci­dente que le lastimó un pie; entonces em­pezó su novela destinada a ser famosa: Lo que el viento se llevó (1936). El libro fue redactado de manera caótica y desordenada.

La autora acumulaba episodios y más epi­sodios; cada día llegaban a sus manos nue­vos documentos cuyo contenido era incor­porado a la narración. Iba desarrollando el carácter de sus héroes y vivía sus vidas. H. S. Latham, vicepresidente de la impor­tante editorial Macmillan, estuvo en At­lanta en 1935 y vio aquel monumento extraordinario pero todavía informe; aceptó el libro en principio e impuso a la autora un plazo máximo para su terminación. La novela vio la luz en la primavera de 1936. El éxito fue fulminante y enorme —hubo días en que se vendieron 50 000 ejempla­res — y obtuvo el premio Pulitzer (1937). Lo que el viento se llevó fue rápidamente traducido a todos los idiomas e incluso en escritura Braille para ciegos. Se sacó de la novela una extensa película que recorrió triunfalmente el mundo (1940). Pero ni la gloria ni los millones cambiaron a Marga­ret M., quien seguía habitando la misma casa en Atlanta, llevaba una vida sencilla y contestaba con afabilidad las innumera­bles cartas que recibía diariamente.

Cuan­do se proyectó el film viose obligada a apa­recer en público, puesto que más de una impostora la había suplantado. Contaba cua­renta y nueve años cuando fue atrope­llada por un camión al atravesar con su marido una calle de Atlanta; cinco días después dejaba de existir. Era una mujer- cita de ojos azules, simpática y modesta, que solía decir: «Sé lo que es trabajar bien y entiendo de libros: el mío no me parece bueno». El éxito fabuloso de Lo que el viento se llevó (cerca de cuatro millones de ejemplares vendidos en los Estados Unidos en quince años), le impidió escribir otra obra; aparte su afortunada novela sólo dejó algunos artículos periodísticos.