Manuel Bretón de los Herreros

Nació en Quel (Logroño) el 19 de diciembre de 1796 y murió en Madrid el 8 de noviembre de 1873. Muy joven, todavía estudiante, luchó como voluntario en- la última etapa de la guerra de la Independencia, y vistió el uni­forme militar por espacio de diez años.

Luego desempeñó cargos administrativos en Játiva y Valencia; a partir de 1840 fue di­rector de la Imprenta Nacional, redactor jefe de La Gaceta luego de 1843, y desde 1847 director de la Biblioteca Nacional y secretario perpetuo de la Academia Espa­ñola, en la que había ingresado en 1837.

Asiduo concurrente a las reuniones del «Parnasillo», fue redactor y crítico teatral de muchas revistas, y, entre traducciones y originales, dejó unas 200 obras para la es­cena. En poesía experimentó la influencia de Meléndez Valdés. Satirizó las costumbres de la época en una epístola dirigida a Ven­tura de la Vega; se trata de una actitud  que mantuvo asimismo en el teatro, donde cabe percibir, junto con una gran capacidad de observación y afán de divertir, cierto carácter bonachón.

A pesar de hallarse en la plenitud del Romanticismo no acudió a los modelos dramáticos sino para destacar su aspecto ridículo; constituyen una excep­ción de ello sólo muy pocas obras y ciertos matices sentimentales de sus comedias. He­redero del costumbrismo de Larra, Meso­nero Romanos y Estébanez Calderón, des­cribió claramente la sociedad madrileña con­temporánea.

Por la intención didáctica y la sátira social carente de aspereza, Bretón ofrece puntos de contacto con Nicolás Fernández de Moratín. A veces sus obras recuerdan el sainete. Entre las más célebres cabe citar: Marcela o ¿cuál de los tres? (v.), Muérete y verás (v.), Un novio para la niña, La es­cuela del matrimonio (v.), Todo es farsa en este mundo (1835) y Un tercero en discordia.

Tradujo María Estuardo, de Schiller, y textos de Racine, Voltaire y otros autores. Resucitó antiguos dramas históricos, como Don Fernando el Emplazado, Vellido Dolfos, etc., y refundió obras de Lope de Vega, Alarcón, Calderón y otros. Su amistad con Espronceda y Nicasio Gallego contribuyó a depurar su gusto y a la formación de un estilo propio y original.

Gr. Savelli