Léon-Paul Fargue

Nació el 4 de marzo de 1876 en París, donde murió el 29 de noviem­bre de 1947. Vivió cultivando la literatura y la inteligencia, en la contemplación de la soledad y bajo el signo de la concentración, de la que se libró a veces a través de la agudeza, lo barroco, lo pintoresco, el sueño y la evocación (Pour la musique, 1913), y atenuando con la simpatía la dura sátira.

Noctámbulo extasiado de París, atento a la percepción de los matices de la noche y las rebeliones del sentimiento ocioso, hombre de buen gusto y un tanto «snob», suscep­tible, hábil animador de una policroma ri­queza verbal inspirada en los vocabularios técnicos más raros y, sin embargo, no dis­puesto a confiarse al acaso, procuró esen­cialmente sentir y «poner orden en la pro­pia sensualidad» (Suite familière, 1928).

A la muerte de su padre, y luego de haber intentado sin éxito continuar su industria de cerámica y lámparas, empezó, alcanzada ya entonces la notoriedad, a escribir cró­nicas para los periódicos, textos destinados a la radio y presentaciones (Refuges, Dé­jeuners de soleil, 1942). Desde abril de 1943, paralizado a consecuencia de un ataque de hemiplejía, siguió soñando en los vaga­bundeos por París y renovando la gratitud hacia la vida y la sociedad de que se había sentido cómplice en Piéton de Paris (1939).

A partir del primer tomo de Poèmes (1905, v. Poesías), su obra poética, a través de Tancréde (1911), suavizó sus propias caden­cias en una prosa hecha de rebuscados mo­mentos y dócil a los anhelos de la conciencia y a los colores de la melancolía.

Des­tila entonces una especie de desconfianza hacia las cosas y los mundos inferiores, cuyas palpitaciones y grietas le descubren abismos (Haute solitude, 1914; Méandres, 1946). El poeta descansa en el cementerio de Montparnasse, no lejos de su colega Baudelaire, otro cantor de París.

S. Morando