Juan de Mal Lara

Nació en Sevilla, se­gún algunos críticos en 1524, o, para otros, en 1525, 1527 o, incluso, 1542; murió en la misma ciudad en 1571. Las noticias biográ­ficas acerca de este autor proceden casi exclusivamente de elementos esparcidos por su obra. Gracias a ellos sabemos que la for­mación humanística de este maestro de la cultura tuvo lugar en la célebre Universi­dad de Salamanca, a donde se trasladó, luego de haber emprendido en su ciudad natal los primeros estudios de latín y grie­go, con el cardenal fray Jofre de Loaisa, arzobispo de Sevilla. Estudió en varias uni­versidades. De Salamanca pasó a Alcalá, y de allí a Barcelona, donde fue discípulo de Francisco de Escobar; tras su permanencia en esta ciudad llegó a maestro y preceptor del barón de la Laguna. En 1547 marchó a Zaragoza, y en 1548 otra vez a Salaman­ca, donde siguió las lecciones de Hernán Núñez y mantuvo una estrecha amistad con León de Castro. Este mismo año asistió a un curso de arte en Sevilla, ciudad en la cual se estableció definitivamente y enseñó la doctrina humanística recibida a través de sus largos estudios.

La influencia de nues­tro autor en la formación de la escuela fue de gran importancia; en torno a él de­bieron de gravitar los ingenios más ilustres de la época: Francisco de Medina, Diego Girón, Francisco de Ribera, Alemán y Mos­quera de Figueroa fueron discípulos suyos. Mantuvo estrechas relaciones con Herrera el Divino, en quien no dejó de influir su cultura humanística. La escuela de Mal Lara contribuyó, dentro del ambiente literario, al esplendor de la vida sevillana, entonces en su apogeo. El mejor testimonio del ta­lento y de la sensibilidad de humanista de M. es, sin duda, La filosofía vulgar (v.), obra en la cual se vincula casi exclusiva­mente su celebridad. Escribió, además, com­posiciones poéticas en latín y castellano; junto a la tragedia Absalón, la comedia Lacusta y las églogas Narciso y Laurea cabe mencionar, entre otros textos, los poemas Los trabajos de Hércules, La muerte de Orfeo, El martirio de las santas Justa y Rufina y La hermosa Psyche.

G. Bellini