Poeta y jesuita ecuatoriano, n. en Daule en 1725 y m. en 1786. Es una de las figuras líricas singulares de Hispanoamérica en el siglo XVIII.
Apenas conocido hasta que Juan María Gutiérrez, Gonzalo Zaldumbide y Emilio Carilla fijaron su atención en la escasa producción poética que nos legó, representa una proyección más del culteranismo en América, aunque no es solamente Góngora el que influye en sus versos.
Una de sus más interesantes poesías es la Carta a Lizardo (v.). La influencia de Cetina y de Calderón es palmaria en otros trabajos suyos. Entre sus composiciones, la crítica cita el Soneto moral y el Canto a Luzbel; pero en la producción poética de este ilustre jesuita figuran madrigales, epigramas, poemas religiosos y descriptivos.
Orador arrebatado y elocuente, logró con su cálido verbo apaciguar en 1775 a los quiteños amotinados con motivo de los impuestos aduaneros; gozó de muchas simpatías en su país y tuvo que abandonarlo a raíz de la expulsión de los jesuitas (1776).
Vivió hasta su muerte en Italia (Rávena, Ferrara, Roma, Tívoli), donde llegó a ser consejero del obispo de Tívoli, quien después fue papa con el nombre de Pío VII. Sus poemas están recogidos en el volumen tercero de la Colección de Clásicos Ecuatorianos, precedidos de un interesante estudio de Gonzalo Zaldumbide.
J. Sapiña

