Poeta uruguayo nació en Montevideo en 1875, murió en 1910. Sobrino del presidente Julio Herrera y Obes. Nació con una dolencia cardíaca congénita y este mal hizo su vida breve y angustiada: los remedios con que trataban de calmarlo dieron lugar a la leyenda de su pasión por las drogas heroicas; es cierto que su temperamento alucinado dio una buena ayuda a los que forjaron la leyenda.
De formación autodidáctica, su gusto selecto y su pasión por lo francés, su refinamiento y su enfermedad lo llevaron a un aislamiento que se concretó en una especie de encierro en su «Torre de los Panoramas», poco más que una buhardilla enclavada entre el cementerio y el puerto de la ciudad, lugar donde recibía a los amigos literarios dignos de tal nombre, a su juicio. Encerrado en sí mismo y convencido de su valía, miraba con desdén al vulgo, vocablo al que daba extensión desmesurada: «Dejad en paz a los dioses». A los veinticuatro años fundó el periódico literario La Revista. Se inició en la corriente romántica, pero pronto evolucionó hacia el modernismo, al influjo de Rubén Darío y Leopoldo Lugones, y se convirtió en una de sus grandes figuras, con la particularidad de que en su poesía se encuentra el germen de futuras escuelas (v. Poesías completas).
Dio algunas conferencias, nos dejó cartas, algo de prosa, intentos de teatro, pero Herrera y Reissig es ante todo y sobre todo un poeta modernista con características de precursor dentro del propio modernismo, lo que explica que su estimación lírica haya crecido sobremanera en estas últimas décadas.
J. Sapiña

