Nacido quizá alrededor del 284 a. de C., m. hacia el 200; es el primer poeta latino conocido por nosotros.
Griego, de Tarento, fue llevado a Roma como esclavo, no se sabe en qué ocasión (o en el 272, todavía niño, cuando la guarnición dejada por Pirro en Tarento se rindió a los romanos, o unos treinta años más tarde), fue manumitido después y tomó, como era costumbre, el nombre de su dueño, un tal Livio Salinator.
En Roma enseñó letras griegas y latinas, fue actor y autor de «saturae» escénicas. Fue el primero que dio a conocer en Roma las obras maestras de la poesía griega. Para la traducción de la Odisea (v.), la más antigua obra de la literatura latina, Andrónico creó una lengua y un estilo poéticos, dio dignidad artística al verso popular latino, el saturnio, e interpretó con gusto y sentimiento romano el modelo griego.
Su ejemplo no fue olvidado, y hasta el comienzo de la época imperial la Odisea de Andrónico continuó siendo un texto clásico en las escuelas, aun cuando pareciera primitiva y prosaica. En el 240, Andrónico hizo representar, en lugar de la vieja «satura», el primero de sus Dramas (v.) traducidos del griego, para los cuales adoptó metros griegos: de esta fecha arranca la historia de la literatura latina.
Durante el período más crítico de la segunda guerra púnica, en el 207, Andrónico recibió el encargo de componer un himno propiciatorio, la más antigua composición lírica en lengua latina conocida por nosotros. De sus obras quedan escasísimos fragmentos, en total unas decenas de versos.
F. Codino

