Nacido el 2 de noviembre de 1808 en Saint-Sauveur-le-Vicomte (Cotentin) y m. el 23 de abril de 1889 en París.
Estudió leyes en Caen, donde estuvo influido temporalmente por las ideas liberales. Luego, establecido en la capital, vivió una existencia disipada, entre gustos aristocráticos y refinamientos al estilo de Byron (Du dandysme et de G. Brummel, 1845), y colaboró en varias revistas; tras la quiebra de una sociedad industrial que arruinó a su familia, hubo de ganarse la vida modestamente en el periodismo.
Orgulloso tanto de su pobreza como del tradicionalismo monárquico y de la intransigencia católica, censuró sarcásticamente a hombres y obras, cual un verdadero «connétable des lettres». Parte de sus ensayos y textos críticos fue reunida en tomos (Les prophètes du passé, 1851; Dixneuvième siècle, 1851-61; Les quarante médaillons de L’Académie française, 1863; Les ridicules du temps, 1883).
Aún vacilante en sus primeras novelas entre las influencias románticas, el documento realista y el «style artiste» de los Goncourt (L’amour impossible, 1841; El anillo de Aníbal, 1843, v.), su originalidad se va concretando a partir de Une vieille maîtresse (1849); una mezcla idéntica de sensualidad y religión informará sus obras sucesivas: L’ensorcelée (1854), El caballero Des Touches (1864, v.), Un cura casado (1865, v.), y los célebres cuentos reunidos en el volumen Las diabólicas (1874, v.), que fue condenado y recogido.
Barbey defendíase alegando querer únicamente «asustar al vicio con la descripción de escenas reales en todo su horror», y volvió sobre los mismos temas en Una historia sin nombre (1883, v.) y Ce qui ne meurt pas (1884). Dos mujeres le amaron: Mme. de Bouglon, católica ferviente que le curó del alcoholismo, y la atea Louise Reid, la cual le asistió con gran paciencia.
Léon Bloy hízole objeto de un verdadero culto. El favor del público aumentó en los últimos años, gracias a los simbolistas, quienes sobrevaloraron el mérito de las alucinantes iones que en sus páginas se manifiestan.
S. Morando

