Lev Davydovitch Trotszky

(Su verda­dero nombre era Leiba Bronstein). Nació en una familia hebrea de la burguesía media en Janovka, cerca de Kerson (Ucrania), el 26 de octubre (7 de noviembre) de 1897, y murió en Coyoacán, en los alrededores de Ciudad de México, el 21 de agosto de 1940. Cursó la enseñanza secundaria y universitaria en Odessa. Detenido como revolucionario, pasó unos veinte meses en distintas cárceles, y fue desterrado a la Siberia oriental; pero logró huir en 1902 y marchó a Inglaterra provisto de un pasaporte falso con el nom­bre de Trotszky, denominación que en ade­lante habría de utilizar siempre. En Lon­dres conoció a Lenin, entabló amistad con Martov, Vera Zassulich, Akselrod y Plechanov, y colaboró en la publicación social- demócrata Iskra (Centella).

En 1903, asi­mismo en la capital inglesa, presenció la división del partido en minoría moderada (mencheviques) y mayoría intransigente (bolcheviques); al frente de la primera ten­dencia figuraba Martov, en tanto Lenin di­rigía la segunda. Los mencheviques tendían a la colaboración con la burguesía liberal contra el «ancien régime», y los bolchevi­ques se inspiraban en un «jacobinismo pro­letario». Trotszky permaneció al margen de ambas facciones. Lenin se dedicaba al estableci­miento de una organización fuertemente centralizada de revolucionarios profesiona­les, a la que asignó como objetivo, en el ámbito de la revolución, «la hegemonía del proletariado». Trotszky se opuso a tales fórmulas, y, en un texto actualmente perdido, mani­festó que, así concebida, la dictadura prole­taria iba a transformarse pronto en «dicta­dura sobre el proletariado».

Estallada la revolución de 1905, volvió a Rusia, donde fue uno de los promotores de la idea que propugnaba la constitución de asambleas obreras independientes de los partidos des­tinados al ejercicio de los poderes legisla­tivo y ejecutivo; de esta suerte se formó, compuesto por delegados de las oficinas y los sindicatos, el primer consejo de obreros, o «soviets», de San Petersburgo, del que Trotszky fue elegido presidente. Detenido junto con los restantes miembros del soviet, se le en­carceló en la fortaleza de Pedro y Pablo, y posteriormente en la prisión Crestzi. Condenado a la pérdida de los derechos civiles y a la deportación perpetua, fue desterrado a Tobolsk; no obstante, consiguió escapar poco después de su llegada a Siberia, y es­tablecióse en Viena, donde trabajó con Joffe como redactor de Pravda (Verdad) y co­laboró en el Arbeiter Zeitung. A estos años corresponde la elaboración por Trotszky de la teoría de la revolución permanente; de acuerdo con ella, el movimiento revolucio­nario burgués de Rusia, lejos de estabili­zarse, habría de llegar a ser inevitablemente socialista, bajo la acción de los obreros y campesinos, y provocar una revolución del mismo género en la Europa central y occi­dental.

Durante el período 1906-1914 Trotszky per­maneció ajeno tanto a los bolcheviques como o los mencheviques, y en el congreso de Copenhague (1910) defendió una tesis intermedia. En 1914 marchó, desde Viena, primeramente a Zurich y luego a París, donde colaboró con asiduidad en el periódico socialista ruso Nashé Slovo (Nuestra pa­labra). Adversario de todos los beligerantes durante la primera Guerra Mundial, en el año 1916 fue expulsado de Francia bajo la presión de la embajada rusa. Inglaterra, Ita­lia y Suiza le negaron el derecho de en­trada; detenido por las autoridades espa­ñolas al pasar la frontera, se le permitió, empero, embarcar en un puerto de España en un vapor destinado a los Estados Unidos. Llegó a Nueva York en los primeros días del mes de enero de 1917, y colaboró con Bucharin en la redacción de Novyi Mir (Nuevo Mundo). Al conocer el derrumbamiento del régimen zarista decidió regresar inmediata­mente a Rusia. No obstante, fue detenido en Halifax (Canadá), e internado hasta que el gobierno provisional ruso le reclamó.

Volvió de nuevo a su patria poco después de Lenin y Zinoviev, quienes habían lle­gado de Suiza a través de Alemania. Trotszky se unió a la política de los bolcheviques; pero no ingresó en el partido hasta julio de 1917. En la reunión de su comité central del 16 de octubre consideró, con Lenin, llegado el momento oportuno de la insurrección. El papel desempeñado por Trotszky en las históricas jomadas de aquel mes tuvo una gran im­portancia, apenas inferior a la de la actua­ción del mismo Lenin. Nombrado comisario de Negocios Extranjeros en el nuevo go­bierno soviético, marchó a Brest Litovsk para negociar el tratado de paz con Ale­mania. Ante las exorbitantes pretensiones alemanas dijo que Rusia no iba a firmar tales condiciones y se limitaría a desmovi­lizar y a considerar terminada la guerra; luego, empero, por temor a la posible ocu­pación alemana de Petrogrado, Lenin y Trotszky hubieron de aceptar una paz todavía más dura que la inicial.

Sustituido por Chicherin en su cargo, pasó a comisario de Guerra, y se dedicó a la organización del Ejército Rojo. Éste, que en mayo de 1918 contaba solamente con trescientos mil hombres, su­peraba ya los cinco millones a fines de 1920. Seguro de los defectos inherentes a la improvisación del arte militar, y también de la necesidad de una oficialidad supe­rior integrada por verdaderos técnicos, pro­curó obtener la cooperación de los oficia­les de carrera. Durante dos años y medio, hasta 1920, vivió en su tren de guerra; dirigióse, en el curso de la contienda civil, a los, lugares donde más falta hacían la ayuda y el aliento, y recorrió de cien a doscientos mil kilómetros. Ante Petrogrado, atacado por las tropas del general blanco Judenich, animó, a caballo, la resistencia de las fuerzas rojas.

Respecto de los obje­tivos de la guerra en Polonia mostróse en desacuerdo con Lenin, quien ordenó la marcha contra Varsovia; pero, tras los reve­ses del ejército soviético, reconoció el acierto de Trotszky en la proposición de unos objetivos más limitados. A lo largo de todo este período no dejó de considerar la Rusia de los soviets como vanguardia de la revo­lución alemana y europea. Durante una etapa de descanso pasada en el Cáucaso escribió Literatura y Revolución, libro en que calificó de absurda la fiscalización auto­ritaria de la literatura por el partido. Tras la muerte de Lenin, ocurrida el 21 de enero de 1924, compuso una semblanza del mismo. En octubre de este año escribió la intro­ducción Las lecciones de la insurrección de octubre.

El fallecimiento de aquél señaló, para Trotszky, el principio de un rápido ocaso po­lítico. La oposición entre él y Stalin se reveló inconciliable. Este último era un revolucionario jamás salido de Rusia, muy hábil en la intriga y en el trabajo de co­mité, prosaico y mediocre escritor y orador; el otro, en cambio, un ideólogo formado en Occidente y un hombre de masas, muy dotado tanto para la literatura como para la oratoria. Perdió muy pronto su cargo de comisario de Guerra, siéndole confiados otros de escasa importancia. En noviembre de 1927 fue expulsado del partido comunista, y en enero de 1928 desterrado a Verny, en el Turkestán. Prohibida su permanencia en territorio soviético el 20 de enero de 1929, dirigióse a la isla de Prinkipo, cerca de Constantinopla, después de haber pedido en vano asilo a Alemania e Inglaterra.

Este mismo año escribió su autobiografía Mi vida (v.) y en 1930 empezó la redacción de su Historia de la revolución misa (v.), en diversos tomos, así como de una biografía científica de Lenin. A partir de 1927 había figurado al frente del grupo opuesto a la política de Stalin, quien elevara a la categoría dogmática la idea según la cual sólo en un país resultaba posible el estableci­miento del socialismo. La izquierda trotszkista propugnaba, en cambio, un interna­cionalismo militante, y se oponía tanto al centro «burocrático y oportunista» repre­sentado por Stalin como a la derecha, dirigida por Bucharin, Rikov y Tomski. El gru­po de Trotszky criticó los métodos seguidos en la colectivización agrícola forzosa, que costó la vida a muchos millones de campesinos. Además llevó a cabo una de las luchas más encarnizadas contra la orientación dada por Stalin a la Internacional Comunista.

Cen­suró las exhortaciones de éste a los comu­nistas alemanes, según las cuales convenía oponerse primeramente a los socialdemócra- tas y luego a los nazis; Trotszky, en cambio, hubiera deseado un frente unido contra el nazismo, integrado por todas las fuerzas socialistas, y, además, criticó el apoyo pres­tado por la Internacional en China a Chiang Kai-Chek, general nacionalista que, una vez fortalecido, atacó a los comunistas chinos. Tras la llegada de Hitler al poder previo la proximidad de un segundo conflicto bélico mundial y el asalto alemán contra la Rusia soviética. En oposición a la tendencia staliniana de la Internacional fundó la cuarta organización de este nombre. De Turquía había pasado, mientras tanto, a Noruega; sin embargo, en 1936, y luego del primero de los grandes procesos de Moscú, el go­bierno ruso pidió y obtuvo de las autorida­des noruegas la expulsión de Trotszky, quien halló hospitalidad en México.

Su nombre viose unido al de todos los adversarios de Stalin envueltos en los grandes procesos de 1936-38; la acusación sostuvo su participación en un complot contra la vida de Stalin, sus re­laciones ocasionales con el servicio britá­nico de espionaje y, luego, con los agentes de la Alemania nazi y del Japón- No obs­tante, una comisión de encuesta integrada por eminentes personalidades americanas y presidida por el filósofo John Dewey termi­nó sus investigaciones con un dictamen completamente absolutorio. El 21 de agosto de 1940 Trotszky fue mortalmente herido, por sor­presa, en su residencia, próxicomisiónciudad de México, por un sicario stalinista que había logrado obtener la confianza de la víctima y de sus familiares. Entre los últi­mos y más significativos textos del político mencionaremos La revolución traicionada (1937) y una biografía de Stalin, incompleta.

E. Tagliacozzo