Juan Clemente Zenea

Nació en Bayamo en 1832 y murió en La Habana el 25 de agosto de 1871. Mulato, manifestó desde muy joven sus aficiones literarias y por la inde­pendencia de su país. Colaborador en diver­sas publicaciones, en 1852 se vio obligado a marchar de Cuba por sus artículos en el periódico clandestino La voz del pueblo; condenado a muerte se acogió a la amnistía del 54 y de nuevo en La Habana funda la Revista Habanera. Por esta época contrajo matrimonio, pero cansado de la lentitud del proceso de emancipación cubana pasó a Nue­va York y de allí a Méjico donde colabora en el Diario oficial. En Méjico le sorprendió la noticia de la revolución de Yara, toman­do desde entonces parte activa. De nuevo en La Habana, vuelve a Nueva York, donde re­dacta el órgano de los revolucionarios cu­banos La Revolución.

Varias veces intenta sin éxito desembarcar en Cuba, pero ha­biendo aceptado una invitación española para negociar con los rebeldes, en Cuba se entrevista con Céspedes; cerca de la costa donde debía reembarcar fue detenido por un destacamento realista y llevado al cas­tillo de La Habana donde al cabo de ocho meses de prisión fue fusilado en «el foso de los laureles». Además de su amplia pro­ducción periodística y en la enseñanza (en el colegio de El Salvador de Luz y Caba­llero), nos dejó en prosa sus obras Lejos de la patria, Memorias de un joven y Las revo­luciones de Cuba, publicado sólo en su pri­mera parte; Jaquelina y Reginaldo y el estudio Sobre la literatura de los Estados Unidos.

Pero lo más exquesito de su pro­ducción es la poesía; Zenea es el mayor poeta elegiaco cubano, vehemente y sensible, in­funde a sus versos el ambiente servil, triste y nebuloso de los lejanos días coloniales, cruzados por las imprecaciones de los rebel­des y de los altivos. Patriota insobornable En días de esclavitud, nos deja un modelo de poesía política, altiva, noble, viril, llena del espíritu en que inflamó el ánimo del pasado cubano. Culminación de su personalísima poesía elegiaca es El diario de un mártir, escrito ya en prisión y publicado por Piñeyro en Nueva York. Entre sus mejores poemas está Fidelia, intrépida evocación amorosa en tono baladesco. En su vida sólo publicó sus primeros poemas Cantos de la tarde. En 1909 apareció la Nueva colección de Poesías, conteniendo lo más selecto de su producción (v. Poesías).