Lü Pu-Wei (apelativo honorífico, Chung Fu)

Murió en 235 a. de C. Figura compleja e interesante del siglo III, fue mercader en su juventud; sin embargo, con sus métodos de «potlach», o sea su política astuta con­sistente en «ceder para obtener» («jang»), pudo conseguir los más altos cargos oficia­les. Dejó a la posteridad una obra muy importante denominada Lu Shih Ch’un Ch’iu (v.), que contiene, entre otras cosas, el ca­lendario administrativo del reino de Ch’in, adoptado luego por la dinastía. Se discute acerca del lugar de su nacimiento; algunos la sitúan en el estado de Wei, en tanto otros en el de Han. Sabemos con certeza, empero, que antes de 258 comerciaba en Han-tan, capital del estado de Chao. Allí conoció al príncipe I Jên, vigésimo hijo ilegítimo del de Ch’in, quien le había enviado a Chao como rehén. El príncipe en cuestión llegó a ser cliente de Lü Pu-Wei , el cual, buen calculador, sirvióse de él astutamente para elevar su propia posición. Y así, dirigióse a Ch’in y logró que la esposa del príncipe hereditario adoptase por hijo a I Jên.

Éste, mientras tanto, enamoróse de la esposa de L., quien se la cedió generosamente; sin embargo, la mujer se hallaba ya encinta, y, así, el varón que de ella nació, el futuro primer emperador de la dinastía Ch’in, era hijo del comerciante. Más tarde, los confucianos, enfurecidos por la destrucción de su literatura, llevada a cabo en 213 a. de C. por orden de Shih Huang Ti, desacreditaron al soberano acusándole con ironía de ser hijo de un mercader, profesión entonces menospreciada. Al suceder al príncipe he­reditario de Ch’in, I Jên recompensó a Lü con el cargo de primer ministro, y le confi­rió, además, el título de «chung fu» o se­gundo padre. El objetivo, pues, quedaba alcanzado. El ladino y despreocupado co­merciante, aprovechándose de su posición, se relacionaba secretamente con su antigua esposa, entonces reina madre, y, para faci­litar sus maniobras, introdujo en la cortea un hermoso joven, Lao Ai, como eunuco de la reina. Descubierta en 238 la intriga, este último fue muerto, la soberana deste­rrada, y Lü condenado a pena capital, que luego se le conmutó por el destierro a Honan. Allí se hizo nuevamente reo de trai­ción y fue enviado a Ssû ch’üan, donde puso fin a su extraña vida envenenándose.

B. Fedele