Jules-Émile Massenet

Nació el 12 de mayo de 1842 en Montaud (Loira) y murió el 13 de agosto de 1912 en París. Recibió de su madre las primeras lecciones de piano. Admitido en 1851 en el Conservatorio de la capital, estudió armonía con Bazin y Reber, y posteriormente fue discípulo de Thomas en la composición. Esta época escolar resultóle más bien triste e inquieta y se vio amargada por la pobreza. En 1863 obtuvo el Premio de Roma con la cantata David Rizzio; en realidad, inició su ferviente actividad de artista en la capital italiana con la compo­sición de una obertura y una suite para orquesta, un Réquiem y el primer esbozo de un drama sacro en tres actos, Marie Magdeleine, que, representado en París en 1873, constituyó su auténtico éxito inicial y ma­nifestó ya las primeras características incon­fundibles de su estilo : la morbidez de ritmos y la belleza de matices. En tal obra definió Massenet su genuino mundo poético, al que, sin embargo, no se mantuvo siempre fiel. Y así, ya en Le roi de Lahore (1877, v.) y Hérodiade (1881, v.) el afán dramático fuerza algo excesivamente la expresión, la cual resulta a menudo tan llena de color que aparece situada en un plano meramente ornamental.

Manon Lescaut (v.), represen­tada en 1884, señala, en cambio, un retorno, rico en melancolía y ternura profundas, a las formas y motivos más peculiares del autor; de ahí el sorprendente éxito y la popularidad de la ópera en cuestión. Si­guieron El Cid (1885, v.), Esclarmonde (1889), Werther (1892, v. Las cuitas del joven Werther), Taïs (1894, v.), Sapho (1897), Cendrillon (1899, v. Cenicienta), Le jongleur de Notre-Dame (1902) y Don Qui­jote (1910, v. El Quijote). En 1878 Massenet había sucedido a François Bazin en la cátedra de composición del Conservatorio de París; entre sus discípulos figuraron Charpentier, G. Pierné, H. Rabaud, A. Bruneau y F. Schmitt. En 1896, empero, dejó la ense­ñanza para poderse dedicar más libremente a la composición. Se le deben veinticinco óperas, textos musicales para la escena, oratorios, ballets, piezas orquestales diversas (entre ellas las Scènes alsaciennes), algunos repertorios de composiciones líricas vocales y producciones para piano. A su muerte dejó terminadas tres óperas — Panurge, en dos actos; Cléopátre, en cuatro, y Amadis, asimismo en cuatro — que fueron represen­tadas respectivamente en 1913, 1914 y 1922. Lo mejor de su arte, fruto de una serena sensualidad expresada con exquisita elegan­cia formal o bien transfigurada en un des­mayo elegiaco, guarda intactas aún hoy su lozanía y sus atractivos de antaño.

V. Terenzio